En el curso de su debut, Blanca Millán ya sabe lo que es jugar una final y estar entre las mejores novatas de su conferencia. Uno de los gurús del baloncesto, John Wooden, decía que «ganar requiere talento, repetirlo requiere carácter». Y otro de los nombres propios en caja alta del universo de la canasta, Michael Jordan, apunta otro matiz: «El talento gana juegos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos».

Son reflexiones que probablemente podría hacer suyas Blanca Millán (Compostela, 1998), a la que le ha faltado muy poco para ganar su primer campeonato en la temporada de su estreno en la liga universitaria americana, en las filas de las Black Bears de Maine. Solo cedieron en la final, ante Albany.


Lejos de desempeñar un papel testimonial, ha ido ganando minutos y cuotas de protagonismo en el equipo, por encima de las expectativas con las que inició su singladura. Incluso las suyas: «Llegué pensando que como novata apenas jugaría y, sin embargo, trabajando mucho, he tenido muchos minutos en los encuentros preparatorios hasta llegar a ser titular y en los partidos de la conferencia he asumido un papel importante dentro del grupo. Hemos crecido como equipo y eso nos ha llevado hasta la final y ese esfuerzo colectivo, del cuerpo técnico y jugadoras, ha hecho posible que sea reconocida a nivel individual pues, con gran sorpresa, he sido elegida integrante del quinteto ideal de novatas de la conferencia y del quinteto ideal del torneo de la final, premios por los que estoy muy emocionada y muy agradecida. Pero los cambiaría ahora mismo por nuestro primer anillo. Es por ello que quiero agradecer a mis compañeras y mis entrenadoras todo el apoyo en esta temporada, cuando estás lejos de los tuyos, es fundamental tener cerca a personas que te escuchen, te aconsejen y te apoyen, aunque por supuesto mis padres y mi hermana siempre están al otro lado del teléfono, eso sí, a veces en distinto horario»

Deporte y estudios

De momento, se muestra muy satisfecha con su primer año en la Universidad de Maine, porque está cumpliendo el objetivo que le animó a dar el salto al otro lado del Atlántico: «Me permite compatibilizar jugar a un alto nivel con los estudios, y eso es muy importante para mí». Advierte de que las exigencias académicas son las mismas que para el resto de los alumnos, pero con una particularidad: «Tenemos iguales tareas que los demás estudiantes, pero organizadas de diferente manera y con menos tiempo debido a nuestros entrenamientos y viajes».

De cara al futuro, prefiere no hacer grandes planes, aunque no oculta un sueño: «La WNBA sería lo más». Entre tanto se centra en las Black Bears y en su carrera «entre medicina y fisioterapia» que algún día espera «ejercer a nivel baloncesto o deportivo».

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