Blanca Millán (Compostela, 1998), la mejor jugadora gallega de baloncesto de su generación, no deja de crecer en el equipo de las Black Bears de Maine, en la liga universitaria americana. En el segundo partido de la temporada, frente a Harvard, anotó doce de sus trece tiros de campo, incluidos cuatro triples sin error. Solo falló uno, por muy poco, ya que el balón hizo la corbata en el aro. Hizo historia. Ese 12 de 13 es ya el mejor porcentaje de una jugadora de Maine en todos los tiempos y supera un récord que databa de diciembre del 2005, cuando Katie Whittier convirtió once de sus doce tiros en un partido frente a Carolina del Norte.

Esta muesca se añade a un expediente que también recoge éxitos en la campaña de su debut, en la que fue ganando cuotas de protagonismo hasta ser elegida en el mejor quinteto de novatas de la conferencia y en el mejor cinco del torneo de la final. Y todo eso a pesar de que buena parte del curso lo disputó con molestias en la rodilla, que le obligaron a pasar por el quirófano en el mes de abril.

Lesión superada

La recuperación fue óptima y en verano no dejó de trabajar, en su puesta a punto y en su deseo de progresar, porque una de las cualidades que siempre la han definido es su determinación infinita por mejorar. En su primer año notó el cambio, le costó coger el ritmo del equipo. En el segundo, llegó con muchas horas de gimnasio y pista adelantadas.

Blanca Millán lideró el triunfo ante la Universidad de Harvard y es ya una de las referentes del equipo, muy renovado respecto al del pasado curso. Entre las jugadoras que han causada baja están las otras dos españolas que iniciaron la singladura con ella: Laia Solé y Naira Cáceres. Las dos optaron por cambiar de Universidad, a pesar de que eso les supone pasar este año en blanco, por imperativo de las normas que regulan el campeonato. No es fácil llegar y, menos todavía, mantenerse.

Perímetro

En su etapa en el Peleteiro Blanca Millán podía desenvolverse en las cinco posiciones. En Maine su demarcación habitual es la de tres, pero también hace gala de la polivalencia. A veces juega como dos. Ante Harvard, incluso disputó un par de minutos como cuatro. Y si por necesidades tiene que adaptarse al puesto de base, lo hace. Pero ahora su hábitat natural está en el perímetro.

Cuando estaba en el Peleteiro soñó con ser internacional en categorías de base. Y lo consiguió. También veía como un reto hacerse un hueco en la liga universitaria americana, y allí está. No ha dejado de ir subiendo el listón, paso a paso. Y el salto a la competición profesional, en un futuro que ya no parece tan lejano, sigue siendo grande. Pero se ve más cerca, está en el buen camino.
 
M.G. Reigosa
lavozdegalicia.es