Con el conquistado hace unos días son diez los campeonatos gallegos júnior que se ha adjudicado de manera consecutiva el Celta de baloncesto. El equipo permanece intratable a nivel autonómico, ejerciendo un dominio en el baloncesto gallego que se traduce en que varias de las artífices tengan ya protagonismo y continuidad también en el primer equipo. Al frente, un técnico que también compagina ambos, Nacho Silva.

Asegura el preparador que una de las claves del éxito, aparte de la cultura del esfuerzo y el trabajo bien hecho, es no dejar que seguir ganando año tras año se convierta en una obligación. «Cuando ves que se va repitiendo está claro que es un mérito para el Celta, pero desde el club nunca se ha sentido como una exigencia ni hemos sentido ninguna presión por volver a conseguirlo», analiza.

La filosofía que rige a la entidad y que Silva tiene perfectamente interiorizada tras diez años en el organigrama del club es que la presión tiene que venir más adelante. «Hablamos de categoría júnior, al final no dejan de ser niñas. La presión deben tenerla las mayores», puntualiza. Las prioridades están claras, y si cumplirlas viene acompañado de éxitos como está siendo el caso, mejor. «Lo más importante tiene que ser que jueguen, que se diviertan y, eso sí, que aprendan a dar lo mejor de sí mismas y a hacerlo lo mejor posible», argumenta el entrenador.

El equipo que acaba de lograr el título a falta de dos jornadas está compuesto por cuatro júnior de primer año y cinco de segundo. Entre ellas se encuentran dos jugadoras que son a todos los efectos integrantes al mismo tiempo del primer equipo, caso de Ainhoa Lacorzana y de una de las grandes perlas de la cantera celeste, la internacional Raquel Carrera. Sin olvidar a otras como Carla, Nerea, Cris o Paula que han ido sumando, asimismo, minutos en Liga 2 y entrenan a las órdenes de Cristina Cantero prácticamente a diario, apunta Silva.

Ambos equipos funcionan «casi a la par», con un esquema de juego muy similar que facilita que las jugadoras se intercambien y que la adaptación se produzca de una manera natural y nada traumática cuando se da el salto al primer equipo. «Estamos muy unidos. Defendemos con la misma idea y también tenemos una forma parecida de atacar. Así las pequeñas se sienten más cómodas cuando empiezan a entrar en el primer equipo y compaginarlos también se hace más sencillo», ahonda.

Para esas jugadoras consolidadas tampoco es ningún paso atrás echar una mano en el júnior, al contrario. «Les gusta y les motiva también estar ahí con las compañeras y poder aportar, seguir viviendo experiencias parecidas, pero con gente de su edad», explica.

Silva no se atreve a hacer una estimación de cuántas generaciones o jugadoras diferentes se han proclamado campeonas en estos diez años. Sí destaca que entre ellas hay nombres como Tamara Abalde o Alba Torrens, ambas luego internacionales absolutas y que fueron campeonas de España vestidas de celeste. En unas semanas volverán a intentarlo. «Son palabras mayores, pero el club está compitiendo cada vez mejor y vamos con ilusión. ¡A ver qué pasa!».

M.V.F.
lavozdegalicia.es