RobertoIñiguez FIBA¿Qué hace en Montenegro?: Mucha gente cercana me lo pregunta. Me dicen «Pero que haces allí? Estás jugando finales de Euroliga o compitiendo para ganar la liga en Turquía, en Rusia o, como ahora, en Hungría ... ». Pero yo no entreno en cualquier lugar, en cada lugar donde voy lo hago por algo.

Deben pensar que es por dinero.

Sí, sí. Creen que estoy aquí por dinero y si supieran lo que gano reirían ... A Montenegro lo que tengo es un pequeño reto para la generación de jugadoras que había en la selección han ido plegando, excepto Jelena Dubljevic, y detrás de él había un gran vacío. Estoy trabajando con jugadoras, ayudando también a organizar las categorías inferiores, y marcharé cuando pueda estar tranquilo que dejo a la Federación un trabajo que ellos podrán continuar solos.

¿Y todo esto por qué?

Pues porque me siento muy bien tratado cada vez que vengo aquí a Montenegro, muy respetado como entrenador y porque veo que, dentro de sus límites, me dan todo lo que pueden.

Sopron también era un reto?

A Sopron es el primer lugar donde firmo un contrato largo. Siempre había firmado año a año, pero después de dos años en Rusia en Sopron me ofrecieron un proyecto con gente joven como Salvadores, como Crvendakic y un par de jugadoras húngaras. Esto es lo que me convenció. La idea era construir un equipo, conseguir que estas jugadoras mejoraran y competir en la Euroliga. El tema en Sopron, sin embargo, es que hemos hecho en un año el trabajo que yo creía que haríamos con dos o tres.

Leí que definían la trayectoria del Sopron hasta la final de la Euroliga como un «cuento de hadas». Todo el mundo veía sólo equipos rusos o turcos en la final. Y le llegó uno de húngaro.

Cuando ha terminado la temporada he tenido que parar, mirar atrás lo que habíamos hecho y pensar como teníamos que seguir. En cuanto a los resultados ha sido una sorpresa como ha ido el año. Incluso para mí. Tenía claro el trabajo que quería hacer, pero los resultados han llegado antes de lo que me esperaba.

Ahora tendrá un problema: el año que viene el Sopron deberá volver a llegar muy lejos.

Será un problema para quien se haga estas expectativas. Yo sólo pienso en el trabajo que tengo que hacer mañana. No me pondré a pensar que Sopron debe volver a ser finalista de la Euroliga, porque conozco la realidad de Sopron. Somos uno de los presupuestos más bajos de la Euroliga, si miras los 16 equipos seguro que el presupuesto de Sopron está entre el 10 y el 16. A mí sólo me preocupa seguir trabajando bien. Lo más importante es la mejora de las jugadoras.

Insiste a trabajar para mejorar jugadoras, pero a la larga todo el mundo quiere ganar partidos. ¿Son dos objetivos compatibles?

Esto es el pez que se muerde la cola. Si, desde el principio, tu objetivo es sólo ganar partidos posiblemente acabes perdiendo; si tu objetivo es mejorar las jugadoras posiblemente cada vez juegues mejor y si juegas mejor al final ganarás partidos. Es una norma muy sencilla. El problema es que los entrenadores nos equivocamos escogiendo el camino corto. A mí me había pasado cuando tenía menos experiencia que ahora, porque el baloncesto es A, B, C ... y nos equivocamos cuando queremos pasar directamente de la A a la C. Y escoger este camino rápido es lo que nos acaba matando, porque al final echaremos de menos cosas básicas que nos hemos dejado por el camino. El baloncesto es un juego sencillo, pero lo más complicado es hacerlo sencillo.

Esto está muy bien, pero en las últimas semanas he visto como se hablaba mucho de Roberto Íñiguez porque el Sopron ha sido finalista de la Euroliga. Y, en cambio, hace un año su nombre sonó mucho menos después de que el Orenburg se quedara fuera de la Final Four. Lo que decíamos de los resultados ...

Tuve una discusión enorme en directo con la Cadena Ser de Vitoria, porque ellos me felicitaban por jugar la final de Euroliga. Y yo les decía que mi temporada anterior a Orenburg fue igual o mejor que esta con la puñetera diferencia de un partido. Un solo partido que fue el tercero del play-off de los cuartos de final de la Euroliga, contra el Praga, que tenía un gran equipo con Xargay, Palau, Dupree, Petrovic ... El perdimos porque se lesionaron Amanda Zahui y Tiffany Mitchell, que eran nuestras dos mejores jugadoras.

Un Orenburg que ya no era el de su primera temporada.

Después del primer año en Orenburg, el club tuvo que cambiar siete jugadores para que se fueron a otros clubes que les pagaban más dinero. Reconstruimos el equipo y nos pusimos en el play-off de la Euroliga donde tuvimos la desgracia de las lesiones, pero nadie habla de mi segundo año en Orenburg. Sólo el primer, en que jugué la final de la Euroliga con Bonner, McBryde, Anna Cruz ... o de estos dos años en Sopron. Pero, para mí, como trabajo y juego de equipo ha sido igual o mejor que los dos años en los que he llegado a la final de la Euroliga o los de Fenerbahce.

Insisto: resultados.

Al final llegas a la conclusión de que, para el entorno, el concepto de éxito significa ganar. Y yo lo entiendo, pero para mí tiene que ser diferente. Éxito es encontrarme una jugadora como Anna Cruz, Silvia Domínguez, Cappie Pondexter o, en futuro, Aleksandra Crvendakic, y que me digan que los hice ganar dinero, que mejoré su carrera o que les ayudar a mejorar como jugadoras. Al final eso es lo que queda y es realmente importante

Hablando de días que «quedan». Vi que recordaba a las redes el tercer aniversario de su título con el Uni Girona.

Es que fue un día muy especial. Recuerdo mucho ese día, especialmente por cómo disfrutaron gente que aprecio mucho como Pedro (Puig), Vicenç (Bordas) o el presidente (Lorenzo Biargé). Fue una alegría muy grande y la verdad es que a menudo vuelvo a mirar el vídeo de Fontajau lleno. Ganar es bonito por eso y no por tener títulos.

En Girona el club también ha seguido mejorando. ¿Se debería haber imaginado en aquella época que el Uni pudiera fichar Laia Palau?

No, lo reconozco. Ha sido una sorpresa. Laia vino a Sopron en el último partido de la liga regular de la Euroliga con el Bourges y estuve hablando con ella. Después de aquella conversación me quedó la sensación de que se quería retirar y empezar a pensar como entrenadora, porque me habló de venir la próxima temporada a ver cómo trabajaba y ayudarme. Pero esta oportunidad que le ha salido en Girona es muy buena.

¿Han vuelto a hablar?

Cuando lo supe la felicité. A ella y a Pedro (Puig), para que ésta será un de aquellas relaciones donde ganan las dos partes. Que siempre son las mejores. Laia puede volver a casa y empezar a pensar en dejar el baloncesto, pero en casa con calma ayudando el club y en una tierra que ella ama; y para la Uni porque contará con una jugadora internacional con muchos años de experiencia. Con Laia y Nuria (Martínez), Girona tendrá la posición de base más cubierta que, tal vez, algunos equipos de Euroliga

Marc Verdaguer

diaridegirona.cat

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* foto: Fiba Europe