LaiaPalau lesportiucatSu palmarés es más largo que un día sin pan. Habiéndolo ganado casi todo -títulos europeos y plata mundial y olímpica con la selección española; y Euroligas, además de ligas y copas por todas partes-,

Laia Palau (Barcelona, ​​10-9-1979) mantiene el fuego competitivo más vivo que nunca. Su nueva parada es Girona, donde intenta poner este año su grano de arena para romper la hegemonía del Avenida en las competiciones FEB. En una conversación reposada en la plaza de Santo Domingo, reflexiona sobre el presente y también el futuro.

Ha vuelto a Cataluña después de 14 años fuera. Como es la readaptación en casa?

El aterrizaje fue forzoso. Venía de un mundial con una alta carga emocional porque lo jugábamos en Tenerife. Ser anfitrión llevaba implícita más responsabilidad. Queríamos que saliera todo bien y el bronce fue fantástico, una gran recompensa. Pero llegué a Girona y no tuve tiempo ni de celebrarlo. Directas a competir.

Una adaptación al Spar CITYLIFT a marchas forzadas.

Entrar en un lugar nuevo siempre es complicado, y más para mí, que hago un baloncesto muy particular. En la selección española, todas nos conocemos hace mucho y los mecanismos están automatizados. Aquí he tenido que vivir mi proceso, hacerme mio el equipo. Ver como juega una, la otra, y situarme. Piensa que la temporada pasada para mí, entre Australia y el Bourges, fue una locura, me desgastó mucho y no tenía energía para volver a coger la maleta e ir al extranjero. Necesitaba un ambiente cómodo para mí y Girona lo es. Porque puedo hablar en catalán y tengo mi gente cerca.

Y ya ha hecho suyo el equipo?

Sí, hace unos días que he cambiado el chip, me encuentro muy a gusto. Más que nada, necesitaba saber cómo eran las compañeras, saber cada que puede aportar a la otra. Conocía ya Nuria [Martínez] y Shay [Murphy]; sé de su calidad y lo que pueden ofrecer. En el resto, lo hemos ido haciendo sobre la marcha, al igual que con Eric [Surís]. Creo que el equipo tiene jugadoras de muy primera línea y, si continuamos en el camino que hemos adquirido en las últimas semanas, podemos ser un equipo de nivel de Euroliga.

¿Qué le parece el nivel actual de la Liga Femenina?

Hay mucha diferencia respecto a mi etapa con el Ros. En los últimos años, no he seguido mucho, la competición, más allá de las finales entre el Avenida y el Girona. Y veía dos buenos equipos. Pero el nivel medio y de calidad de las jugadoras ha bajado. Antes las americanas que venían aquí eran las WNBA, las diferenciales, y ahora no es así. Hay muchas extranjeras, pero muchas son rookies o no marcan las diferencias.

El paro por la ventana de selecciones ayudó para que el Spar CITYLIFT creciera?

Yo lo trasladaría un poco antes, después de la derrota en la Seu de Urgell. Allí hubo un bache y nos hizo reaccionar. A veces se dice como tópico que las derrotas son útiles. En este caso lo fue. El lunes después del partido llegamos al entrenamiento dispuestas a encontrar soluciones, sobre todo en defensa. Y hemos dado un paso en este sentido. Al Avenida, las ganamos porque estuvimos al máximo: poniendo manos, superactivas. Esto te permite picar balones y anotar canastas fáciles. Contra ellas, con su capacidad física, no podemos plantear un partido de 5×5, de tú a tú, porque sufrimos mucho. Ese día, ellas no sabían ni dónde estaban.

Aquel 79-53 del 16 de diciembre contra el Avenida qué efectos puede tener en el futuro?

Aquel partido es un regalo; no se volverá a repetir porque todo salió redondo y las destrozamos. Para ellas, es una ostia importante, pero que nadie piense que esto será ahora siempre así. Son un grandísimo equipo y ahora están avisadas. Ahora bien, un triunfo así nos refuerza, a nosotros, el club y la afición. A partir de ahora, todos creerán un poco más que eso puede pasar. Incluso yo misma estoy un poco en paz conmigo misma, con lo que he venido a hacer aquí. Sé que no hemos ganado nada y éste no era el partido importante, lo que da títulos, pero supone un cambio respecto a lo que había pasado últimamente. Y, la satisfacción de haberlo hecho y como lo hemos hecho, ya no nos la quita nadie. De aquí a ganar finales o eliminatorias contra ellas, hay un mundo. No olvidemos que el único título que nos hemos jugado, la supercopa, se lo llevaron ellas.

Ve así la distancia entre los dos equipos todavía ahora?

El Avenida tiene un recorrido como club que el Uni Girona todavía no tiene, y esto es algo que tiene su peso. Cuando jugaba con el Ros, ellas ya eran el enemigo público número 1. Tuvieron una época muy dorada, con el título de la Euroliga, y han dado continuidad. Han ganado mucho y estas dinámicas ganadoras siempre generan una mentalidad ganadora, que ayuda en las finales. Romper esto no es fácil, pero ya hemos dado un paso.

El aficionado gerundense ha reforzado la idea de que esta temporada sí se puede ganar un título.

Lo hablé con el presidente, en Cayetano [Pérez], después de ganar la Avenida. Estaba eufórico, pero le dije: “No te flipes. Disfrutemos, pero queda mucho trabajo por hacer. “Hay muchos partidos por jugar y somos ocho jugadoras. Es una plantilla muy corta para competir con garantías en las dos competiciones.

Es indispensable un refuerzo?

Evidentemente. Con Bea [Sánchez] es mejor no contar con ella, dejarla que se recupere bien. El club sabe que hace falta este refuerzo y está trabajando, pero el mercado está como está y si viene alguien también se debe tener claro que no puede ser cualquiera. Debe tener calidad. Nos permitiría también entrenar mejor y nos daría mucho aire en la rotación. Piensa que somos ocho y jugadoras como yo, Nuria o Shay sabemos competir, pero somos veteranas.

Deben ir regulando?

No podemos. Aunque el nivel de la Liga Femenina haya bajado, nosotros no podemos ir de sobradas en ningún partido. Somos ocho! Si una decidiera tomarse el día libre y rascarse la barriga en algún partido, tendríamos problemas. Aquí no puede fallar nadie en ningún partido porque no podemos hacer rotaciones. No sabemos ni qué es esto! [Risas].

Hace dos años dijo que dejaba el baloncesto de élite y lo reconsideró. En la actualidad, vive más que nunca el día a día?

Cuando tienes 25 o 26 años y una carrera delante, tienes unos objetivos claros, quieres ganar esto, lo otro … En mi caso, quería tener éxitos y no ser la mejor, sino la mejor versión de mí. Ahora ya no tengo este largo recorrido. No me puedo imaginar si dentro de tres o cuatro años jugaré aquí o en otro lugar. O no jugaré. No me atrevo ya a decir nada porque puede pasar de todo. La temporada pasada, entre Australia y el Bourges [Francia] quedé trinchada físicamente. Pero ahora estoy eufórica. Me encuentro bien físicamente, pero no nos engañemos, mi cuerpo paga un peaje cada vez que compite. Cuando tenga que tomar decisiones, escucharé a mi cuerpo, calibraré mi motivación. Si no estás al máximo de todo, no tiene mucho sentido. Sería absurdo. Pero ahora sigo disfrutando igual que el primer día.

La palabra ‘retirada’ da miedo a un deportista profesional?

Yo ya hace cinco o seis años que digo que me retiro, y sigo aquí. Da miedo y cualquiera que diga que no, no me lo creeré. Es más de media vida dedicándose a esto, siendo profesional, y cambiar de repente no es algo que se haga de un día para otro. El baloncesto define toda mi vida: dormir, la nutrición … Son muchas más cosas que meter la pelotita dentro de una cesta. De hecho, yo estoy trabajando desde hace un tiempo con una psicóloga para acompañarme en este último tramo porque lo considero superimportante. En la retirada, pienso bastante. Cada día, si me haces hablar, y desde hace mucho tiempo. Es una disyuntiva muy difícil. Es jugar o no jugar, el blanco o el negro.

Tiene claro qué hará el día después de colgar las zapatillas?

En absoluto. A mí me gusta mucho mi trabajo y el mundo del baloncesto en general. Pero dudo. Tengo una especie de lucha interna. No sé si pasaré de todo porque hay muchas otras cosas en el mundo que me generan inquietud más allá del baloncesto y que he tenido que sacrificar para ser profesional o si seguiré de alguna manera ligada.

Estudió educación social.

Pero no lo he terminado. Hice trabajos en prisiones y centros de salud mental y me interesó mucho. Y vincular el baloncesto con el tema social, educativo, es atractivo. Ahora bien, el baloncesto que yo conozco es el de élite, lo que no tiene medias tintas. O vales o no vales. En este mundo conozco mucha gente y me vería también entrenando, gestionando o incluso siendo agente para acompañar las jugadoras, aconsejarlas teniendo en cuenta toda tu experiencia. No lo sé.

No la inquieta esta indefinición en el día de hoy?

Muchísimo. Es un paso muy grande y, decida lo que decida, será una apuesta. A muchas ex compañeras, a pesar de tener claro qué querían hacer después de la retirada, no les fue fácil la transición. Necesitaron menos dos o tres años para resituarse. Yo tengo claro que tardaré más a reinventarme porque mis procesos siempre han sido lentos. Los cambios me cuestan; me cuestiono mucho. También por eso decidí venir a Girona. Para establecer un campo base, retomar contactos y visualizar el futuro.

Se ve como un referente?

Me gustaría serlo, pero no por los títulos o éxitos que haya podido acumular, que afortunadamente han sido muchos, sino por mi manera de jugar, por los valores que haya podido transmitir dentro de la pista. Creo que tengo un bagaje importante con tantísimos años en el primer nivel.

Ahora, una chica puede soñar ser profesional, pero hace dos décadas, no. Cuando decidió que se dedicaría al baloncesto?

Tuve una adolescencia bastante punk. Pero, a pesar de este carácter rebelde, las horas de entrenamiento eran sagradas. Y el compromiso que tenía para ir a jugar a baloncesto pasaba por encima de todo, incluso por encima de las xibecas que iban a hacer mis amigos punks en la plaza de Sants. No era algo que pensara conscientemente, simplemente lo hacía porque disfrutaba. Y las etapas se fueron sucediendo: la selección catalana, la española, subir al primer equipo, después te pagan 25.000 pesetas por Navidad … Hasta que entró Carmen Lluveras en mi vida y me dijo, cuando tenía 20 años y jugaba en el Barça: “Niña, esto será tu trabajo. Tienes que dedicarte al máximo. “

Un choque?

El gran choque fue cuando me fui por primera vez en el extranjero. Entonces, sin tu gente y tu vida de siempre cerca, es cuando entiendes que supone ser profesional del baloncesto. Todos los sacrificios que tienes que hacer.

Como ve en la actualidad el baloncesto femenino?

He vivido el proceso de profesionalización y todo ha cambiado mucho. Quizás Íngrid Pons o Betty Cebrián ya deberían haber cobrado, pero todo era semiamateur. Y de referentes no había. Si pasaban un partido al año por televisión era fantástico! Ahora todas las jugadoras saben quién es todo el mundo, ven partidos de todas partes. Y, desde mi punto de vista, es raro porque nunca he estado pendiente de lo que hacían jugadoras de otras ligas. No crecimos con este acceso a la información que hay ahora. Y en el ámbito de selección española es evidente que la FEB ha apostado por nosotros, equiparándose con los chicos en cuanto a hoteles y desplazamientos. Y, después, el hecho de tener una buena generación ha permitido tener muchos éxitos.

Son suficientes estos pasos adelante que se han hecho?

Esta obsesión para comparar hombres y mujeres, no la entiendo ni la comparto. Yo he tenido la suerte que he ganado un montón de títulos y medallas en grandes campeonatos, pero no comparo mi trayectoria con el mundo global, sino en cómo estaba todo cuando empecé. He visto mucho progreso. En todo. En Girona, no jugamos Euroliga, pero no me falta nada. Tengo un buen cuerpo técnico, con un preparador físico, fisioterapeuta, gente a mi disposición para hacer bien mi trabajo. Antes no había nada, ni fisio. A mí nadie me ha impedido hacer mi trabajo y ser mujer. No comparto el discurso feminista de, si fuera un tío, cobraría más. Pero es que no soy un tío! Tengo muy claro cómo está montada la sociedad y está mal montada. Y esto no ser hombre o mujer. Todo no se valora de la misma manera. Se valora el glamour, las nuevas estrellas de Beverly Hills y la sociedad pone en un pedestal algunos deportistas y otros, que se parten igual el culo cada día por su deporte, están en el anonimato.

Esto se puede cambiar?

No es imposible de cambiar. Por ejemplo, yo misma hago muchas más entrevistas ahora. Antes simplemente jugaba a baloncesto y ahora tengo que gestionar una agenda. Supongo que la capitanía de la selección española me ha permitido estar en el foco, pero como a mí también les pasa a otras jugadoras. En mi vida, nunca imaginé que iría al programa del Buenafuente o de Broncano. En este sentido, creo que cada día se va avanzando.

Ni Twitter ni Facebook y escasa visibilidad en las redes sociales. ¿Por qué?

Intento mantenerme al margen, aunque vaya en contra de nuestra voluntad de visibilidad. Para los Juegos de Río, me hice Instagram. Aparte de buscar la medalla, tenía la intención de conocer mucha gente y me lo hice para estar conectada como lo hace la gente hoy. Pero lo tengo totalmente abandonado. Yo, con el WhatsApp, tengo bastante. No me interesa ni me gusta que alguien que no conozco pueda saber lo que hago. Mi privacidad me pertenece y ya tengo una red suficientemente grande de amigos y conocidos. Además, creo que se pierde mucho tiempo con las redes sociales y, este espacio de tiempo vacío, prefiero rellenarlo y dedicarlo a otras cosas, inquietudes como la lectura.

Ahora que está en Cataluña, como vive y ve la situación del país?

Todos los hechos del 1 de octubre los viví más intensamente desde Australia, entonces estaba jugando allí, que ahora que estoy aquí. Quizás porque la movilización tan bestial que hubo ese día no se ha repetido más. La situación es complicada, con posiciones enfrentadas y pocos grises. Creo que se trata de un tema político, en el que unos y otros han de dar un paso adelante y negociar por el bien común de todos.

1. Un partido inolvidable.

Hay muchos, pero por encima de todo te diría la semifinal de los Juegos de Río contra Serbia. Era la puerta hacia la medalla e hicimos una demostración de equipo grande, ganando con autoridad. También los títulos europeos de 2013 y 2017 contra Francia, con la selección española, los tengo muy presentes.

2.Un título o un éxito soñado.

La plata en los Juegos Olímpicos [Rio, 2016]. Siempre lo diré, es una competición con una esencia única.

3.Un cinco ideal entre ex compañeras de equipo o selección.

Te diría que Marta Xargay, Anna Cruz, Silvia Domínguez, Alba Torrens y Sancho Lyttle. Tenemos una manera similar de entender el baloncesto. También destacaría Tornikidou, con quien coincidí en el Ros. Tenía 42 años y jugaba a un nivel altísimo. Decía: “¿Cómo hace esta tía para continuar así?”

4.El mejor jugador o jugadora de la historia.

Michael Jordan.

5.La rival con el que has sufrido más.

Diana Taurasi, sin duda.

6.El último libro que has leído.

Estoy leyendo ‘Patria’, de Aramburu. Lo recomiendo porque es una visión del conflicto de ETA que te da información, y de los dos lados. También recomendaría ‘Permafrost’, de Eva Baltasar, un libro sin rodeos. Es de las primeras mujeres que escribe sobre la homosexualidad sin pena ni reivindicación, sino con naturalidad. Con voz de mujer y desde la mujer. Sin ningún tipo de etiqueta.

7.Una canción para concentrarse en el calentamiento.

Ya no necesito. La música que escucho no es marchosa, pero me activan la mente. Al menos a mí. Ahora estamos inundados de reggaeton, y qué quieres que te diga, no me apasiona. Julia [Reisingerova] a veces quiere hacer playlist para los partidos y le dije “Do not stop me now”, de Queen. El mensaje de la canción se adapta a mí.

8.Un técnico que le haya marcado.

Es imposible que diga uno. De todos he aprendido de una manera u otra, y en todos he vivido momentos especiales. Desde Carmen Lluveras hasta Lucas Mondelo pasando por Roberto Íñiguez y muchos y muchos otros.

9.El momento más duro.

He tenido la suerte de que no me he lesionado nunca y casi siempre he estado en equipos ganadores. Las derrotas, las gestiono mal, pero por suerte ha habido pocas. Quizás lo más duro fue el verano después de la desaparición del Ros. No sabía qué haría. Y firmé el contrato en Polonia llorando [Polkowice, 2012/13]. No quería ir allí y, por primera vez en mi carrera, no había elegido mi destino. Pero acabaría siendo un año increíble, de puta madre.

10.Un referente.

Soy cero mitómana, pero eso no quita que sienta un gran respeto por gente que haga increíblemente bien su trabajo. Por ejemplo, el Messi. Me fascina gente como él, virtuosos y que son capaces de hacer mejores a los demás. Los involucran y disfrutan haciéndolo. Es maravilloso.

Jordi Prat
lesportiudecatalunya.cat
*Foto: Manel Lledó

Traducción: lagraderia.com