Es difícil juzgar con equidad mientras no vuelva a tener Spanou. De momento es un equipo que funciona a trompicones, más a partir de los estímulos emocionales que de la consistencia en el juego con balón, que si no es a campo abierto está más que verde. Cuando no tiene la pelota, es capaz de abrumar desde la defensa el mejor equipo defensivo de la liga, el Cadí. Sólo un rato. Porque todavía no están todas las que deberían ser? He aquí la duda, el dilema.

La realidad de ayer es, sin embargo, la cuarta derrota en cinco jornadas. Fue en un cara o cruz de nueve segundos, y Givens, con fuerzas justas (36 minutos) y quizás también confiando en que se pitaría falta, falló sin tiempo para el rebote de ataque. Desde el final del tercer cuarto (37-52) el equipo puso todo el corazón que tenía hasta el punto de que el equipo más acostumbrado a romper el rival desde el contacto y la agresividad sucumbía a la misma estrategia. Pero no fue suficiente.

Una última reflexión. El 11-0 final del tercer cuarto, la erección del equipo en el último periodo y la diferencia percibida en el trato arbitral fueron las chispas que encendieron Fontajau, tan incondicional al lado del equipo como elocuentemente silencioso en los dos primeros cuartos. Equipo y afición se alimentan. Si el equipo es plano, la grada calla, y hace falta una acción de rabia como la de Jordana arrancándole la pelota de las manos en Abalde y haciéndola ir por tierra para que se reaccione.

Dinamismo diferente

Tras un inicio sin muchos problemas para salir de la presión del Cadí (10-4), el equipo alturgellenc situó la defensa en el nivel adecuado y ni con dos grandes ni con cuatro pequeñas ni con la poca transición que permitía el rival, y ni mucho menos en cinco contra cinco, el Uni se salió (2-14 de parcial y 12-18). Hacía mucho tiempo que las gerundenses no se sentían fuera del partido en el primer cuarto. Coulibaly ya había hecho dos faltas en tres minutos -y no es ni el primero ni el segundo golpe que pasa- y Pikciute no gana la posición con la misma contundencia. Pero el problema era otro: los ataques del Uni no comenzaban -cuando comenzaban, que incluso hubo una violación de 5 segundos para servir de fondo- hasta el segundo 15 de posesión para que los siete u ocho primeros se gastaban cruzar media pista y los siete u ocho siguientes, a superar el 2 contra 1 del Cadí con una primera pasada, que no siempre tenía criterio.

El Spar volvió al partido intentando cambiar el ritmo con una defensa zonal y con las primeras latigazos de Givens anotando o asistiendo Coulibaly (del 15-25 al 25-29), que había vuelto para suturar la sangría del rebote defensivo. Lo consiguió en parte, pero quedaba la otra mitad del trabajo, plasmar en el resultado la superioridad en el juego interior de Pikciute y Coulibaly. El Cadí no tiene kilos en el poste bajo para detenerlas, pero tampoco se las buscó. El Uni salía mejor de la presión, pero no finalizaba, en parte porque la energía y el dinamismo del Cadí eran tan superiores que daban muchas oportunidades de corrección.

El arrebato al rescate

El momento más delicado fue en el tercer cuarto, y no con el 37-52 (2 + 1 de Torres a 02:46). Fue antes, cuando el Uni perdió tres ataques de manera lamentable: una bandeja fallo por Jordana (en un tres contra uno resuelto de manera pésima), una bandeja fallo por Givens (esta vez sin defensa) y una pérdida no forzada de Jordana. La realidad de la base, el alma del Uni, es de un agotamiento por sobreexplotación que reclama una solución. La que sea, o el equipo no irá a ninguna parte.

Y, a pesar de las tres pifias seguidas, Fontajau reaccionó con un gesto de apoyo inequívoco a un equipo sin pauta de comportamiento, que tenía suerte de que unos grandes minutos de Coulibaly detrás lo estaban rescatando. La maliense ponía energía y alguna pasada de quarterback para desequilibrar.

Pero con el 37-52 y la sensación de que la remontada era imposible, el equipo reaccionó tras un tiempo muerto. Volvió a morder presionando arriba -como había hecho de inicio- e igualando el nivel de contacto y de uso de las manos del Cadí, que, de manera sorprendente, no se sintió bien. Pero era una respuesta con el corazón, con el espíritu de Givens, Lucas -si el equipo necesitaba otra tiradora, aquí la tiene-, Knezevic -como se hace la serbia- y lo que le quedaba a Jordana.

Givens y Lucas lideran

Y así, jugando con cuatro pequeñas, el Uni volvió al partido (11-0 y 48-52), con un triple de Lucas para cerrar el cuarto. En el último, el Uni volvió a alternar defensas y forzó cinco pérdidas en el Cadí, que, por momentos, se sentía atropellado. Suerte tuvo de no deshacerse detrás en el cinco contra cinco. Givens empató (58-58) y el primer triple del Cadí en diez minutos (Romeo) y un rebote de ataque de Arrojo (58-63) lo enfriaban. El ataque gerundense pasaba todo por Givens y Lucas. Desde el 56-58 al final, 12 puntos de ellas dos, incluida el error final de Givens. Sin embargo, con Coulibaly sentada, casi ningún juego interior. Un dato: entre la maliense y Pikciute hicieron seis tiros, ninguno de ellos en la segunda mitad. Tal vez no es suficiente.
 
Toni Romero
FOTO: Jordi Ribot
lesportiudecatalunya.cat