La manera de ver el baloncesto de Miguel Ángel Ortega podrá gustar más o menos, pero nadie podrá negar al técnico de Hospitalet que es honrado haciendo su trabajo. Tiene unas ideas muy claras que pasan por el trabajo dentro y fuera de la pista. Lunes, por la noche, al día siguiente de la derrota ante el Cadí, cuando la junta de la Uni comenzó a debatir su posible destitución, él ya había hecho el entrenamiento del primer y el de un equipo de niñas pequeñas, para que un técnico de la base le había pedido una mano. Es transparente en su manera de ver el baloncesto y en la vida y, por ello, ayer, poco antes del partido contra el Castors, uno de los máximos responsables del club de Fontajau decía «espero que pueda levantar eso ganando hoy y el domingo haciendo que el equipo vaya hacia arriba, porque realmente es un buen tipo ».


Y el paso más difícil - ganar un partido de Euroliga con sólo siete desgastadas profesionales - ya está hecho para que el corazón de gente como Knezevic, Kuktiene, Givens o Pikctiute más el privilegiado muñeca de Noemí Jordana permitieron que el Uni ganara su segundo partido de esta Euroliga contra un Castores (76-69) muy poderoso físicamente con la veterana Wauters, Trahan-Davis y la ucraniana Logunov


Domingo, contra el Cadí, a Ortega y al Uni les escapó el partido para que las pirenaicas marcharon de quince puntos en el momento que ellas se pusieron en zona para descansar y poder tener aire hasta el final. Ayer, más allá de que el Uni tuvo siempre la gasolina de la Jordana más acertada de la temporada - «a veces se aparece la virgen», en palabras suyas- el técnico encontró la manera que los momentos de zona fueran más continuados a lo largo del partido y, sobre todo, Givens y Kuktiene cogieron la responsabilidad en otro de los posibles momentos críticos: el descanso de Noemí Jordana al inicio del último cuarto. La plantilla del Uni, en una clara demostración de que no desea la destitución del técnico, jugó con el mismo corazón que en buena parte de la segunda mitad del partido contra el Cadí. Pero, ayer, encima con bastante más acierto. Un tiro abierto de Kuktiene y dos contragolpes marca de la casa de Givens permitieron al Uni mantenerse seis puntos con la base de Torelló descansando en el banquillo (61-55).

Los triples de Castors estrecharon más el marcador en los últimos minutos, pero lo que no se conseguía con acierto (Givens falló cuatro tiros libres) se hacía con el deseo de coger el rebote ofensivo de Pikciute en segundos para terminar. Una posesión extra para el Uni que dio la oportunidad de que Mingo sentenciara desde el tiro libre la segunda victoria en la Euroliga.

Marc Verdaguer
foto: A. Resclosa