Es marca de la casa. Desde que se hizo cargo del equipo, Lino López ha apostado por la contratación de jugadoras con un perfil muy concreto y cuyas virtudes trasciendan el plano estrictamente deportivo. Evidentemente, se buscan baloncestistas de calidad pero, sobre todo, personas capaces de vincularse con el proyecto, dispuestas a depositar su confianza en el trabajo del técnico y, en definitiva, de asumir que la solvencia de un equipo con las limitaciones presupuestarias del Star Center Uni Ferrol solo puede emanar de su fortaleza como conjunto.

Pero una cosa son las palabras y otras los hechos. Y de estos últimos también puede presumir la entidad que preside Leopoldo Ibáñez. El cuadro ferrolano ha logrado retener a jugadoras que contaban con ofertas económicas más cuantiosas, pero que prefirieron seguir en la disciplina de un club que puede que pague menos pero, además de cumplir puntualmente con ellas, compensa esas carencias con un trabajo serio. “Las jugadoras ya mostraron el compromiso el pasado verano, cuando muchas decidieron quedarse, pero también en la ilusión, ganas y trabajo en el día a día”, valora Lino López.

Ese escenario idílico y la confianza del técnico ha permitido “explotar” desde hace temporadas a jugadoras como Cris Pedrals, Laura Quevedo o, esta misma campaña María Pérez Araújo; y que otras, como Ana Suárez o Bea Sánchez, estén desplegando su mejor baloncesto en las filas del cuadro ferrolano.

A los que defienden que un equipo se construye alrededor de un par de buenas jugadoras –normalmente foráneas– el Star Center Uni Ferrol lo puede rebatir con datos en la mano: la escuadra revelación del campeonato cuenta con cuatro jugadoras entre las veinte mejores de la liga en lo que a promedio de valoración se refiere –Barbee es la quinta más valorada (18,87), Bea Sánchez la séptima (16,43), Ana Suárez (13,24) la decimoséptima y María Pérez Araújo (13,13) la vigésimma– y, de ellas, tres son “producto nacional”. Las tres, además, figuran entre las cinco mejores nacionales de la máxima categoría.

Las cuatro componen la columna vertebral de la formación ferrolana –acumulan en pista cerca de 35 minutos por partido–, cuya fortaleza radica precisamente ahí, en su capacidad para diversificar sus focos de peligro a lo largo de un partido, pero también para mitigar los contratiempos que han ido surgiendo: “Las jugadoras piensan en el bien del equipo antes que en el propio”, resume el técnico Lino López, quien considera esta circunstancia determinante en el rendimiento colectivo del grupo. Ese potencial “es lo que nos hace fuertes, porque los contrarios tienen más dificultades para defendernos y, además, podemos superar la dependencia de jugadoras como Ana Suárez cuando se lesionó”.

diariodeferrol.com
foto: Virginia Algora (LOKOS X EL BALONCESTO FEMENINO)