Dice que alguien le había dicho que después de ser madre vendrían buenos tiempos en el baloncesto. Ese alguien debe ser su madre, que también era una estrella de la canasta y que planeó exactamente lo mismo y con la misma edad. Un parón vital, una temporada dedicada a disfrutar la maternidad, que luego se festeja dominando más aún los aros contrarios. Ella ha esquivado la inaudita cláusula antiembarazo y el tiempo y sus números indican que no tenerla es una buena inversión para jugadora y equipo (aademás de no atentar contra los derechos de la mujer).

La pívot búlgara Jaklin Zlatanova (Mann-Filter Stadium Casablanca), ha estado todo un curso baloncestístico fuera de las pistas, pero ahora la ciudad de Zaragoza vuelve a disfrutar de ella en la Liga Día de baloncesto, la Primera División femenina. La estrategia le viene de familia. Su madre, Krasimira Banova, le enseñó el camino hace veintiocho años. Jaklin, que ha regresado al mismo y espectacular nivel que mostraba cuando pidió su tiempo muerto, está exultante: “Siempre he pensado que después de tener hijos quería volver a jugar. Mucha gente me ha dicho que después una mujer suele ser mejor deportista. Por tema de hormonas, de perspectiva, mentalidad, eso dicen”.

El sacrificio, eso sí, solo lo conocen de verdad ella y las deportistas que como ella se proponen permanecer en la élite y lo consiguen: “Di a luz a finales de abril de este año y ya en septiembre empecé la pretemporada con el equipo. Por mi cuenta he ido entrenando algunas cosas para no llegar sin haber hecho nada”. Recuperar la forma física para asumir la alta competición ha sido un trabajo mecánico y riguroso, apoyado fervientemente en el aspecto psicológico: “Sí que es verdad que la perspectiva cambia, lo voy descubriendo poco a poco. Te centras en cosas más importantes. No das importancia a los detalles pequeños que antes te molestaban más. También desconectas más rápido, que a veces es necesario.”
Un año y medio fuera de las pistas

Cuando llegó el momento de plasmar la decisión que tenía en la cabeza hace tiempo, rescindió el contrato con el club tras un acuerdo bilateral. Ella lo que quería era contar con un año completo sabático para ser madre. El club la ha apoyado en todo el proceso. De hecho, en cuanto llegó la bebé, el equipo fue la parte que más prisas tenía en que Jaklin se reincorporara a la dinámica del grupo. Ella quería tomárselo con más tranquilidad. Quería ver cómo era de difícil y si podía lidiar con la dichosa recuperación física. En total, han sido diecisiete meses de parón, casi un año y medio, desde finales de abril de 2016 (al concluir la temporada 2015/16) hasta septiembre de 2017. Zlatanova ha optado por esta vía, pero es totalmente consciente de la polémica existencia en algunos contratos de las cláusulas antiembarazo, esas que reprimen los derechos de la mujer. La internacional búlgara asegura que nunca ha tenido incluidas en sus acuerdos esas dañinas disposiciones, en ninguno de sus equipos.

Su madre, Krasimira Banova, “hizo exactamente lo mismo y a la misma edad”, cuenta Jaklin. Dio a luz a pocos días de cumplir 28 años, en Sofía. Banova es todo un referente en su país: fue campeona de la Euroliga en 1984 y de la Copa Ronchetti (precursora de la EuroCup) en 1979, en ambas ocasiones formando parte del Levski Sofía. La final de la Euroliga de 1984 se la ganaron a las italianas de Zolu Vicenza y la final de la Copa Ronchetti de 1979 la consiguieron frente a las compatriotas búlgaras del DFS Maritsa Plovdiv. Cuando recibió la noticia de la futura llegada de su nieta, “no se lo esperaba, pero al rato comenzó a dar los primeros consejos”. Jaklin lo explica con orgullo, comprendiendo la importancia de tener como referencia a una madre como la suya.

Banova participó con la selección búlgara en los Mundiales de Brasil 1983 (sexta posición), Unión Soviética 1986 (séptima posición) y Malasia 1990 (octava posición); y en cuatro Campeonatos Europeos. Efectivamente, como ahora comienza a intuir su hija, tras dar a luz a Jaklin alcanzó un momento de forma extraordinario. Era la más veterana del combinado nacional en el Mundial de Malasia de 1990, a punto de llegar a la treintena, y fue una de las jugadoras más decisivas en la pista junto a Nina Hadjiankova, Polina Tzekova, Evladiya Slavtcheva y Kostadinka Radkova. Fue un Mundial dominado por la selección estadounidense de Teresa Edwards y Katrina McClain Johnson, y liderado en puntuación por la brasileña Hortência, pero Banova demostró ante todo el mundo que se puede ser madre y retomar tu carrera en el deporte de alta competición en el mismo punto en el que la dejaste.

El mejor momento, tras la maternidad

Tras su retirada, Banova se ha dedicado a estudiar (está especializada en pedagogía social y en gestión de la educación) y a entrenar a jugadoras de todas las edades. Esta carrera de entrenadora le llevó a cruzar su camino con el de su propia hija, cuando Jaklin despuntaba en el Tarbes GB del sur de Francia, y ella se mudó hasta allí para pasar a formar parte del staff técnico del club, y para tenerla más cerca. Como ahora dice su hija, la madre se estaba centrando en las cosas importantes.

En estas primeras semanas de competición en la Liga Día de baloncesto, Jaklin Zlatanova saborea ese buen momento que viene tras la maternidad en las filas de Mann Filter Stadium Casablanca –antes, sus 188 centímetros defendieron las camisetas del Rivas Ecópolis, del Gran Canaria 2014 y del Extrugasa AD Cortegada–. Quiere repetir el éxito de la temporada 2015/16, cuando las zaragozanas finalizaron en cuarta posición. En el equipo siguen tirando del carro también Gabi Ocete y Paola Ferrari. La pivot búlgara está mejorando sus valoraciones con respecto a aquel gran año, e incluso ha sido proclamada Jugadora Más Valorada (MVP) de una de las jornadas de la competición –la segunda, en la cual sumó 19 puntos, 15 rebotes, 3 tapones y 3 faltas recibidas (35 de valoración) frente a Lacturale Art Araski–.

Los números y las sensaciones constatan que sigue dominando los aros tras dar a luz, como antes hizo su madre. Una tradición familiar que ennoblece el baloncesto femenino y normaliza una fase vital que aún sigue siendo utilizada como arma contra la mujer en el mundo laboral

Víctor David López
elconfidencial.com
foto: LOKOS X EL BALONCESTO FEMENINO (Isamar Farraces)