«Sabíamos lo que podía pasar, es como cuando tienes a un familiar muy enfermo. Llega el desenlace y sufres. No hay preparación para este dolor»,

señaló la entrenadora del Baxi al final del encuentro. Entre lágrimas y casi sin poder articular palabras, añadió: «Es que duele y mucho. Nadie quiere que su equipo descienda, sea en la categoría que sea, aunque cuando se trata de tu casa, de tu club, el sufrimiento es el triple de doloroso. Soñé toda mi vida con entrenar a este equipo. Al final llegó mi oportunidad, aunque ha sido de una manera fea. Tenía todas las papeletas para caer en picado, pero me eché el equipo a la espalda y no me arrepiento, lo volvería a hacer con los ojos cerrados un millón de veces más. Me queda para siempre el haber descendido con este club, aunque no me puedo echar toda la culpa. Todos hemos cometido errores y hemos tratado de corregirlos juntos. Sin embargo, en un equipo no solo hay técnicos, jugadores o directivos, hay otras piezas y a veces no encajan».

Añade que las circunstancias tampoco han ayudado: «Todo se puso en contra, desde el cambio de entrenador. Nos fuimos a jugar al pabellón de A Malata, en donde hay un parqué en el que balón no bota. Nosotros entrenamos aquí todos los días y muchas veces sales frustrada. Es vergonzoso que se haya mantenido toda la temporada esta pista que no vale para jugar al baloncesto. De este descenso de categoría todos tenemos que aprender».

J.V.
foto: José Pardo
lavozdegalicia.es