Entre aquel 17 de mayo de 2009 en Badajoz y el título conseguido ayer han pasado casi 10 años en los que el club se ha consolidado como un referente en España y en Europa llenando de forma habitual Fontajau

 

El éxito del Uni Girona es como la fórmula de la Coca-Cola, y por mucho que haya clubes que pagarían por copiarlo, resulta muy difícil de repetir. La segunda Liga de la historia del club, la que se añade el palmarés a aquella conseguida por San Jorge en 2015, premia el décimo aniversario del ascenso a la élite de un club nacido en 2005 que, hoy, es un referente indiscutible del baloncesto catalán, español y europeo. Entre aquel 17 de mayo de 2009 en Badajoz y ayer han pasado casi 10 años, en los que, paso a paso, ha ido creciendo de manera sólida y sostenible hasta el punto de poder aspirar a todos los títulos y, incluso , ganarlo. Ah, y llenando Fontajau de manera más o menos habitual, como la Liga Día sólo es capaz de hacerlo el Perfumerías Avenida y el continente, muy pocos.

«Me quito el sombrero con el trabajo de Eric Surís! Enhorabuena por una temporada increíble y nada fácil! Te mereces todo lo bueno que te pase », escribía en Twitter Marta Xargay, la que hace diez años fue proclamada MVP de la fase final de Badajoz en el que el Uni subió a la Liga Femenina finales del Obenasa. De la gerundense, ahora al Dynamo Kursk, se ha pasado al talento de Julia Reisingerova, una pívot checa de sólo 21 años que Pere Puig fichó el pasado verano del Sant Adrià y que ha explotado en Fontajau. Porque de eso se ha tratado durante esta década: de reiventar cada año, de poner los codos, imaginación y mucho trabajo. De aguantar los golpes de ver como tus mejores jugadoras aprovechaban el escaparate de Girona para encontrar mejores contratos y, aparentemente sin inmutarse, remediarlo.

El Uni ya hace tiempo que es de la familia. Y se va haciendo mayor y más grande. Ayer a media de la tarde, una hora y media antes de que comenzara el partido, las colas a las puertas eran espectaculares. Y una vez dentro, la afición marcó los primeros puntos con un ambiente impresionante. Unos 5.300 aficionados llenaron a rebosar la instalación, que tuvo que recurrir a la grada joven y sillas a pie de pista para poder atender la demanda. Todo el mundo, como requería el código de vestido, luciendo colores rojos. Los seguidores gerundenses no dieron tregua y sobre todo en la segunda parte, cuando el Spar CITYLIFT se puso por delante, fue clave. La angustia por el resultado se mantuvo hasta los últimos minutos, pero cuando Laia Palau consiguió un 2 + 1 que significaba el 65-53, muchos empezaron a respirar. Hubo cánticos de «campeonas, campeonas!», Tiempo para la reivindicación política y joya, mucha alegría. Porque no siempre se puede celebrar un cumpleaños con un título y una salud de hierro que muchos querrían imitar.

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