El bullicio alrededor del Pabellón Santiago Martín, en La Laguna, era el preludio de una tarde de fiesta. La celebración del Mundial de Baloncesto Femenino llamó la atención de la afición tinerfeña a este deporte que se apresuró a alcanzar su sitio en la grada. Pero algo había de diferente respecto al resto de jornadas de la competición: un exceso de seguridad en los controles de acceso era la pista definitiva de que una invitada de relevancia ocuparía un asiento en el Pabellón. Tal y como se había anunciado, la Reina Letizia acudió al último día del campeonato.

Dos cosas fueron las que más llamaron la atención de su viaje. La primera de ellas, que llegara a mitad del enfrentamiento entre España y Bélgica por el tercer y cuarto puesto, cuestión que ella misma se encargó de aclarar ante las cámaras: "He llegado cuando he podido pero ha estado fantástico", dijo.

La segunda cuestión que llamó la atención a todos los presentes es que su majestad no ocupó una plaza en el palco de autoridades sino que, acompañada de su séquito de seguridad, se sentó en una de las gradas del Santiago Martín. Tal es así que pasó desapercibida durante un buen rato para los espectadores que estaban concentrados en lo que se desarrollaba en la pista.

Solo algunos avispados se percataron de su presencia, como bien hicieron saber subiendo algunas fotografías a las redes sociales, mostrando a la Reina en medio de la gradas.

Uno de ellos fue el propio alcalde de San Cristóbal de La Laguna, José Alberto Díaz, que entre otros datos del partido aludió a "una invitada de excepción en las gradas del Santiago Martín". Allí, justo detrás de cuerpo técnico y jugadoras que más tarde se enfrentarían en la final del Mundial (Australia y Estados Unidos), la Reina Letizia disfrutó de la ajustada victoria de la selección española de baloncesto.

Al principio lo hizo con calor, a juzgar por sus intentos de refrescarse abanicándose con la propia acreditación, aunque después abandonó esa tarea para centrarse en animar a las chicas de Lucas Mondelo. Nada más sonar la bocina que anunció el final del encuentro y al certificarse el bronce para España, Letizia hizo como el resto del Pabellón: se levantó a aplaudir con una sonrisa de oreja a oreja.

Pocos instantes después, la Reina bajó a la cancha para atender a la televisión y aprovechó su trayecto para saludar tanto a los aficionados como a los voluntarios que han participado en la organización de este evento deportivo en Tenerife.

"Han hecho un gran campeonato y han demostrado ser un equipo muy serio y solvente", apuntó Letizia antes de destacar el "espíritu de campeonas" del equipo. "Han dado una gran alegría más para el deporte femenino español", concluyó la Reina ante los micrófonos de Teledeporte antes de dirigirse a los vestuarios del Pabellón Santiago Martín con el objeto de felicitar a las jugadoras.

Acompañada, entre otras autoridades, por el presidente de la Federación Española de Baloncesto, Jorge Garbajosa, y del líder del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, charló con las deportistas y aprovechó para hacerse algunas fotografías.

Ataviada con una busca blanca y pantalón rojo de pernera ancha que apenas dejaba ver sus zapatos negros, la Reina pasó ya al palco del Santiago Martín para presenciar la final del Campeonato Mundial, donde ocupó su puesto junto a presidente de la FIBA Horacio Muratore a la derecha y Fernando Clavijo a la izquierda, quien no paró de charlar con Letizia durante buena parte del encuentro entre Estados Unidos y Australia.

Al terminar el partido, Letizia y el resto de autoridades presentes en la cita deportiva, bajaron de nuevo a la cancha para participar en la ceremonia de entrega de trofeos y medallas, tanto a jugadoras destacadas del campeonato como a los tres equipos que lograron subirse al podio.

España como bronce, Australia como segunda clasificada y Estados Unidos como selección campeona del mundo recibieron sus reconocimientos en la propia pista. A las jugadoras nacionales, que obviamente se llevaron la mayor de las ovaciones, les entregó su medalla Jorge Garbajosa, mientras que fue el presidente del Cabildo de Tenerife, Carlos Alonso, el encargado de hacer lo propio a las deportistas australianas.

Los presidentes de las federaciones española y mundial cerraron el acto con la entrega a las ganadoras, mientras la Reina Letizia observaba toda la ceremonia bajo una de las canastas. Fue justo tras los himnos cuando la Reina abandonó este puesto y avanzó hacia el centro de la pista para entregar la copa a la capitana de Estados Unidos, Sue Bird, en medio del aplauso de los espectadores.

Esta visita supuso el colofón a una semana de competición que ha puesto a la Isla en el epicentro del deporte mundial.

C. García
laopinion.es