La mirada de Laura Nicholls. Su intuición y capacidad de anticipación en las acciones que acaban decantando los partidos a nuestro favor, en defensa por supuesto, pero también en ataque. El gesto de Cristina Ouviña cada vez que resuelve con un buen tiro una buena asistencia de Silvia Domínguez. El listón de baloncestista que Astou Ndour pone a las rivales. Tan alto como discreto. Tan exigente a todos los niveles. La manera de botar el balón de Laia Palau con ese 'flow' que crece con los años.

La técnica de tiro de Marta Xargay, de una escuela tan clásica, tan bien ejecutado el gesto, que a uno le parece cualquier movimiento sin aparente esfuerzo de Ashleigh Barty, la número uno del tenis femenino, cuando envuelve a sus rivales con esa difícil facilidad de los superdotados. El primer paso de Anna Cruz, y su necesidad de que las demás tengan que contar con ella. ¡Balones a mí! Las rachas de Silvia. Además de los pases. Los 36 segundos en la semifinal de María Pina. Los tiempos muertos de Lucas. No se me olvidará aquel en el que le quitaron la razón todas a la vez, y casi le entra la risa ante su ocurrencia inconveniente.

Y por supuesto quedan todavía jugadoras. Está Tamara, está Laura Gil. Está Queralt, Andrea… las doce que están, cuentan. Y como Televisión Española tiene hueco para invitadas especiales, las que no han podido ayudar esta vez, como ha sido el caso de Alba Torrens -ausente por primera vez desde 2008-, también han ido participando. ¿No les impacta la sonrisa de Alba Torrens cuando le preguntan por sus compañeras?

Al final de cada campeonato, de cada nueva conquista de estas mujeres que nos dejan con la boca abierta, se pone lógicamente el foco en el color de la medalla. Y es normal. Pero aquí no aplica aquella frase del entrenador a una de sus estrellas: “De los subcampeones nadie se acuerda”. El valor de esta selección española de baloncesto, no está tasado estrictamente en los oros, platas o bronces. Sí en la cantidad de veces que están luchando por ellos. Y por supuesto en la manera en la que lo hacen.

Hay una palabra que no paran de repetir estas mujeres, casi en cada declaración pública después de cada partido. Hablan permanentemente de “La Confianza” (lo escribo en mayúscula) de unas en otras. Es una palabra que no tienen en exclusiva, que todos los colectivos les gustaría llegar a tener, pero que se nos hace muy coherente cuando cualquiera de ellas la pronuncia. Realmente es eso lo que nos transmiten, con lo cual es evidente que es exactamente eso lo que son capaces de forjar entre ellas. Y a uno le dio por pensar en ciertos elementos que deben formar parte de ese entorno de Confianza, comenzando en cada concentración con los primeros sudores, y acabando, desde hace más de una década, cada verano con todas ellas sonriendo.

Empezaría sin ninguna duda por la actitud frente al reto. Este grupo es un espectáculo de compromiso y objetivos claros. Y tengo para mí que no sueñan con medalla; saben que está a su alcance. Pero sin la responsabilidad individual perfectamente definida y acordada, y sin todas las herramientas técnicas del baloncesto de alto nivel muy bien controladas y ejecutadas (o al menos mejor ejecutadas que sus rivales), ese compromiso no sería suficiente. Esto que voy a decir, probablemente es muy obvio, pero a veces lo despreciamos; podemos querer ganar con todas nuestras fuerzas, pero más vale que sepamos hacerlo. Estas mujeres por supuesto quieren, pero es que además saben. Y por eso lo disfrutan tanto.

Pablo Martínez Arroyo
elpais.com
foto: EFE