La base gerundense, que comienza hoy la pretemporada con el Dinamo de Kursk, descansó dos semanas después de ganar el oro en el Europeo y este verano se ha entrenado en el GEiEG con Breanna Stewart (MVP de la WNBA y del Mundial del 2018)

 

Marta Xargay comienza hoy la pretemporada con el Dinamo de Kursk. Ayer se fue de casa, de Girona, para coger un vuelo hasta Moscú antes de terminar en tren los pocos más de 450 kilómetros que hay entre la capital rusa y la ciudad donde ejercerá, y disfrutará, por segundo año consecutivo de la su profesión: el baloncesto. «No, no, el baloncesto no me cansa nunca; sí es un no parar pero al final eso es lo que me gusta y disfruto mucho haciendo lo que hago », dice sonriente Marta Xargay, que el pasado julio deslumbrar con su juego en el Europeo -incluida en el mejor cinco del torneo y un nuevo Oro para su colección de siete medallas en grandes citas internacionales- y cerró una temporada, su primera al Dinamo de Kursk, marcada por el proceso de adaptación a las diferencias entre vivir en una gran capital europea, Praga, o en la Rusia que hay más allá de las grandes avenidas de Moscú y San Petersburgo.

Detrás del Oro en el Europeo, y la primera experiencia en Rusia con la derrota en la final de la Euroliga; delante una nueva temporada en el Dinamo de Kursk, con nuevo entrenador (Roberto Iñíguez) y, seguramente, un papel más protagonista por los cambios en la plantilla, y las expectativas de un nuevo verano «ocupado» por el gran caramelo que representa Tokio, en lo que serían sus segundos Juegos Olímpicos tras la plata de Río. La lógica diría que Xargay debería haber aprovechado este par de meses, no todos los veranos ha tenido este descanso para descansar y cargar pilas. Lo ha hecho, pero sin acabar de dejar de margen el baloncesto. «Después del Europeo sí tuve un par de semanas de desconexión, en las que no hice nada, pero después es necesario entrenar y, poco a poco, vas volviendo a la rutina, porque está parada todo el verano no sería bueno y también es el momento de seguir aprendiendo y mejorando detalles », dice la base gerundense, que en diciembre hará 29 años, y que en la última parte del verano ha estado entrenando en las instalaciones del GEiEG de San Narciso con la ayuda del preparador físico Jesús Escosa, con mucha experiencia en el baloncesto de élite y actualmente Secretario Técnico del baloncesto Girona, y la compañía de una de las indiscutiblemente mejores jugadoras del mundo: Breanna Stewart.

Compañera suya la temporada pasada al Dinamo de Kusk, Stewart fue el MVP de la Liga estadounidense (WNBA) de 2018 y también MVP del Mundial de ese año en Tenerife, donde el dream team que ella lideraba ganó, como no podía ser de otra manera, y se hizo con el oro. Stewart se lesionó de gravedad, rotura del talón de Aquiles, en el partido decisivo de la Euroliga que el Kursk perdió contra el Ekaterinburg en la Final Four de Sopron. «Nunca sabremos lo que habría pasado si ella no se hubiera lesionado, pero está claro que perder una jugadora tan importante nada más comenzar el partido marcó la final ...», explica Xargay sobre la lesión de una Stewart que, de momento, después de cinco meses de recuperación, aunque no tiene definido cuándo, y con qué equipo, volverá a jugar en una temporada en la que, en Estados Unidos, tienen claro que la talentosa jugadora formada en la Universidad de Connecticut acabará ganando su segundo oro olímpico en Tokio.

Al GEiEG, sobre el parquet de un Lluís Bachs donde el baloncesto ha compartido muchas horas de protagonismo con el balonmano y el hockey patines desde hace décadas, Breanna Stewart hace ejercicios de tiro y avanza en su recuperación mientras Xargay es consciente que, desde hoy mismo, Roberto Íñiguez será exigente con una jugadora que afronta siempre de cara a los nuevos retos que el baloncesto le ha ido poniendo por delante. Como cuando, siendo poco más que una adolescente, de abandonar la comodidad de Girona para hacerse grande en Salamanca; o como, seis años más tarde, cambió la zona de confort en que se había convertido el Perfumerías Avenida y fichó por el entonces campeón de la Euroliga, el Praga, con estrellas como Laia Palau, Sonja Petrovic o Candicee Dupree; o, cuando ya había convertido Praga en casa, se fue el año pasado en Kursk, ciudad con mucha menos vida fuera del baloncesto que la capital checa, y donde compañeras, y amigas, como Petrovic o Stewart acaparaban protagonismo y la mayoría de opciones de ataque. En el Europeo, con el mismo entrenador que tenía el curso pasado a Kursk (Lucas Mondelo) pero con mucha más responsabilidad, Xargay dio el paso adelante de liderar una selección española que no podía contar con Alba Torrens.

«Es una manera de seguir creciendo, creo que estoy contenta y, al mismo tiempo tranquila, que supe dar el paso adelante en el Europeo; cada equipo es diferente y ahora cuando empezamos a entrenar a Kursk veremos qué rol tengo, pero está claro que sí me gustaría tener más protagonismo que el año pasado », analiza Xargay, consciente de que, en su segundo año en Rusia, Dinamo de Kursk no contará con una plantilla tan larga como la temporada pasada, cuando las extranjeras debían rotar a la Liga rusa (sólo pueden jugar cuatro).

Ya no serán dos estrellas de primer nivel, como el fichaje del Uni Sonja Petrovic y el ahora lesionada y compañera suya a los entrenamientos en el GEiEG Breanna Stewart, pero en su lugar han llegado nombres como DeWanna Bonner, Nika Baric o Astou Ndour.

«Mi mentalidad es ganar y ayudar al equipo en lo que me toque», dice Xargay, que no ha trabajado nunca con Roberto Íñiguez, artífice del primer título de Liga del Uni del año 2015, que ha cambiado la banquillo del Sopron húngaro por la del Dinamo de Kursk. «Todo el mundo me ha hablado muy bien de él, Sequé es un entrenador cañero, de los que te hacen sudar, y tengo muchas ganas de trabajar con él porque ha hecho crecer a todas las jugadoras que ha tenido», explica Xargay, que sabe que, por presupuesto, el Ekaterinburg volverá a ser el gran rival de una temporada en la que, eso sí, podrá pisar de nuevo Fontajau. «Jugaremos contra el Uni en noviembre y tengo ganas, porque las últimas veces que he venido no fueron bien, y para que el ambiente en Fontajau ha cambiado y ahora hay más gente en los partidos y en Girona la gente ha tomado más conciencia de la importancia de tener un equipo como el Uni », explica Xargay, que, por Sant Jordi de 2015 perdió la Liga contra el Uni en Fontajau y la temporada siguiente cayó jugando con el Praga en la Euroliga. «Esta vez será diferente, lo siento por Eric (Surís)», dice refiriéndose a su cuñado y entrenador del Spar CITYLIFT Girona.

Volver a Girona, donde también se reencontrará con Sonja Petrovic, al que le une una buena amistad tras coincidir tanto en Praga como Kursk - «me gusta mucho que esté viviendo en mi ciudad, aunque jugar contra ella no me gusta porqués es muy complicado ganarla »-, será uno de los alicientes de la temporada para Xargay, que tampoco esconde que los Juegos Olímpicos de Tokio son otra gran motivación para encarar el año. «Es un reto, tenemos que jugar el preolímpico y espero volver a vivir una experiencia como la de Rio», asegura Xargay, que no tiene ninguna duda de que, en el reto olímpico, le acompañará Laia Palau a sus 40 años: «Es claro que aguantará, más le vale ... ». Eso sí, aunque no se cansa del baloncesto, Marta Xargay no se ve imitando su compañera de habitación en las concentraciones de la selección y jugando hasta los 40 años. «Eso sí que no lo creo ...»

Marc Verdaguer
foto: Marc Martí
diaridegirona.cat
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