El baloncesto femenino español está ya en segunda posición del ranking FIBA, por detrás sólo de los Estados Unidos. Hace tiempo que se superó a los países del este de Europa, grandes dominadores en el Siglo XX, y este verano España se colocó por delante de Australia, gran potencia en el XXI. La plata de Rio 2016 se suma a la plata del Mundial 2014 y al oro del Europeo 2013 en un ciclo olímpico extraordinario para el baloncesto femenino español. Quizás es momento de recordar cómo empezó todo…

En el verano de 1990 España se encontraba en el ‘boom’ del baloncesto iniciado con la plata de Los Angeles 84. La Selección Masculina competía por las medallas en los torneos internacionales, la repercusión mediática era grande… aunque el baloncesto femenino estaba muchos pasos atrás. Pedro Jimémez, directivo en aquella época en la FEB, nos cuenta que se plantearon un reto importante en el Europeo Junior 1990: “Conseguimos la organización del evento, con la cooperación de la Federacion de Madrid, los ayuntamientos de Torrejon de Ardoz y de Alcala de Henares y de Cajamadrid. El baloncesto femenino español estaba muy lejos de la URSS y los países del este, que eran los dominadores de los torneos continentales.”

España presentó una plantilla formada por: Eva Punti, Carmen González y Ana Isabel Carrique como bases; Yolanda Moline, Mónica Pulgar, Carlota Castrejana y Almudena Vara como aleros; y Betty Cebrián, Marina Ferragut, Pilar Galván, Gema Gracia e Izaskun Oteo como pívots; dirigidos por Manolo Coloma con la ayuda de Joaquín Brizuela y Charly Sainz de Aja. España no había subido nunca a un podio en competición oficial y la mejor clasificación había sido el cuarto puesto en el Europeo U18 de 1984. “Teníamos un equipo muy competitivo, sobre todo en las jugadoras altas, y se estaba trabajando muy bien para poder tener un equipo potente en los Juegos de Barcelona 92. Era un momento importante para el baloncesto femenino español.”

Los partidos se jugaron en el Polideportivo de Torrejón de Ardoz y en el ‘Ruiz de Velasco’ de Alcalá de Henares en julio de 1990. “España hizo un campeonato espléndido y llegó a la final ante la URSS, la gran potencia y actual campeona. Llegamos a los últimos segundos con empate a 70 y tuvimos la última posesión para ganar. La entrada de Carmen González rebotó en el aro y fuimos a una prórroga donde perdimos 79-76.”

Una plata que significó mucho más que un simple podio para el baloncesto femenino español. Fueron recibidos en audiencia por S.M el Rey en el Palacio de la Zarzuela. Algunas de estas jugadoras (Cebrián, Pulgar, Ferragut y Castrellana) entraron en el equipo que participó en los Juegos Olímpicos de 1992. Pero como dice Pedro Jiménez “fue el momento en el que las jugadoras y los técnicos nos dimos cuenta que podíamos competir con cualquier país. Nos creímos que se podía hacer y a partir de ahí fuimos a campeonatos y torneos sin esa sensación de inferioridad. Luego se podrá ganar o no, porque en deporte siempre es difícil, pero esta medalla nos dio la confianza que necesitábamos.”

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