La capitana de la selección española de baloncesto es en la pista como en la vida: extrovertida y expansiva. De ahí que lidere la conversación como domina el juego, se sepa referente y marque ella el ritmo, las jugadas y los temas. “Ya he jugado bastante y no tengo ya nada que demostrar”, repite una jugadora que ha pasado ya por siete clubs como profesional. Y con España ha disputado tres Juegos, cuatro Mundiales y ocho Campeonatos de Europa. Es la internacional española con más partidos (262) y con más medallas (10). Aunque lo último que se puede decir es que Laia Palau esté de vuelta de todo. Ni por su edad (37) ni por su carácter. Sigue necesitando retos y motivaciones, el último no es otro que emigrar a la desconocida –para la mayoría– Liga australiana para jugar en el Jayco Rangers, un equipo que ella misma se ha buscado.

¿Qué es eso de que emigra a Australia?

¡Sí! Es fantástico, ¿verdad? Me lo he buscado yo misma. Me puse a llamar a distintas puertas para ver si podía entrar en este mercado. Y sorprendentemente lo he conseguido. Estaba dispuesta a ir sin nada y lo hago con un buen contrato, ¿qué más puedo pedir? Había mirado varias opciones, porque la verdad es que me daba un poco igual el equipo, y finalmente he fichado por el Jayco Rangers, en Melbourne.

¿Por qué esa liga? ¿O por qué ese país?

Australia es un país con un buen nivel de baloncesto. Como selección es potente. A nivel físico son como las norteamericanas, pero su baloncesto se parece más al europeo. Es una mezcla que siempre me ha parecido interesante y he sido muy aficionada de su juego. Además, he compartido vestuario con muchas jugadoras australianas y les he preguntado por el baloncesto de su país. Me han explicado muchas cosas y tengo curiosidad por descubrirlas. ¡Que nadie crea que es fácil! No sé si es que soy la primera que se va allí a jugar, porque la verdad es que es un mercado en el que me ha costado entrar. Ellos están en otra onda y eso también me llama mucho la atención.

Digamos que se lo plantea más como una aventura personal que como un reto deportivo.

Puede decirse así. Sin ser entrenadora tengo curiosidad por ver cómo juegan, qué métodos utilizan, cómo se entrenan... Voy como Marco Polo, a descubrir nuevos mundos. Y, por supuesto, porque me lo puedo permitir, porque ya he hecho muchas cosas, quizá demasiadas, por aquí. Llevo años midiendo la competición por temporadas de la Euroliga y he llegado al límite, he querido dar un paso atrás. Creo que puedo seguir jugándola, pero la verdad es que no me apetece. Ya no me interesa como me interesaba y quiero probar otras cosas. Eso no significa que no quiera seguir jugando a baloncesto, al contrario, pero quiero probar un nuevo formato y un nuevo país porque llevo ya 20 años aquí.

¿Es consciente de que esta apuesta puede marcar su futuro deportivo? ¿Es por eso por lo que no quiere revelar su continuidad en la selección?

No tengo ni idea de lo que va a ser de mí, porque realmente no lo pienso. Vivo un poco al día. Lo que ahora tengo muy claro es que quiero seguir vinculada al baloncesto, si no como jugadora, asumiendo otro papel. Si el año que viene veo que no tengo ganas o no me veo para jugar el Mundial lo primero que haré es comunicarlo y ponerme a disposición de la Federación para ejercer otro papel. ¡Si es que me quieren! Pero creo que si he conseguido ser un referente en estos años espero seguir siendo útil al equipo. Lo único que por ahora tengo claro es que quiero reducir la dosis de baloncesto en mi vida y seguir aprendiendo, por eso me voy.

Alguien podría deducir que si ya no le motiva la Euroliga, tampoco le llene ya el Mundial después de tantos años al frente de la selección.

¡Claro que me motiva jugar un Mundial en España! Porque no lo he hecho nunca. Pero antes de tomar la decisión quiero saber qué me ha aportado esta nueva experiencia y cómo llego. Si llega el momento en que acaba la Liga australiana, que es de sólo 12 equipos, y veo que esta dosis de basquet ya me llena, seguiré allí. Que veo que aún tengo ganas de seguir jugando para estar a punto con la selección... pues haré otra cosa. Creo que me he ganado el privilegio de decidir. Sin querer ni poder compararme con él, Pau Gasol cada verano decide qué le apetece hacer y ya nadie se lo cuestiona.

Una Liga corta, ninguna gran competición internacional... Tendrá más tiempo de ocio. ¿A qué lo dedicará?

Pues no sé lo que voy a hacer. Me parece una gran pregunta, porque es la que yo más me hago estos días. Cuando esté allí, en situación, ya veré en qué utilizo el tiempo. Igual me doy cuenta de que necesito más baloncesto y miro de entrenar a unas niñas. O igual hago submarinismo y descubro que limpiando neoprenos me lo paso bien. Digamos que esto es una transición hacia no sé aún dónde, y tampoco me importa. No descarto cambiar de opinión y volver a Europa. Por el momento estoy contenta con esta decisión.

¿Se ve de entrenadora?

Es pronto para decirlo. La verdad es que no me veo como nada. Vivo la vida y trato de disfrutar del baloncesto de la forma que creo más adecuada.

¿Lucas Mondelo es su referente? Se palpa una conexión muy intensa con él.

Él es mucho más personaje que yo. Ha tenido suerte porque ha tenido un equipo muy normal, sin grandes egos, y eso le permite ejercer de técnico, que no es fácil. Después de la última rueda de prensa se puso a cantar Julio Iglesias. Cómo no voy a conectar con él. Tiene mucho instinto y nos propone un baloncesto con el que estamos muy de acuerdo. Es muy comunicativo y mi papel, como capitana, pasa por esa conexión, que es muy fácil. Todas hemos aprendido mucho de él.

También se la vio muy suelta hablando con Rajoy. Incluso se permitió alguna licencia.

Nos presentamos en La Moncloa después de una noche de fiesta y por suerte, y por sorpresa, no nos encontramos un ambiente formal. Todo lo contrario. Hablamos mucho, porque sabe mucho de baloncesto, en un ambiente muy distendido y quizá me tomé demasiadas confianzas y en el discurso más formal solté: “A lo mejor hoy no lucimos nuestra mejor cara, pero lo que sí reluce es la medalla de oro que hemos traído”. Fue divertido y nadie se lo tomó mal.

¿Se da cuenta de que la selección que lidera, después de tantos éxitos, carece de un apodo? ¿Cuál le pondría?

No, no, gracias, no hace falta. Si hay que decir uno diría “las normalitas”, “las sencillas”, pero entiendo que no venda. La verdad es que estos apodos tienen un punto paternalista que no me gusta nada. Somos un equipo de puta madre y ya está.

Ramón Álvarez
lavanguardia.com
foto: FEB