Paula Ginzo Arantes (Santoña, 1998) es gallega por los cuatro costados, pese a que el destino laboral de su madre la llevó a ver las primeras luces en Cantabria. Su historia es tan simple como vertiginosa, en una fábula que reúne a una niña, una pelota y una canasta. En solo once años, aquella alevín larguirucha se ha convertido en internacional absoluta en una de las selecciones más brillantes del planeta baloncesto. En el camino, un notable puñado de medallas en batallas internacionales de categorías inferiores y muchos sueños para perseguir a la carrera sobre el parqué.
Así se creó la caricatura de Paula Ginzo Abraldes

- ¿Es cierto que de niña le tiraba más el fútbol?

- Sobre todo me tiraba el deporte. Mi padre era entrenador de tenis y yo probé con la raqueta, también con la natación y, en el colegio, con el fútbol, que era el juego que más se practicaba. Todo el mundo me insistía en que me debía dedicar al baloncesto, porque era alta y mi hermano ya jugaba en Salesianos. Una entrenadora de allí fue la que me tentó. Fue un pequeño chantaje, porque me regalaron un balón y una camiseta, pero el caso es que probé, me gustó el baloncesto y hasta hoy.

- Han sido once años muy intensos desde entonces y a los catorce le tocó hacer las maletas.

- Aquel fue un momento decisivo. Cuando surgió la posibilidad de desplazarme a Barcelona y formarme en el Siglo XXI, la situación fue dura en muchos aspectos. Yo era la niña de casa y que me marchara a la otra punta de España no terminaba de convencer a mis padres. Pero me senté con ellos, les expliqué que no quería quedarme con la duda de lo que hubiera sucedido si no lo intentaba y me aclararon que me apoyarían en cualquier decisión. No sabía si iba aguantar cuatro días, pero al final estuve cuatro años.

- Desde joven ha sido muy independiente, pero la oigo hablar muy a menudo del respaldo de su familia.

- Estar fuera de casa desde los 14 años te ayuda a ser independiente, pero a mi familia la echo de menos un montón. Al hablar de mis padres, mi hermano y mi abuelo se me llena la boca y siempre que puedo regreso a Ourense para estar con ellos y sentirme otra vez en casa.

- Ya tiene callo de baloncesto internacional en categorías inferiores y después de eso llega el momento de debutar con la absoluta en Amsterdam. ¿Le temblaron las piernas?

- Nerviosa estaba desde antes. Era un sueño para el que había estado trabajando todos estos años. La verdad es que en ese partido no esperaba jugar mucho, pero cuando Lucas me dijo que saliera, sí que me tembló un poco todo. Fue un partido totalmente diferente, en la absoluta van a otro ritmo, a nivel táctico, en todo. Estás al lado de las mejores de España y comprendes por qué las más jóvenes tenemos que trabajar tanto para llegar a su nivel.

- ¿Hay mimbres en la cantera nacional para mantener esa excelencia a nivel internacional?

- Parece tópico y típico, pero lo complicado es mantenerse. Está claro que con el tiempo se retirarán algunas jugadoras muy importantes, pero en mi generación y en las siguientes hay jugadoras que van a llegar muy lejos con toda seguridad.

- ¿Y también un buen nivel en cuanto a entrenadores?

- Todas hemos trabajado con entrenadores muy buenos en todas las categorías, de todos aprendes algo. Pero si tengo que quedarme con uno, lo hago con el más reciente, Miguel Méndez, un técnico de los mejores de Europa y con el que hemos vivido el mejor año. Hay muchos capaces de sacar lo mejor de un grupo concreto, pero también es importante manejar la parte humana como lo hace él.

- ¿Hasta que punto fue importante para usted coincidir con otra gallega como María Araújo en la convocatoria absoluta?

- Hemos coincidido desde pequeñas en las selecciones gallegas. Ella es del 97 y yo del 98, hemos ganado medallas y títulos europeos. Contar con su apoyo y con algún consejo antes del debut me vino muy bien. Es importante además que sigan llegando niñas que estamos viendo en las categorías inferiores, muy altas y de gran calidad. Por citar solo una, me quedo con otra ourensana como Raquel Carrera, que lo está haciendo muy bien en el Celta y pronto puede dar otro salto grande hacia el baloncesto profesional.

Nada más regresar a Cáceres con las sensaciones a flor de piel, Paula Ginzo nos permitía ver su lado más humano tras su primer periplo con la selección absoluta en Holanda y Melilla. El toque milenial de una baloncestista de gran futuro.

- ¿Disfruta sus viajes por Europa?

- Por placer no he viajado casi nada. Pongo el ejemplo de Hungría, donde ya estuve para varios campeonatos y no conozco nada de Budapest. Ojalá pueda ir pronto a disfrutar de ciudades como París, Roma o Londres, que no conozco. Y me apetece mucho viajar a Australia o Indonesia, pero no tengo tiempo.

- ¿Algún libro en la maleta?

- Me gusta leer poesía, obras bastante diversas, desde Elvira Sastre a Rayden, que también canta rap.

- ¿El rap es su música favorita?

- También me gusta mucho la variedad musical. Oigo bastante rap español, gente como Nach. Pero también me gustan mucho los cantautores, del estilo de Andrés Suárez.

- ¿Cine o televisión?

- Me gustan las películas de terror y, sobre todas, las de suspense, del tipo Un ciudadano ejemplar. Pero también las series que van en esa línea, Prison Break o Cómo defender a un asesino. De las españolas me quedo con Mar de plástico o Bajo Sospecha.

- ¿Le gusta la NBA o la WNBA?

- Me da un poco de rabia que el deporte se convierta en un negocio demasiado grande. Y en el caso del baloncesto americano, la verdad es que prefiero el modelo europeo, con un juego más elaborado y de vocación colectiva.

Luis M. Rodríguez
lavozdegalicia.es