Andrea Carrera jugaba en el club antes de que algunas de sus actuales compañeras de equipo nacieran

 

Andrea Carrera (Vigo, 1983) cumplirá en abril 37 años. A su lado en las canchas de baloncesto, la más pequeña de sus actuales compañeras de equipo tiene la misma edad que ella cuando se incorporó al Celta, 14. Jugadora del equipo de nueva creación de categoría autonómica de la entidad céltica, la veterana deportista asegura que los problemas físicos que arrastra ya no le permiten disfrutar en la cancha como antes. Pero la diversión que experimenta con el deporte que lo es «todo» en su vida no la cambia por nada.

La historia de Andrea con la disciplina de la canasta comenzó a los ocho años, como actividad extraescolar en el colegio. Entre el ballet y el baloncesto, para ella no hubo color. «Iba a todos los sitios con la pelota. Estaba con ella en el patio del colegio hasta que tocaba el timbre», rememora con nostalgia. Y a sus 14 años, se cambió a «lo que es el Celta hoy, el renacer con las categorías inferiores».

Fue céltica desde 1997 hasta que tenía 24 o 25 años, pero manteniendo siempre el contacto y el gran cariño con el club al que regresaba esta temporada. «Me fui porque la Liga 1 es muy competitiva y buscaba minutos en la pista. Me encantaba entrenar, pero necesitaba ese plus. Era joven para no jugar y me fui con pena porque quería mucho al club», apunta. Pasó en esos años posteriores por Ourense, Guadalajara, Baiona o Pontevedra. «No me arrepiento porque te curtes, conoces gente, que para mí es lo fundamental, y nuevos equipos y ciudades», reflexiona.

El único obstáculo para gozar del baloncesto de un tiempo a esta parte han sido los problemas físicos que cada vez le dificultaban más la práctica del deporte. Hasta que decidió dejarlo cuando estaba en el Arxil tras pasar prácticamente la mitad de temporada pasada sin jugar. «Sufría mucho, no solo por el dolor, sino por el hecho de no poder correr y no disfrutar», recuerda.

En principio la retirada era definitiva. «Yo no quería, por mí seguiría hasta que el cuerpo aguante, pero me dolía la espalda y la pierna por la ciática y era una cuestión de salud», indica. Pero al mismo tiempo admite que para sus adentros nunca cerró las puertas. «Al final no aguantaba sin jugar, mi cabeza no paraba de pensar en baloncesto», señala.

Y cuando el Celta puso en marcha el nuevo equipo de categoría autonómica, el director deportivo del club, Carlos Colinas, contactó con ella. «Tardé cero coma en decir que sí. Era volver a casa, a donde empezó todo», dice. Pero, ¿han remitido los problemas físicos? «¡Qué va! Sigo sin disfrutar jugando por los dolores, pero me divierto y con eso me llega. Me han acogido muy bien y estoy súper feliz en el equipo», expresa con satisfacción.

No oculta que los médicos le desaconsejan jugar. «Es un deporte de impacto y para la espalda no es nada adecuado. Podría operarme, pero tampoco me lo recomiendan porque perdería movilidad...», desgrana. Su pareja fue quien más la animó a volver porque veía que se «moría de ganas», mientras su familia fue más reacia. «La salud es lo primero, pero aun así respetan mi decisión porque saben lo que significa el baloncesto para mí».

De sus compañeras, la mayor tiene 24 años. «Me acerco más a la edad de sus padres que a la mayoría de ellas. ¡Supongo que es chocante cuando les hablo de que jugaba hace 20 años, antes de que ellas nacieran!», admite. Pese a esa diferencia de edad, se entienden muy bien. «Solo tengo palabras de agradecimiento para estas niñas». Lo mismo que los técnicos, de edad similar a la de Carrera y con los que tiene también una gran relación.

Detrás de que todo funcione está seguramente en gran medida su pasión por el básquet. «Es mi vida, me ha abierto puertas a amistades, a experiencias, a coincidir con gente que admiraba. No sé expresarlo con palabras».

M.V.F.
foto: X.C.Gil
lavozdegalicia.es