La suya es una de las muchas historias que demuestran la importancia que tiene la salud mental, no solo en el deporte, sino en la vida.

Iris Mbulito (Gran Canaria, 1999) descuelga el teléfono desde Arizona, en Estados Unidos, para desgranar junto a TIEMPO DE CANARIAS los motivos que la han hecho despedirse de forma indefinida de su carrera deportiva, la cual apuntaba más que alto al ser considerada uno de los grandes prodigios del deporte de la canasta. Ahora, la niña de las sonrisas –como siempre se la ha conocido– decide ponerse como prioridad. Nada está por encima de su bienestar físico y psicológico. Aunque eso sí, la puerta de un posible regreso no está del todo cerrada.

Lo primero: ¿Cómo está después de haber tomado esta decisión?

Yo estoy bien. Me encuentro mejor porque es una decisión que justo al terminar la temporada me estuve planteando. Creo que era la mejor decisión que podía tomar porque el curso fue muy duro, estaba muy cansada mentalmente, sufriendo diferentes lesiones, y necesitaba un descanso mental. Sentía que tenía que cuidar de mi cuerpo, pero estoy bien. Sinceramente, siento que estoy animada. Ya empecé las clases, me queda un año para graduarme y estoy motivada.

Mucha gente no entiende la decisión, no solo por su edad, sino por ser considerada uno de los grandes prodigios del baloncesto. ¿Les entiende?

Lo puedo entender, pero hay dos puntos de vista: unas personas lo verán como que dejar el baloncesto es una debilidad porque debes ser fuerte mentalmente y aguantar todo lo que te venga, pero habrá otras que entenderán que la salud mental es más importante que el deporte o el baloncesto. Yo llegué a un nivel en el que tenía que tomar la decisión de seguir jugando y no estar bien conmigo misma a nivel físico y mental, o tomarme un tiempo de descanso para recapacitar y cuidarme. Cuidar lo que como, lo que duermo, lo que hago cuando no estoy entrenando… En definitiva, hay gente que no entiende que no siga jugando cuando me queda un año o tampoco entiende que no vuelva a España, pero no sé qué decirles porque yo estoy pensando en mí misma y ellos piensan en el deporte.

¿En qué momento dijo basta?

Para ser sincera, lo estaba pensando cuando empecé el tercer año en Arizona porque el segundo fue muy duro a nivel físico y mental. Mucha gente no lo sabe, pero me hice una reconstrucción de tobillo que tuve que realizarme diez días después de hacerme daño porque era muy grave. Entonces, cada vez que te lesionas es un tiempo de recuperación en el que se necesita mucha fuerza mental para recuperarse. Llevo tantas lesiones seguidas en tan pocos años, que la del tobillo fue la gota que colmó el vaso. No tenía que hacerlo, pero me comparaba con mis compañeras porque ellas daban el cien por cien todos los días y yo no llegaba porque me dolía el cuerpo. Me sentía como la abuela del equipo porque ellas hacían cosas que yo, físicamente, no podía. Por eso, la segunda temporada fue muy dura. Me había lesionado el hombro, la rodilla, el tobillo... Esa campaña fue dura, no jugamos como normalmente solemos hacerlo, y perdimos muchos partidos. Ahí pensé que era el momento de tomar un descanso porque no estaba bien ni físicamente ni mentalmente, pensando que era lo mejor para mí y para el equipo. Cuando terminó la temporada, empecé a mirar cómo podía hacerlo para solo ser una estudiante. Hablé con algunos médicos y con mi psicólogo, al igual que con mi entrenadora, y pasé a ser lo que soy ahora: estudiante regular.

Habla mucho de la salud mental. ¿Cómo le ha afectado todo esto?

Fue bastante duro. Me puse mucha presión yo misma porque venía siendo una Iris en España y llegué a Estados Unidos pensando que podía hacer lo mismo, pero no fui capaz. No sé si tomé malas decisiones en ese camino o no sé lo que pasó, pero tenía partidos muy malos en los que no me sentía yo misma. No era por los partidos que jugaba o por los puntos que metía, pero me sentía otra persona, y eso me cambió la forma de ver el baloncesto. Recibía muchos mensajes de personas que preguntaban lo que me pasaba, por qué jugaba tan poco o por qué metía tan pocos puntos. No les echo la culpa, pero esos mensajes y esos comentarios, más lo que yo pensaba y esperaba de mí, porque me exijo mucho, me hizo no ver el lado positivo de nada.

Es decir, me creó ansiedad. Me daba ansiedad levantarme por la mañana y pensar que tenía que ir a entrenar. Me daba ansiedad jugar los partidos. Ahí empecé a ir al psicólogo y la depresión también estuvo de por medio. Por eso creo que la salud mental juega un gran papel en el deporte. Hay mucha gente que comenta lo que los deportistas hacen y no se dan cuenta de que pueden hacer daño y crear inseguridades. Todos los deportistas y todas las personas en general que sufren ansiedad o depresión deberían sentarse y tomarse un segundo para analizar sus vidas y priorizar la salud mental antes que el dinero, el trabajo u otras cosas. En esta vida hay tiempo para todo y hay que saber priorizar. Para mí, ahora mismo, es más importante estar bien conmigo misma y tener salud mental que quedarme un año más jugando en Arizona cuando no me siento yo misma y me siento miserable. No sé si es una palabra muy fuerte, pero no me siento yo misma.

Es decir, el baloncesto pasó de ser un motivo de disfrute a convertirse en sufrimiento.

Sí, así es. Yo empecé a jugar al baloncesto porque mi madre jugaba al baloncesto. Yo, desde pequeña, siempre he estado muy cerca de mi madre. Entonces, empecé a jugar por ella, porque quería ser como ella. Quería ser tan buena como ella y que se sintiera orgullosa de mí (hace una pausa y se emociona). Llegar a Estados Unidos y que todo cambiase y cambiar la perspectiva que yo tenía fue muy duro para mí y para mi familia. El baloncesto pasó a ser un trabajo que no me gustaba. Siempre se me ha conocido como la niña de las sonrisas. Sin embargo, aquí, no sé por qué, me sentía obligada y me sentía en una jaula en la que no podía hacer nada.

Y su familia qué le dice.

Mis hermanos y mi padre me apoyaron. Ellos saben todo lo que he pasado con las lesiones y saben que yo siempre he ido a rehabilitación con una sonrisa, siendo muy positiva, pero son muy duras mentalmente. Mi padre y mis hermanos me apoyaron, y mi madre también, pero ella estaba un poco triste porque prefiere que me gradúe y vuelva a España a probar suerte de nuevo para seguir jugando al baloncesto porque dice que la sonrisa que tengo jugando al baloncesto no la tengo cuando hago otra cosa. Ella no se esperaba que tomara esa decisión, pero me apoya porque si dejo de jugar para estar feliz, eso es lo que ella quiere, que yo esté feliz. Al principio fue un shock para todo el mundo, pero agradezco todos los mensajes de apoyo y me quedo con eso.

¿Se siente liberada?

Sí (resopla, emocionada). Me siento libre. Va a sonar dramático, pero me siento libre y me siento bien conmigo misma. Ahora quiero explorar otras cosas que igual se me dan bien o mejor que el baloncesto. Ahora duermo bien, como bien, cuido de mi cuerpo… No es que ahora vaya a estar todo el día tirada en el sofá viendo la tele (ríe). Me estoy centrando en los estudios porque me quiero sacar la carrera y, a la vez, un certificado, además de trabajar, lo que va a requerir un montón de tiempo. Tengo muchas ganas de saber qué será lo siguiente para mí, la verdad.

Pese a todo esto, imagino que el baloncesto le ha dejado más momentos felices que tristes.

Por supuesto. Me llevo muchísimas experiencias. He aprendido muchísimo del baloncesto, me ha enseñado a ser mejor persona, a ser disciplinada, me ha dado muchísimas relaciones, viajes… Es decir, no me quejo, me ha encantado. No digo que lo haya odiado, siempre me ha encantado, pero estoy en un momento de mi vida en el que necesito centrarme en mí misma. Vamos, que no puedo odiar al baloncesto.

La última. No cierra la puerta a volver, ¿verdad?

No cierro la puerta, no. No sé cuánto tiempo voy a necesitar. A lo mejor necesito un año, dos años o 16 meses. No sé cuánto tiempo estaré sin jugar al baloncesto porque es algo que no tenía pensado hacer. En este momento, a día de hoy, no sé decir si volveré a jugar, pero cuando tome una decisión definitiva, lo haré público.

Cristian Olivares
tiempodecanarias.com