Prepara el Afrobasket con la selección femenina de Túnez, el octavo país en el que dirige y África es su cuarto continente

 

Uruguay, España, Chile, Bolivia, Corea del Norte, Noruega, Islandia y ahora Túnez. Ocho países y cuatro continentes que componen la trayectoria de Richi González Dávila en los banquillos. Fue pionero en cinco de esos destinos y en cuatro de ellos ejerció como seleccionador. Estos días prepara con el combinado femenino de Túnez el Afrobasket que se disputará en Camerún del 17 al 28 de septiembre y después la Copa Arábica, entre octubre y noviembre. Es el último reto de un entrenador sin fronteras.

El técnico ha firmado con la Federación tunecina por tres meses con opción a dos años más. Es su primera experiencia en África y ya piensa en completar su particular vuelta al mundo. "Me queda Oceanía y me encantaría", dice este madrileño de 49 años.

Pero Richi asegura no aceptar las ofertas por el continente o por ser el primero que trabaja allí: "Son retos, casualidades, y no me lo pienso mucho. Es enriquecedor conocer otros países y culturas. De cada uno te llevas algo y dejas parte de ti. Soy afortunado. Todo lo que he vivido no lo cambiaría por haber entrenado en la ACB".

Su carrera le ha llevado por todo el mundo y ha vivido experiencias únicas. En 2016, se convirtió en el primer entrenador extranjero que trabajaba en la hermética Corea del Norte. "Y volveré. Seguro. Me piden que les ayude de vez en cuando. Nos quedaron cosas por hacer y tenemos ganas de volver a trabajar juntos", afirma.

Al día siguiente de acabar aquella apasionante e insólita aventura viajó a Noruega. "Un estudio decía que eran los países menos y más democráticos del mundo. En 24 horas estuve en los dos", cuenta Richi, que prefiere viajar a sus destinos con la mente limpia: "Voy sabiendo poco. De sus baloncestos, sí. Me hago bases de datos de las jugadoras, veo vídeos de partidos... Los países prefiero conocerlos sin ideas preconcebidas".

La de Túnez es la cuarta selección extranjera a la que entrena. "Es una responsabilidad porque ponen en tus manos su baloncesto", valora. Ya tiene experiencia en preparar campeonatos en poco tiempo. Su nuevo reto es tan apasionante como complicado. El combinado masculino acaba de proclamarse campeón continental de la mano del alemán Dirk Bauermann, pero en su caso el objetivo es mejorar la duodécima y última plaza de hace dos veranos, cuando el equipo cayó con estrépito ante Nigeria (75-26), Camerún (53-95) y Costa de Marfil (74-50). Esta vez los primeros rivales serán Malí y el equipo costamarfileño. "Trataremos de competir y ganar uno de los dos partidos... o los dos", ambiciona Richi.

 

Buenas condiciones, pero a 50 grados

Pese a ciertos problemas con las comunicaciones, ha encontrado en Túnez unas condiciones para trabajar mejor de lo que esperaba. "Entrenamos mucho, mañana y tarde, y tenemos muchos medios. Hace mucho calor. Hemos estado a 50 grados, pero las instalaciones están muy bien y nuestra vida es entrenar, ir al hotel, preparar cosas...", resume

El déficit de su equipo es tanto de experiencia como de físico: "Tenemos una jugadora que está en un equipo de República Checa y otra en Marruecos. El resto juega aquí. Es un hándicap porque jugar fuera te sube el nivel. Y no tenemos las condiciones físicas de Senegal, Nigeria, Camerún... Habrá que ser más rápidos y más listos".

Y todo ello sucede mientras su familia está a 4.000 kilómetros, en Islandia. Tiene suerte de que su mujer, la exjugadora Lidia Mirchandani, entienda su profesión. Ella misma jugó en Italia, Rusia, Chile y el país nórdico. Ahora, tras sacarse el título de entrenadora, dirige a cuatro equipos allí y colabora con la selección local. "Echo mucho de menos a mi mujer y a mis hijos [María y Marcos], pero espero que dentro de unos años estén orgullosos de su padre. No verles es un gran sacrificio, pero es nuestra vida. Es lo que pasa cuando haces de tu pasión tu profesión", finaliza Richi.

Nacho Duque
marca.com