La navarra Irene Hernanz ha logrado beca para jugar en la Universidad de Evansville (Indiana) de la NCAA, máxima categoría universitaria de Estados Unidos

A sus 18 años, Irene Hernanz ya sabe lo que es vivir fuera de casa dedicándose al baloncesto. La navarra, expívot del CB Egüés estuvo dos años jugando en el Club Natación Sabadell, donde ganó nivel y experiencia. Ahora está preparada para dar el salto y la temporada que viene la disputará en el equipo de baloncesto de la Universidad de Evansville (Indiana), que compite en la primera categoría de la NCAA, la liga universitaria estadounidense.

¿Está ilusionada con la oportunidad de ir a jugar a Estados Unidos?

–Sí, la verdad que sí. Estoy un poco nerviosa también. La NCAA es de las categorías más altas que puedes jugar a nivel mundial. Es una gran oportunidad y tengo ilusión por ir.

¿Cómo surgió la opción de ir a jugar a una universidad de la Primera División universitaria?

–Hace dos años me contactó una agencia que se llama PickUs. Lo que hacen es un vídeo con tus jugadas y lo mandan a las universidades. Luego estas te contactan y tú tienes que hacer los exámenes de acceso. Yo hice el SAT, que es la selectividad de Estados Unidos. Ellos, básicamente, te ayudan con todo.

¿Desde la universidad le han comentado qué les llamó la atención para ficharle?

–Sí, me dijeron que necesitaban pívots y les gustaba mi forma de juego, que es rápido. Les gustó lo que vieron de mí y decidieron darme la beca.

Estuvo dos años jugando en Sabadell. ¿Cómo fue la experiencia?

–Lo vives mucho. Sí que es verdad que al principio llegas y piensas: “¿Qué hago aquí? Me quiero ir a casa”. Es un gran cambio y yo tenía 14 años. Pero enseguida te acostumbras. Me acogieron súper bien y es algo que se agradece. Luego me dijeron de quedarme otro año y no me lo pensé.

¿Ha tenido otras ofertas para fichar por algún equipo nacional?

–Irme a Estados Unidos era la única opción que tenía. También podía quedarme en el Egüés y es verdad que hablé con el San Ignacio, que este año tiene un equipo en Primera Nacional. Tuve una reunión, pero luego decidí irme a Estados Unidos.

¿Sabe como va a ser el día a día en la universidad?

–Vamos a tener mucho gimnasio y mucho entrenamiento. También nos facilitan un tutor para que este pendiente, ya que tendré que viajar a otros estados. El horario va a ser: ir al gimnasio por la mañana, clases y luego otra vez gimnasio o entrenamiento; y por la tarde, otra vez entrenamiento.

¿Cómo va a llevar ese cambio?

–Cuando estuve en Sabadell era algo parecido. Salía de casa por la mañana e igual hasta las 23.00 horas no volvía. Pero no es lo mismo eso que el nivel de Estados Unidos. El gimnasio no es como aquí, que cada una hacía un poco y listo. Allí nos ponen un preparador físico y los entrenamientos van a ser con gente que lleva cuatro años jugando en esa liga. Este verano me prepararé bastante.

¿Ha podido ver el nivel y el estilo de juego que se practica en esa liga?

–Cuando hice la llamada con las entrenadoras, me enseñaron un vídeo para ver cómo juegan. Luego, también me mandaron otro vídeo. Básicamente, juegan a correr y bastante bien, me gusta mucho su modo de juego. Juegan con las altas y es algo que aquí no se suele hacer. Esto me ofrece más oportunidades.

¿Cómo va a compaginar los estudios con el deporte?

–Una vez que te ficha el equipo y te ofrecen la beca, haces todos los estudios en esa universidad. Luego, tienes que hacer el SAT y luego tuve que hacer el Duolingo y sacar un ciento y algo, no me acuerdo exactamente. A partir de ahí ya puedes elegir lo que quieres estudiar.

¿Cómo lleva el tema del inglés?

–Siempre que he hablado con los entrenadores les he entendido. Hablando me defiendo. Estos dos exámenes que he hecho también han sido para mirar el nivel de inglés.

¿Es consciente del gran cambio que supone ir a jugar a la NCAA?

–Aún no soy consciente. Sí que digo, “el año que viene voy a ir a jugar a Estados Unidos”, pero hasta que no lo viva no me voy a dar cuenta del cambio. Estar en Estados Unidos es una gran oportunidad, pero es que encima es en la NCAA, en la división uno. Me decían que mucha gente ni aspira a eso, por eso no soy consciente.

¿Esta oportunidad la ve como una opción de quedarse allí de cara al futuro, o piensa en regresar después de los cuatro años de carrera?

–No lo sé. Si hace dos meses me llegan a preguntar por irme a Estados Unidos, hubiese dicho que no. No me gustaba ninguna universidad. Al igual que cuando fui a Catalunya. Voy a ir poco a poco, pero, obviamente, si puedo aspirar a jugar en la WNBA, pues, joe, mejor oportunidad que esa no hay. Voy a ir al máximo y esa es mi expectativa. Poder jugar ahí sería algo súper grande, me encantaría.

¿Qué le ha comentado su entorno?

–Todo el mundo me dice lo mismo. Que se alegran un montón porque es una gran oportunidad, pero al final te van a echar de menos. Me voy un año seguido y en Navidades o así tampoco creo que vuelva. No es como en Catalunya, que cada mes podía volver. Pero todos se alegran por mí porque es una gran oportunidad, pero me dicen que me van a echar de menos.

¿Cómo cree que puede encajar su juego en la NCAA?

–No sé. Sé que voy a aprender un montón de cosas. He visto que las pívots de allí, las de mi equipo, tienen un juego parecido, pero se nota que tienen más experiencia. Todo lo que sea mejorar los movimientos, ayudar al equipo a correr o mejorar la velocidad o la fuerza es un plus.

¿Tiene algún referente?

–No tengo ninguno claro. Empecé a jugar al baloncesto por mis hermanas, así que tampoco me fijo en nadie en especial. De chicos, me gusta un montón Juancho Hernangómez, me encanta su forma de juego, pero no sé si podría llegar a ese nivel.

Carlos Tamargo
noticiasdenavarra.com