La vida al lado de Laia Palau (Barcelona, 1979) siempre ha sido y es más fácil. Para aquella adolescente hippy con rastas y tatuajes de nombres de la NBA en sus brazos que capturó la atención de Amaya Valdemoro en un campeonato de España competir no podía ser otra cosa que compartir.

No podía traducir el “peace and love” de otra manera que como esa base altruista que repartió eso eso, paz y amor, con pases. Mes y medio después de su retirada, se pone a hablar de su carrera en una de las conferencias del campus de entrenadores de Joan Plaza organizado por Improve Sports.

La ex de Uni Girona y Ros Casares entre otros se dirige al público sin ninguna solemnidad, natural y sencilla como es ella, como si estuviera compartiendo un rato con los amigos en sentada en corrillo en el suelo de cualquier plaza. Y no lleva joyas ni quiere hablar de todas las que ganado (14 ligas, 2 Euroligas, la jugadora con más medallas de la historia de la selección con 12…), sino de valores. “Queda mucho de esa joven Laia hippy. Ahora quiero devolver al baloncesto todo lo que me ha dado”, afirma. Laia es buen rollo, Laia es una tía de basket.

Ya ha pasado un mes y medio desde su retirada. ¿Cómo lleva la nueva vida?

Pues estoy haciendo muchas cosas, tocando todos los ángulos que puedo del basket, partiendo de la creación de la base femenina del Bàsquet Girona (de Marc Gasol), implicada en la construcción de los equipos de la próxima temporada, con labores de dirección técnica en el Uni Girona. Y, en la selección, se me ponía el papel de Team Manager pero estoy haciendo un poco labores de entrenadora y también haciendo cositas para la FIBA. No me ha dado tiempo a pensar que he dejado de jugar, el proceso va a ser largo y me iré encontrando con momentos en que tome conciencia de que esto está pasando cuando empiece la temporada. Quieras o no, ahora estamos de vacaciones y no me siento extraña no jugando.

Varias semanas después ya le habrá dado tiempo también de hacer detenidamente un balance de su carrera.

Ya llevaba mucho tiempo haciéndolo. Ha sido una carrera maravillosa, soy una súper afortunada de la vida por lo que he tenido y cómo lo he tenido, no cambiaría ni una coma. Tengo suerte no sólo de lo que ha pasado, sino el reflejo que queda de cómo he hecho las cosas. Lo importante es que me valora como persona aunque no sea jugadora.

¿Cuál diría que ha sido el mejor y el peor momento de su trayectoria?

El mejor, los Juegos Olímpicos de Río (donde consiguió la plata con la selección española), y, peor, no tengo.

¿Le ha quedado alguna espina clavada?

No.

Una de las curiosidades de su carrera es que nunca aceptó las opciones que tuvo para jugar en la WNBA. ¿Por qué no se decidió a dar ese paso?

La WNBA como concepto y estilo de juego nunca me ha interesado demasiado. Respeto mucho que es la mejor liga y que allí están las mejores jugadoras, pero por la forma en cómo entiendo yo el baloncesto, como un juego más colectivo, digamos a la vieja usanza en Europa, no me veía allí, no me parecía que pudiese ir a disfrutar de aquel baloncesto. También se me solapaba con la Selección, que siempre ha sido una de mis prioridades. Si cada verano acababa la temporada de clubs en Europa y tenía que empalmar con ir allí, luego tenía Selección, luego otra temporada con mi club... me parecía que era un tute demasiado fuerte para el cuerpo. Darle un tiempo de reposo a mi cuerpo y a mi cabeza durante el verano también era importante. Y al final he acabado pensando que esa es una de las cosas que me ha permitido seguir jugando durante tanto tiempo. A veces, decir que no es una manera de construir tu trayectoria.

Hablando de su estilo y de su habilidad para asistir, ¿cuál diría que ha sido el secreto de su basket?

He querido mirar a todas las jugadoras: ¿Tú qué tienes que hacer?, ¿tú que puedes hacer?, ¿hacia dónde quieres que te la pase? Es querer que esa jugadora sea mejor, facilitarle la vida, pasársela donde toca. Yo he pasando la pelota hacia donde creía que era mejor, porque aunque quizá la jugadora no fuese, es donde estaría más sola. También tener en cuenta detalles como, si es tiradora, dársela a la mano buena.

En la conferencia ha dicho que tampoco era muy meticulosa con la alimentación. ¿Cómo lo ha hecho para tener una carrera de más de dos décadas y permanecer en la élite hasta los 42 años?

He tenido mucha suerte con mi cuerpo, esto es cosa de la genética que me han dado mis padres. No me gustaría decir eso porque no es así, pero tengo un cuerpo muy de tío, con mucha fibra, poca grasa, un metabolismo rápido y eso está bien para este trabajo. Y, luego, quererlo también (jugar a baloncesto) y que te respeten las lesiones.

¿Cuál es el tiro que más recuerda?

El pase diría, no soy muy de tirar… No sé si especial, pero si me tengo que quedar con uno el que le di a Sancho Lyttle y con el que metió la canasta final para ganar en la final del Europeo de 2013. Es la jugadora que más me ha alucinado junto a Maya Moore. Y Diana Taurasi ha sido la jugadora más ‘cabrona’ que me he encontrado de lo buena que es.

¿Cuál es el mejor entrenador que ha tenido?

Igual que con las compañeras, tampoco me quedaría con uno… He aprendido incluso de los que me han enseñado. Te destacaría a Carme Lluveras (entrenadora suya en el Barça), Roberto Íñiguez y Lucas Mondelo.

De Lucas Mondelo ha destacado en la conferencia sus conocimientos técnico-tácticos. ¿Qué piensa sobre lo que ha pasado con sus denuncias a la Federación y a Marta Xargay y Anna Cruz por difamación (en esta última ha perdido)?

Nada de esto ha sido fácil. Ha habido dolor para todas las partes, no me he pronunciado mucho ni quiero dar muchas explicaciones… Lo único que quiero decir es que ha sido un proceso difícil para todas la de ese grupo, gente que ha hecho muchas cosas y las relaciones son las que son. No es fácil la exposición social de esto.

Ha recordado en su charla que, cuando empezó a entrenar de joven con Carme Lluveras en el Barça, estudiaba Educación Social y era hippy. ¿Qué queda de esa Laia hippy y cómo ha evolucionado?

Bastantes cosas. Con mi vida de jugadora de basket de alto nivel no he podido pintar, tocar la flauta o dedicarme a otras cosas, no es fácil compaginarlo. Pero he mantenido el tema de los valores en las relaciones personales, es algo a lo que siempre he dado mucha importancia, no deshumanizar nuestro trabajo porque el deporte de élite no está exento de voracidad y no que perder de vista que somos seres humanos, hay que entenderse y quererse. Es el ‘peace and love’ que me queda, es lo que he querido transmitir a la gente.

Como ha dicho antes, una de las patas de su nueva vida será el proyecto de basket femenino de base puesto en marcha con el Bàsquet Girona de Marc Gasol.

Me hace mucha ilusión. Primero hay que decir que la desvinculación con el GEiEG (otro club gerundense) ha sido un proceso difícil porque las separaciones son dolorosas. Pero, después, la voluntad de crear una estructura propia que pueda nutrir al primer equipo y hacer una base de cantera es una cosa importante. La aparición de Marc y la voluntad de ofrecer este servicio y aprovechar la estructura hecha han sido importantes, es una propuesta valiente por lo que significa trabajar conjuntamente. Como dice el proverbio, “si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres ir lejos, ve acompañado”.

Marc Gasol y usted se parecen en ese buen rollo que transmiten, esa naturalidad, el hecho de que no den demasiada importancia a todo lo que han conseguido.

Me siento muy identificada con él, Marc me encanta. Lo que hemos compartido este año y las conversaciones de estos años han sido de respeto mutuo y eso de quitar peso a los títulos es porque estamos en otro momento de nuestra vida, con ganas de dar, y Marc siempre ha sido mucho de dar. Ahora estamos centrados en que, con la suerte que hemos tenido de vivir eso, si a alguien le podemos echar una mano para que sólo pueda vivir una cuarta parte de lo que hemos logrado es chulísimo. Lo hacemos desde el agradecimiento.

Por ahora no lo es, pero, ¿se ve como entrenadora?

Los ‘coaches’ ya están distribuidos y conocen bien la base y yo tengo que hacer el trabajo que me toca. Quizá, en algún momento, pueda probarlo en días extras, pero hay que empezar por los cimientos, por ahora no llevaré ningún grupo porque tengo que hacer otros trabajos a full. Pero sí, es una cosa que me llama.

¿Qué hay que hacer para que el basket femenino siga avanzando hacia la igualdad con el masculino en todos los sentidos?

No es un problema del basket, es un problema social, una cuestión de mirada social, va de educación y valores y cambiar muchas estructuras mentales. No podemos ser iguales, las mujeres son lo que son y los hombres son lo que son, no hace falta etiquetar como a tal porque aquí hay mucha paleta de colores. Tu dirías: ¿soy una mujer al uso?, ¿qué es una mujer al uso?. Yo puedo tener rasgos que se hayan otorgado al sector masculino, tratémonos con respeto y entendámonos. Hay cosas más propias de unos y otros, pero lo que no puede ser es que no estemos valorando igual lo que hace un hombre que una mujer. Cuando no de hablemos de “basket femenino”, sino de “basket” habremos solucionado el problema.

Para terminar, cuéntenos alguna anécdota divertida que le sucediera en su carrera.

Esto me ha pasado dos veces: sacar de fondo y, en lugar de sacar, salir botando. ¿Te lo puedes creer? Arrancas y las contrarias se quedan en plan “violación de reglas” y el banquillo sorprendido. ¡Y dos veces!

 

Las nuevas tecnologías según Laia
"Seré una 'boomer' pero he pensado: "el móvil se lo metía por ahí" "

Laia Palau, con más de 20 años de carrera en su currículum repartidos por Barça, Bourges, Ros Casares, Polkowice, USK Praga, Jayco Rangers, Uni Girona y Selección, puede relatar como testigo de primera fila cómo las nuevas tecnologías se han entrometido en la vida del vestuario. Siempre con su innato afán de cultivar las relaciones personales y el cooperativismo en los equipos, la base considera que el uso abusivo de los móviles ha perturbado la convivencia.

​"Llámame 'old school', o 'boomer', pero con el móvil no puedes atender a todo, no puedes crear vínculos, las jugadores se aíslan más consigo mismas y cuando se termina el entreno ya se ponen con el móvil. Yo he intentado aportar humanidad, decir "bueno chica, vamos a conocernos, ¿no?" ", reflexionó en la conferencia Palau, molesta sobre todo cuando ha visto que el móvil era la prioridad en algún momento más concreto. "Cuando he visto jugadores que miraban el móvil al descanso de un partido he pensado que se lo metía por ahí", añadió la base catalana.

 

VIDEO ENTREVISTA LAIA PALAU

JESÚS PÉREZ RAMOS / Toni Canyameras
mundodeportivo.com