El Príncipe Felipe firma su mejor dato de asistencia esta temporada con 9.215 aficionados en la victoria ante el Praga que sella el pase a la ‘Final Six’ de la Euroliga
Hay recintos que imponen por su arquitectura, otros por su larga historia, y luego está el Príncipe Felipe en las grandes noches europeas, donde, lo que de verdad amedrenta a los rivales, es la afición. El Casademont Zaragoza se ha impuesto al USK Praga por un marcador de 73-66 y ha sellado su clasificación a la Final Six de la Euroliga, sin necesidad de regresar a la capital checa para un tercer partido de desempate.
El Praga ha caído sin opciones ante las de Carlos Cantero, pero, realmente, no podía ocurrir de otra forma. El vigente campeón de la máxima competición continental no se ha enfrentado a cinco jugadoras sobre la pista, sino a un número significativamente mayor. El equipo checo tenía delante a 9.215 personas.
No es una cifra cualquiera, es el dato de asistencia al pabellón, el mejor del Casademont Zaragoza esta temporada. Los 9.106 que hubo ante el Cukurova Mersin, o incluso los 8.457 del Valencia Basket, ya parecían difíciles de superar. No obstante, si algo ha dejado claro la Marea Roja es que no hay un tope, y menos cuando lo que está en juego es algo tan grande.
Lo que se ha vivido este miércoles en la grada del Felipe no ha sido un mero acompañamiento, sino una procesión. La Marea Roja ha cogido fuerte al equipo, se lo ha cargado sobre los hombros y lo ha llevado con paso lento, pero firme, hacia la ansiada fase final del torneo. Desde mucho antes de que el balón tocara la pista, el ambiente ya anticipaba algo histórico en la capital aragonesa. El apoteósico recibimiento en los aledaños ha sido apenas una primera chispa, pero el verdadero incendio se ha desatado a pie de pista. El salto a la cancha para el choque ha sido muy distinto para ambos equipos. Primero, cuando sus nombres han empezado a sonar por megafonía, las jugadoras visitantes se han dado de bruces con un sonoro muro, no de hostilidad, sino de presencia e identidad.
Sin embargo, el verdadero calor de esta olla a presión que es el Príncipe Felipe ha llegado para acompañar la aparición de las aragonesas. Las del Casademont han entrado al partido entre gritos de "Zaragoza, Zaragoza" y con una gran lona sobre la grada que manifestaba el deseo de todos: "Derecho a soñar".
El partido ha tenido, como era de esperar en un enfrentamiento de semejante calado, sus momentos de sufrimiento, pero los seguidores del conjunto rojillo no han bajado los brazos. Ha sido precisamente ahí donde la Marea Roja ha dictado sentencia. En los instantes, iniciales sobre todo, en los que la igualdad en el marcador amenazaba con mermar los ánimos o cuando el rigor físico de las checas se imponía en la pintura, el Felipe no se ha enmudecido. Al contrario, ha multiplicado decibelios.
En los minutos finales, con el pabellón entero puesto en pie, la sensación ya era la de estar presenciando un partido que por nada del mundo se podía escapar. Cuando por fin la ventaja era insalvable y la bocina estaba por confirmarlo, ya solo quedaba una cosa por decir en el Príncipe Felipe, o por cantar: "Será porque te amo".
Esa simbiosis mágica entre la pista y la grada se ha consolidado ya como el mayor patrimonio de este Casademont Zaragoza. La afición no dejó ninguna duda con el desplazamiento masivo para acompañar al equipo en la victoria en el partido de ida en Praga, donde las checas reunieron a cerca de 1.000 espectadores. Ahora, los nueve millares de asistentes del Felipe han contraatacado por todo lo alto. Tras el pitido final y con las pocas energías que todavía les quedaba en el cuerpo a las jugadoras después de un esfuerzo titánico, las aragonesas han tratado de devolver aunque fuera una mínima parte de la fiesta. Antes de marcharse los vestuarios, todas se han reunido, han bailado y, sobre todo, han celebrado entre aplausos una más que merecida clasificación que se ha gestado al rojo vivo.
Ni siquiera la celebración tras finalizar el encuentro ha sido suficiente para una afición con unas ganas desmedidas de dar amor al equipo. A la salida del recinto, a las jugadoras les esperaba el mismo ambiente que cuando han llegado al Príncipe Felipe: decenas de aficionados que han aguantado hasta el final para despedir a las aragonesas entre aplausos.
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