Anna Cruz viene de una experiencia complicada en el Araski y en el Casademont Zaragoza tiene claro que, más allá de los puros números o de los logros individuales, quiere recuperar confianza y sentirse arropada: «No me marco ningún objetivo de estadísticas, no me interesa.

Me gustaría sentir la confianza del cuerpo técnico y las compañeras, porque el baloncesto es un juego muy mental y una jugadora muy buena puede convertirse en pésima si no tiene la confianza del entrenador. Para mí es un punto muy importante y desde el día uno lo he sentido, sé que están de mi lado. Me gustaría sentirme arropada, porque se nos olvida un poco que somos humanos, que sentimos y padecemos», explicó la exterior barcelonesa.

Después de, por ejemplo, vencer la WNBA, ahora emprende una nueva aventura en el Casademont, un club que ha escogido porque «tiene un proyecto ilusionante» y ambas partes «nos hemos mostrado confianza». Además, «es un poco diferente a lo que estamos acostumbrados en la Liga porque apuesta muy fuerte por el femenino, trata igual al femenino y es algo que las deportistas echamos de menos y que se agradece», incidió Cruz.

Pero, por supuesto, además de las buenas palabras de Laura Nicholls, el equipo que tiene el cuadro aragonés ha tenido que ver en su decisión de unirse al Casademont. «Hay jugadoras con mucho talento y a nivel grupal hay margen de mejora, lo cual es positivo. Quiero sumar todo lo que pueda y a ver cómo va esta segunda vuelta, ojalá vayamos hacia arriba», comentó. Y agregó: «Hay jugadoras con talento y con nombre, pero eso no lo es todo, tenemos que funcionar como equipo y encontrarnos en la pista».

Eso sí, de momento no quiere oír hablar de metas: «El objetivo es ir partido a partido y crecer como equipo. Hay ganas, la actitud es buena, están trabajando bien y hay que luchar cada partido porque quitando los dos primeros el resto estamos en un pelotón y cualquiera te puede dar un susto», resaltó la barcelonesa.

elperiodicodearagon.com
foto: Jaime Galindo