El confeti dorado perfora el aire y baila libérrimo por la cancha. Belleza de colores: dorado y negro ensalzan el imponente rojo. Destellos de plata en el centro. Es la copa tan deseada en el centro. Un escenario que homenajea a las campeonas. Solo falta el público.

 

El pasado 7 de marzo el Uni Girona ganó por primera vez en su historia la Copa de la Reina. Con un juego solidario y lleno de bravura cuando acaece de pronto como un fuego que quema el alma, el pánico a fallar y que te señalen todas las miradas. En semifinales se cargó a Salamanca, que llevaba una racha de 41 victorias seguidas. Casi nada. Perfumerías le había derrotado en las últimas cuatro finales. Casi nada. El destino se repetía al final del tercer cuarto, perdiendo 60 a 48. Mucho esfuerzo, pero la distancia en el resultado se antojaban de nuevo imposible. Casi nada.

Pero emergió la esencia del club. Cada segundo es una lucha a vida o muerte. Y poco a poco, el equipo catalán fue minando al gran favorito. Se forzó la prórroga, en la que las gerundenses jugaron sublimes, hasta ganar con una solvencia impensable, 78 a 91. El último escollo de la final, las anfitrionas. Casi nada. Un equipo en construcción con músculo económico que ya es la alternativa. Encima, no da un balón por perdido. Un rival incómodo para lucirse. Pero Girona sabía que era su oportunidad. Lleva varios años peleando en el baloncesto femenino. En su haber, dos Ligas, dos Supercopas y la flamante Copa de la Reina. Y subiendo cada temporada peldaños en la imposible Euroliga. Estos días está disputando los cuartos de final por primera vez. Su rival, Avenida Salamanca. Partido a doble vuelta. Los dos en Salamanca, curiosidades de la vida. Deberá remontar el viernes ocho puntos (66-74). Parece una quimera, pero sería imposible con los 18 puntos que tuvo que remontar. Todo adverso. Pero este equipo nunca se rinde. Y menos si el sueño es la Final Four. De hecho, fue la eliminatoria más igualada de todas.

 

Resulta curioso que a pesar de romper barreras año a año, no es extraño encontrarse a sus jugadoras emblema por la ciudad, disfrutando de una vida tranquila en el anonimato lejos de los focos mediático. La fórmula de estrellas curtidas del viejo continente, talento nacional y participación de jóvenes de la cantera procura construir un modelo de club de éxito sostenible en el tiempo, siempre temblando para cuadrar un malherido presupuesto. Una entidad que derrumba muros forjando su esencia a base de humildad, trabajo en la sombra y esfuerzo a raudales que engancha cada día a más aficionados de la ciudad.

 

En medio del talento europeo, cada vez suena más el nombre de María Araújo. Una jugadora imprescindible. De las que crean equipos con su actitud los lunes de diciembre que da pereza entrenar, y le permite cosechar gestas. En el cinco ideal de la Copa y MVP de la última jornada. Bonachona, currante por vocación, talentosa por tesón, juega bien hasta en el banquillo. Si falla, renace vigorosa de sus errores, toda una demostración de carácter. Y lo intenta de nuevo. Los ignorantes del juego pensamos en la casualidad cuando todos los rebotes va a ella. Pero andamos muy equivocados. Cazar el rebote, el gran secreto del baloncesto. Y María lo borda, allí, en esa tarea esencial poco vistosa. Cuando juega, lo hace todo. No por ella, sino por el equipo y porque toca, qué remedio. Una joven con experiencia de veterana. Abandonó el club de su vida para labrarse un nombre. Vaya si lo consiguió, lejos de los consejos de su madre, también una institución en este deporte. María Araújo, no olviden su nombre. Antes de que se la rifen los colosos de Europa, es un orgullo que esté en Girona. Ya celebrará su cumple en Vigo, su tierra natal, en agosto. Ahora déjenosla un poco más para que siga dibujando su historia mientras las conexión Girona-Vigo sigue felizmente en mi vida.

 

Jaume Arxer Fábrega
vigohoy.es
fotos LOKOS X EL BALONCESTO FEMENINO