Con 42 años y una dilatada carrera a sus espaldas, la base del Spar Girona ha conseguido hacer realidad el sueño de cualquier deportista

 

¿Le da la impresión de que después de anunciar la despedida de la selección muchos ya la dan por retirada definitivamente?

Sí. Y tenemos a Laia, aunque sea, para esta temporada. El adiós de la selección debía formalizarse, aunque la decisión ya estuviera tomada, pero no quiero darle el cariz de retirada porque sigo jugando. Es un poco como si nadie se acordara del Uni. Estoy en Fontajau, aunque también entiendo que mucha gente de fuera de Girona me vincule más con la selección. De momento, hasta mayo, sigo con mi vida de siempre que es bastante ajetreada.

¿Qué fue más difícil: decidir seguir jugando esta temporada o plegar de la selección?

Son dos cosas distintas. Una cosa es continuar, y otra cerrar. La retirada de la selección la tenía mega clara, pero, al igual que yo, creo que todo el mundo. En Tokio no me sentí capaz de hacerlo, porque no era el momento. Teníamos que estar pendientes del equipo y no de mí. Además, estaba triste como para tener que hacer declaraciones. Mientras que la decisión de seguir fue más complicada. Me hace ilusión y me gusta jugar en el Uni, pero acabé justa el curso pasado. Me esperaba todo un verano por delante y tuve que calibrar muy bien lo que podía ofrecer al club. La temporada es dura y por el proyecto sabía que debería trabajar. Si sigo es porque sé que puedo aportar y que puedo hacerlo a mi nivel. No tuve dudas, pero sí valoré mucho si podía hacerlo.

¿Girona también debería valorar más tener el Uni?

Bastante. Es muy difícil lo que está haciendo el club. Hay un gran esfuerzo detrás para llevar a las jugadoras y conseguir cada año estos equipos. ¿Cómo puede que tengamos esta plantilla aquí? Ha trascendido con títulos como Liga, Supercopa o Copa de la Reina, pero si un año no se gana nada tampoco debe ser un fracaso. La Liga está como está, jugamos la Euroliga... Deberíamos celebrar cada partido en Europa como una final. No poder olvidar que es especial. Debemos tener claro de dónde venimos, qué somos y qué hay. Estoy súper contenta de la afición en Fontajau. Hemos vuelto a los números de antes de la Covid. Se nota que existe una respuesta y que la gente está fidelizada con el proyecto. Debemos disfrutar del día a día porque el camino es más chulo si nos acompañan Hacerlo solo, si no, es una mierda. Una de las razones por las que decidí seguir era porque quería jugar bien a baloncesto, compartiéndolo y generando emociones.

¿Cómo lo hace para no crecer sabiendo que es una leyenda?

Me da la risa eso de ser leyenda. Las de la selección me lo dicen y nos mechamos de risa. Me da la sensación de que sigo haciendo lo mismo de siempre, pero paralelamente se ha construido todo esto. No soy mucho de mirar qué pasa en el mundo ni qué hacen los demás, porque me da igual, así que voy a la mía, como a mí me gusta y de la manera que creo que debe hacerse: entrenando.

20 años en la selección, se dice rápido.

No los he vivido como si fueran tantos. Cuando hablo con vosotros, los periodistas, sí me doy cuenta de todos los números, las fechas..., y pienso: ‘cojones’. Está claro que hay un legado y que me ha tocado estar a mí, también por el tema del femenino. Pero, vaya. Nosotros siempre hemos hecho el trabajo, independientemente de lo que ocurriera a nuestro alrededor. De si había o no público. Nunca ha habido. Hemos jugado partidos importantes, cuartos de final, Europeos..., con pabellones vacíos. Me hacía gracia quienes se quejaban de la pandemia porque fue lo que vivíamos nosotros hace 10 años.

¿El fútbol debe aprender del baloncesto?

No entiendo el tratamiento del fútbol femenino. Hablamos mucho y me sabe mal porque yo no quiero este tipo de promoción de la mujer. Tengo la sensación de que repetimos patrones. No salimos de allí. Falta una cultura deportiva, ese es el problema. Me jode que la mirada hacia el deporte femenino se haga de la misma forma que se mira el fútbol. Hay un crecimiento detrás, que creo que el fútbol femenino no ha tenido. Ha salido como una seta que de repente ya está al máximo nivel. Para las jugadoras es perjudicial porque las sitúan en un sitio sin haber construido todo el camino antes, se lo han encontrado. Y es necesario hacerlo poco a poco. La profesión engloba muchas cosas, no sólo marcar goles o poner canastas. Creo que se están saltando pasos. Nosotros llevamos 20 años trabajando para ganar.

¿Las mujeres somos las primeras que pasamos por el aro?

Al final somos soldados rasos. No decidimos. Yo puedo decirlo porque tengo una perspectiva, pero las chicas que están empezando deben hacer todo el camino y darse cuenta de cómo deben actuar sobre la marcha. Nadie se negará a ser llevada ni a contar su historia. Debe hacerse. Son los medios quienes da importancia a las cosas y marque en qué hay que fijar la gente. Aparte de quien dirige las estructuras de los clubs y decide qué proyecto deportivo interesa. En la selección también hemos tenido mucha suerte de crecer con la generación de Gasol, etc. Si no, quizás no se hubiera invertido tiempo con nosotros.

Este año Marta Xargay y Anna Cruz acusaron a Lucas Mondelo de maltrato psicológico. ¿Cómo vivió esa etapa usted?

En el mundo del deporte de alto nivel, no todo son flores y violas. Cada vez hay más deportistas que lo revelan, pero no como sacrilegio sino que es así. Nuestra vida trata de traspasar límites. Por eso somos un segundo menos, una cesta más... El deporte profesional tiene zonas oscuras y hay momentos muy difíciles. Se hace duro. Terrible. Pero es que da igual que la vida. Hay problemas en el trabajo, familia... Pasan cosas. Lo nuestro va de equipo, convivencia y relaciones, y siempre hay situaciones complicadas de gestionar. Siempre. Lo siento porque la gente ha sufrido. Forma parte de nuestra historia.

¿Le quedan unos meses de baloncesto o no se pone límites?

Bien... (Bofa). Más que nunca, tomaré la decisión al final de temporada. No puedo asumirlo con tanta naturalidad como con la selección, que ya se retrasó un año por el aplazamiento de los Juegos, porque quedan muchos meses por delante. Y mucho trabajo. Sería un lastre.

¿Esto hace que viva más intensamente el día a día?

Sí. Tengo muy claro que algún día será mi último partido. Intento no pensar demasiado en ello. Voy haciendo sobre la marcha para valorar después cómo me he sentido. No es tan simple. Le doy vueltas todos los días, aunque las proyecciones son absurdas. Si tengo que bajar la persiana al final de temporada lo haré porque así lo habré oído. Y, cualquiera que sea la decisión, estará bien porque la habré tomado yo. No soy nada impulsiva, todo tiene una reflexión. A lo largo de mi vida siempre he estado donde he querido. Es súper importante.

¿Por qué el equipo perdió la confianza en el tiro exterior con tantas buenas jugadoras de fuera?

Esto ocurre. Y es una mierda. Somos un equipo que basamos mucha de nuestra energía en la defensa. Tenemos menos talento que el pasado año. Salvo Frida (Eldebrink), no tenemos un equipo de tiradoras puras. El esfuerzo que pagamos en defensa hace que no tengamos tanta fluidez en ataque. Tenemos los tiros igualmente, pero debemos trabajar el aspecto mental para ponerlos. Por mí vamos tarde en comparación Valencia o Salamanca. Apenas empezamos a construir cosas.

¿Qué aportarán Araújo y Onyenwere?

A María no debemos ponerle ningún tipo de presión por su regreso. Está como un toro, pero no debemos pensar en ella hasta partir de la Navidad. Michaela viene por ser importante, aunque también tendrá un proceso de adaptación. Apenas estamos integrando a Frida. Los roles cambiarán. Aún queda mandanga de la buena. Seremos el equipo top del invierno.

¿Se había encontrado alguna vez en una situación así?

Nunca. En toda mi vida, nunca había tenido tantos problemas para arrancar y construir el equipo. Todo necesita su tiempo. Tenemos muchas virtudes. La gente está ilusionada porque hay hambre, pero es cierto que hemos perdido a jugadoras de primer nivel como Sonja (Vasic) o Chelsea (Gray). Este año es un formato diferente de plantilla, que debe adaptarse. Debemos funcionar más como equipo, sin basarnos en las individualidades.

¿En algún momento pensaron que no era suficiente?

No. El año de Covid fue duro para el club. El presupuesto ha tenido que ajustarse. Aún así, creo que hemos hecho un equipo muy guapo.

¿Schio fue el punto de inflexión?

Sí. Fue ese partido para decir: 'Eh, podemos'. La confianza de los equipos también debe construirse. Llegamos a Schio que Kennedy (Burke) y yo acabábamos de aterrizar. Frida no jugó... Los equipos de Euroliga son buenos y tenemos un grupo potente. Pueden ocurrir muchas cosas. Aún tenemos que encontrar el núcleo duro y, sin embargo, no sé si nos servirá para todo. Quizás podemos perder contra el Salamanca, pero debemos asegurarnos de que lo conseguiremos para llegar hasta el máximo.

¿A la larga se ve haciendo de entrenadora o aportando desde un cargo federativo?

No quiero alejarme del baloncesto. La idea es que esté en la selección. Quiero animarlas, darles mi energía... Ya lo sentía en verano. Quiero sumar, no necesito hacerlo desde la pista. Ya no tengo la necesidad. También me estoy sacando el curso de entrenadora. No sé. Me gustaría regalarme un tiempo para mí porque soy un engordado y si me implico con algún proyecto lo haré al 200%. Iría bien algo de flow antes.

Tatiana Pérez
foto Marc Martí
diaridegirona.cat
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