En una Liga Femenina con la mayoría de equipos situados en la zona media norte de España, desde la esquina suroeste del país viaja en furgonetas o autocar para recorrer miles de kilómetros y disputar sus partidos como visitante el Club Baloncesto Conquero Huelva Wagen.

Esos viajes largos dan para soñar y este equipo humilde, con problemas económicos, pero rico en ilusión y corazón, ha explotado sus armas para ser el nuevo campeón de la Copa de la Reina, el primer título de su historia.

A la sombra de los equipos masculinos de Huelva se mantuvo durante años siendo un club exclusivamente de una cantera de niñas que querían ser grandes, hasta que comenzó con paso seguro a ascender hasta alcanzar hace cuatro años la máxima categoría nacional y ser la clara referencia de Andalucía en el baloncesto femenino.

Con un apasionado por este deporte como arquitecto, su técnico Gabriel Carrasco, se han confeccionado plantillas cada vez más competitivas con escasos recursos.

Este año el círculo se ha cerrado con un plantel de sólo nueve profesionales con talento de estrellas y alma de guerreras. Defensa hasta la extenuación, un juego interior poderoso y valentía en el exterior han sido sus argumentos.

Tras dos temporadas de lucha por la permanencia, la pasada campaña dio el salto al ser el equipo revelación. Fue finalista de la Copa de la Reina en Torrejón de Ardoz (Madrid), donde perdió ante Perfumerías Avenida una final que vio ganada y esta vez, en San Sebastián, no dejó que el trofeo se escapara.

No se separaba de él tras recogerlo la capitana Itziar Germán, que lo acunaba y besaba entre lágrimas con la boca abierta, ella que ha estado presente en todas las etapas de la entidad, consciente de que la gloria tiene un precio alto.

Tras continuos retrasos en la percepción de sus sueldos la plantilla se plantó hace dos semanas y dejó de entrenar, pese al riesgo de que se rompiera en dos un proyecto prometedor.

Amenazaron con no viajar al siguiente partido en Zamora de no cobrar y la MVP de la Liga y de esta Copa de la Reina, Adaora Elonu, la cumplió.

Esta semana seguía pendiendo de un hilo la participación del equipo, el baloncesto parecía en un segundo plano, pero una gestión de última hora, un remiendo temporal, le devolvió su sitio y allí el equipo demostró que está hecho para brillar.

Es un título que ha desbordado emociones contenidas, sufrimientos callados y que combate con su dulzor el sabor amargo de la incertidumbre de un equipo que marcha segundo en la Liga Femenina, que es un gigante del baloncesto con pies de barro en lo económico, pues padece un embargo de Hacienda, deudas y desajustes presupuestarios.


Son una seria amenaza, el principal obstáculo para que el equipo pueda seguir soñando en furgoneta o autocar camino del próximo partido.

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