Anna Carbó deja el baloncesto. Prematuramente, con sólo 27 años, y cuando había conseguido llegar a lo más alto, creciendo de la mano de aquel Uni Girona que había conocido ocho temporadas atrás cuando el club apenas empezaba a soñar a jugar algún día en la máxima catgoria del baloncesto femenino español.

El escolta barcelonesa, en una emocionante comparecencia que llenó la sala de prensa de Fontajau como no se veía desde hacía tiempo, no se ha podido recuperar de la grave lesión en el cartílago de la rodilla izquierda que se hizo en la pretemporada y que la ha dejado toda la temporada en blanco. Carbó puede hacer vida normal, pero los médicos le hicieron ver que no podía volver a las pistas con una exigencia profesional. De esta manera, ayer ponía punto y final a una etapa de ocho campañas en Fontajau en las que ha disputado 202 partidos oficiales con el Uni. Un auténtico referente, dentro y fuera de la pista.

Con la sala de prensa de Fontajau llena de directivos, jugadoras, y técnicos de la Uni, Carbó apareció acompañada por Anna Caula, la ex entrenadora del equipo, una persona clave para la llegada de la jugadora en el equipo y por su total integración en el club y en la ciudad desde que la «descubri» el verano de 2006 en el Europeo U18 de Tenerife. «Tengo que dejar el baloncesto mucho antes de lo que hubiera deseado por culpa de una grave lesión en la rodilla. He pasado ocho años magníficos en Girona, he vivido el ascenso a Liga Femenina y he crecido de la mano con el Uni. Cuando llegué era una chica de 19 años, con ganas de jugar al baloncesto y comerme el mundo, ahora me voy como capitana y como una gerundense más, después de haber vestido con orgullo esta camiseta », comenzó a relatar, visiblemente emocionada.

Carbó explicó que «haberme pasado todo este año en blanco, ha sido muy duro, nadie, y mucho menos yo, esperaba que la lesión acabara siendo tan grave. A medida que han ido pasando los meses he tenido y viendo que no me acababa de recuperar he tenido que tomar esta decisión. Fue muy duro cuando los médicos me dijeron que no podía seguir haciendo mi trabajo, que es jugar al baloncesto, y más ahora, con el club en lo más alto, jugando la Euroliga y viniendo de ganar la Liga »en aquel 23 de abril inolvidable del año pasado. El escolta, que compaginó su estancia en Girona con los estudios y tiene la carrera de Derecho, espera ahora "poder iniciar una nueva vida y encontrar un buen trabajo, a ser posible, vinculada al baloncesto». La gran espina que lleva es no haber podido debutar en la Euroliga, «el sueño que tenía desde que llegué aquí y que habíamos conseguido juntos el Uni y yo». Según reveló «en un momento dado me dijeron que si forzaba podría llegar al último partido europeo. Lo hice, por la ilusión de jugar la competición, pero todavía me hice más daño del que ya tenía », lamentó.

Jordi Roura
foto: A. Resclosa
diaridegirona.cat