Las Cabello, Teresa e Isabel, combinan las medallas en Campeonatos del Mundo de Vaurien con el baloncesto de alto nivel en el Celta y el Cortegada

 

Suena la bocina. Puede ser en el mar o en la pista. La de una máquina electrónica o un potente barco. Es el comienzo, el salir disparado en la competición para llegar en la mejor plaza posible o conseguir doblegar al rival. Es la vida de las hermanas Cabello, Teresa, la mayor con 19 años, e Isabel, la menor con 17. Ambas compaginan el baloncesto de alto nivel con medallas estatales y mundiales en la clase Vaurien de vela. En la segunda modalidad, impulsadas por su padre, Pablo Cabello, leyenda de la clase. En la disciplina de pista, por su propio talento: “No boté un balón en mi vida”, asume el padre de la familia y, sobre la vela, añade que “dicen que no navegan mucho, pero con tres años ya estaban en un barco. Llevan toda la vida”, resume.

La mayor del dúo es Teresa Cabello, campeona del mundo júnior femenina de la clase velística Vaurien en 2025 junto a Alba Abril. Quedó tercera en la general de mujeres tras obtener también medalla el año anterior. En 2023, terminó en la séptima posición absoluta con su padre Pablo. Una trayectoria similar a la de Isabel, aunque la menor de la saga tiene al regatista como patrón y dos podios consecutivos absolutos en 2024 (bronce) y 2025 (plata). Todo ello lo compaginan con el baloncesto de alto nivel, porque Teresa milita en el Cortegada de Vilagarcía en Liga Femenina 2, mientras que Isabel, en edad juvenil, ya entrena y hace la pretemporada con la plantilla sénior del Celta Femxa Zorka. Presente notable, futuro por descubrir.

“Se bajó del barco mi esposa cuando quedó embarazada de Teresa y se subieron ellas”, admite Pablo Cabello. Seguramente, no sería inmediato, pero casi porque “recuerdo ir a Eslovaquía en 2011 y cambiar algún pañal en el barco”, relata. “Desde que nací, estaba acompañando a mi padre en distintos barcos y, poco a poco, me fui metiendo en regatas. Nunca estuve en competiciones de una sola persona porque me daba un poco de medio”, expresa la joven de la saga, Isabel. Por su parte, Teresa describe que “recuerdo ir de pequeña a todos los Mundiales y Europeos. A competir, empecé con ocho años”.

En el baloncesto, el orden natural se alteró. Pese a que la mayor fue la que antes entró en la pista, salió rápido al no gustarle e Isabel probó el curso siguiente: “Me gustó. Después, entró mi hermano pequeño y Teresa se unió. Fue la última de los tres, pese a ser la mayor”. En los equipos escolares duraron poco, ya que el Celta Bosco las captó rápido para sus categorías inferiores, que fueron cubriendo sin pausa una tras otra. Eso sí, al finalizar el bachillerato, “quería estudiar Farmacia y me mudé a Santiago. Surgió la opción de jugar en el Cortegada y, como varias compañeras también hacían las dos cosas, di el paso. También estaba el reto deportivo de jugar en una categoría superior”. En este caso, la Liga Femenina 2, tercera división de España.

 

Esta dedicación exige un día a día de mucha actividad. “En invierno, la temporada es de baloncesto. Tengo un compromiso con el Celta, cuando estaba allí, como con el Cortegada ahora, que le doy una disponibilidad a tiempo completo. En verano sí que entreno, hago las regatas que puedo y los Mundiales”, expresa la mayor de las hermanas y explica que pueden ir a las citas internacionales porque “en Vaurien, que es de dos personas, hay que cumplir unos requisitos de resultados y el que debe cubrirlos es el patrón. Por lo tanto, es el que debe hacer toda la temporada para tener estos buenos resultados. No hago la campaña completa, pero sí que cuando termina el curso de baloncesto, nos juntamos en el CAR de Vilagarcía y en regatas locales para preparar el Mundial”.

Este sistema de clasificación es el que permite subirse a Isabel Cabello al barco de Pablo. “Este año, fue el tercer Mundial y el segundo con mi padre. Hicimos algunas regatas antes para entrenar. En 2024, fuimos juntos y todo salió mejor de lo esperado, de forma que repetimos y todavía fue mejor que el anterior”, relata Isabel. Aunque no lo confirma, su padre admite que “ya me dijo que para el año la apunte, a ver qué pasa”.

“Estar en el agua es algo increíble. Me gusta todo y mi padre como patrón me gusta mucho porque él manda y yo me dejo mandar”, indica la joven. Algo que confirma el veterano y señala que “para mí es un orgullo que, a su edad, sigan queriendo competir conmigo, como es el caso de Isabel o como hizo Teresa, que se ofreció a venir a Roma con el barco. Se pegó tres días de carretera para llegar al Mundial”, relata Pablo Cabello.

Con la llegada del otoño, regresa la rutina de entrenamientos y estudios para las hermanas Cabello. Una en Santiago y otra en Vigo. Teresa es una jugadora interior, una pívot fuerte y, de hecho, grande para un barco como el Vaurien: “En la fuerza de manos y piernas se nota el baloncesto, pero es cierto que termino magullada y llena de golpes en las regatas”. Por su parte, Isa, que ya tuvo minutos con el Celta en pretemporada, manifiesta que “juego de alero y creo que va a ser mi posición definitiva. No tengo la altura para ir al interior, ni el manejo para ser una base o escolta”. Las hermanas ocupan puestos distintos en baloncesto y el mismo en vela. Ambas tripulantes.

Jorge Castro
atlantico.net