La pívot zaragozana se formó en la cantera del CN Helios, donde debutó en Liga Femenina 2 antes de dejar su ciudad natal para labrarse una carrera en el baloncesto profesional. Tras pasar por Castellón y Extremadura, juega esta temporada en el Zamarat Zamora, en la Liga Challenge
«Maña, maña». Así es como se define Ana Pérez Relancio. Y es que, aunque ahora desarrolle su carrera profesional en el baloncesto lejos de su ciudad natal, sus raíces están en Zaragoza. Curiosamente, sus andaduras en el deporte no empezaron en la disciplina en la que ahora se desempeña: «Yo realmente jugaba tenis en su momento, hasta los 14-15 años». Esa, en cambio, fue una conquista de su hermana, quien ya jugaba en el Helios y, según explica Ana, quería una compañera con la que jugar. «Fui creciendo y me hice alta y mi hermana me dijo: anda, métete a baloncesto, que se te va a dar bien», recuerda.
Con el cambio dejaba atrás un deporte que le gustaba, pero cuyo individualismo no disfrutaba del todo: «Estás tú solo, la cagas tú, aciertas tú». Eso sí, admite que esa etapa le dio «dureza mental». Una vez tomada la decisión, se empezó a formar en el CN Helios, y el salto a la categoría nacional fue un sueño cumplido. «Siempre decíamos: imagínate si llegamos a Liga 2», relata. Cuando ascendieron, recuerda llorar de emoción con su amiga y compañera. Fue entonces, bajo las órdenes de Javier Aladrén, cuando sintió el «detonante de algo más profesional».
Ese nivel de exigencia implicaba compaginarlo con los estudios de Economía, que empezó en 2020: «Sigo estudiando la carrera», admite. «Es duro mentalmente porque ves cómo el resto de personas avanzan», confiesa, aunque ahora entiende que «cada uno tiene su camino y su timing». De hecho, para Ana la dificultad no está en el sacrificio, ya que es, confiesa, una «friki» del entrenamiento. «Cuando estábamos en Nacional entrenábamos tres días a la semana y yo iba un cuarto, o me escapaba de clase y me iba a tirar yo sola», reconoce, si bien es cierto que su rutina actual en Zamora es de doble sesión de entrenamiento casi cada día.
Al Zamarat llegó este verano tras haber jugado en Castellón y Extremadura. Aunque esta temporada era de «transición» para un «club con mucho nombre», el equipo ha empezado fuerte. «Yo creo que podemos dar mucho mal y llegar a playoffs». Con su 1,80 m de altura, Ana juega de pívot o ala-pívot, pero su estilo es peculiar. «Soy una pívot que no soy pívot, soy más una ‘tres’ metida en una posición de ‘cuatro’» explica. Rehúsa el contacto y prefiere dar «un poco de espectáculo», aunque a veces le «echan la bronca por esto»: «O me odias o me quieres», añade.
Ana es consciente de la evolución de su deporte en los últimos años. De pequeña, sus referentes eran jugadores de la NBA como Kobe o Pau Gasol, porque el baloncesto femenino «no tenía para nada el alcance que tiene ahora». Hoy, mientras la disciplina sigue progresando, admira a jugadoras como Mariona Ortiz. «Ha cambiado bastante, pero seguimos por debajo», señala. Tal y como explica, el problema no es solo la diferencia en salarios o convenios deportivos, sino el punto de partida: «Si las administraciones públicas, a un equipo que está en tercera división y a un equipo que está en tercera división femenina, les paga distinto, parten con distinta base para generar un espectáculo».
A día de hoy, Ana está más que contenta en su club y, aunque su idea es establecerse en Zamora y «crecer desde ahí», su corazón sigue en casa. En este sentido, la jugadora zaragozana reconoce que, en un hipotético caso en el que, algún día, le llegara la llamada del Casademont, tendría muy pocas dudas: «Me tiro a donde sea, aunque sea un año de no jugar minutos y solo entrenar, me da igual. Al final es aprender de gente que tiene un nivel increíble». Un sueño que, afirma, no solo le haría ilusión a ella: «Mi abuelo se muere si yo le digo eso».
Bruno Palacio
elperiodicodearagon.com
foto: CD Zamarat