Ha dejado huella en Lugo, Huelva, en su Valencia natal y en Vigo, donde está siendo la referente del Celta Zorka Recalvi, un equipo joven y con mucha ambición. Repasamos con Itziar Germán sus 400 partidos en competiciones FEB, cumplidos el pasado fin de semana.

 

Nacida en Valencia, Itziar Germán es una de esas jugadoras carismáticas del baloncesto femenino español. A sus 33 años ha pasado por la cantera de mejor Ros Casares, por un histórico como el Ensino Breogán, por el CB Conquero que revolucionó la Liga Femenina en la época de la crisis, y ahora es parte importante de un histórico Celta Zorka Recalvi en su ambición de volver a la LF Endesa.

El pasado sábado disputó su partido 400 en competiciones FEB, 194 de ellos en la máxima categoría. Son 10.000 minutos de juego, más de 3.100 puntos anotados y 1.500 rebotes capturados… y sobre todo mucha incidencia dentro y fuera de la pista en los equipos de los que ha formado parte. Una jugadora de carácter con la que repasamos su trayectoria, del naranja del Ros Casares al celeste del RC Celta Zorka Recalvi.

400 partidos en Competiciones FEB ¿cómo se ve el camino cuando se mira para atrás?
Está claro que a lo largo de tanto tiempo tiene que haber momentos buenos y momentos malos. Pero si he llegado hasta los 400 partidos es porque son muchos más los recuerdos agradables. Echando la vista atrás, estoy contenta de mi trayectoria.

Hacemos un repaso… los inicios en Valencia, con un Ros Casares como gran referente
Aquel equipo era un increíble grupo de estrellas. Estaban Amaya Valdemoro, Elisa Aguilar, Marta Fernández, Ingrid Pons, Trisha Fallon… cuando estaba cerca de ellas comenzaban a temblarme las piernas. Y cuando entrenaba con ellas, lo hacía con muchísimas ganas, con una enorme ilusión, porque sabía que tenía que hacerlo muy bien para no desentonar en esos entrenamientos. Fue una época muy dura, porque entrenaba con el primer equipo, pero también con mi categoría, e incluso algunas temporadas con una categoría superior.

Luego llegó tu primera experiencia fuera de casa, en Lugo, todavía con 18 añitos. ¿Cómo te trataron?
Tengo buenos recuerdos de esos años. Tuve suerte y coincidí con Blanca Martín, una jugadora de mi edad en nuestra primera experiencia fuera de casa. Congeniamos muy bien, teníamos esa ‘locura’ de juventud y esos primeros meses fueron muy divertidos. Luego en cuanto te metes en dinámica de entrenamientos, partidos, viajes… todo cambia y maduras rápidamente.

¿Y cómo te fue deportivamente?
Pues estuve las seis primeras jornadas casi sin tocar la pista, pero en la séptima viajamos a Madrid para jugar con el Estudiantes; me dio minutos Manel Sánchez y me salió un partido muy bueno (anotó 13 puntos con 2 de 2 en triples | Estadística). Eso fue un punto de inflexión. Me gané la confianza y al final jugué muchos minutos. Fue otro momento importante de mi carrera, en el que me tocaba defender a la pívot americana y competir a otro nivel.

Un año en Burgos, otro en Badajoz, vuelta a Galicia en Santiago… fueron tus temporadas más viajeras ¿no?
Pero no fue voluntariamente. Es cierto que sólo estaba una temporada en cada equipo, pero siempre fueron motivos externos. Fue el principio de la crisis económica, y los equipos renunciaban a la categoría o incluso desaparecían.

Hasta que llegas a Huelva, una época importante deportivamente
Huelva es mi ciudad especial. Fue tan bonita esa etapa como tan dolorosa fue la salida, un mes antes de terminar la temporada y en mitad de problemas económicos. Pero tengo recuerdos imborrables de aquella época. Primero, el ascenso. Estábamos en LF2, y organizamos la Fase Final en Huelva. Unos días muy intensos, el pabellón lleno, la afición disfrutando del equipo… esa imagen la tengo siempre grabada. Y luego en Liga Femenina fue un camino siempre ascendente: una primera temporada de consolidación y luego siendo cada vez más competitivas.

…Hasta llegar a la Copa de la Reina de Donosti 2016
Fue un momento increíble, pero también con buenos y malos recuerdos. El club tenía problemas económicos, las cosas no iban bien, hicimos una mini-huelga porque se nos cuestionó a las jugadoras. Pero al final tiramos de orgullo, fuimos a la Copa y ganamos a Perfumerías en la final. Yo llegué en un momento difícil, hacía un año que se había muerto mi padre, las circunstancias no fueron agradables… todo eso hizo que levantar esa Copa fue más especial.

También has aprovechado los veranos para jugar en Argentina. Una experiencia deportiva y entiendo que también personal…
Y, por qué no, también económica. Las jugadoras cobramos los siete meses de la temporada y Argentina te da la oportunidad de complementar los ingresos. Además, en mi caso personal, he estado en clubes muy serios y profesionales donde me siento valorada y querida. Es una suerte tener ese apoyo de los clubes argentinos.

Y vuelta a Galicia, en un equipo en que también has tenido un papel importante
Claro, porque soy la veterana y le saco diez años por lo menos al resto de jugadoras (risas). Hablando en serio, es un papel que me encanta y que asumo perfectamente. Después de un año en Bembibre, recibí la llamada de Carlos Colinas, el director deportivo del Celta Zorka Recalvi, y me pidió formar parte de su club. Yo conocía a Carlos, conocía a Cristina Cantero, a la que me he enfrentado en la pista varias veces, y aposté por ellos. Son profesionales, sinceros, y personas de confianza. Y a lo mejor, llegas a una edad en la que eso está por encima de otras cosas.

Deportivamente tenéis un objetivo claro en Vigo, que se os ha escapado en los dos últimos años…
Efectivamente. Llevamos dos temporadas muy buenas y lo mínimo que tenemos en mente es igualar esos resultados llegando a la Fase Final. Una vez allí, habrá que ver las circunstancias y ojalá que a la tercera sea la vencida.

En Celta estás entrenando en categorías de formación ¿Te ves como entrenadora?
Creo que no. Me gusta entrenar a niñas, porque disfruto de la inocencia y la alegría que no tenemos los adultos. Es como una vuelta a un mundo más bonito en el que los problemas son todos más simples y sencillos. Es el momento de no pensar en nada y disfrutar del baloncesto más puro. Pero eso no tiene nada que ver con entrenar a profesionales.

¿Y cómo ves el futuro?
Ya con 33 años ves que va llegando el final, y empiezas a pensar cómo te gustaría retirarte. Sería muy bonito ascender con el Celta Zorka Recalvi y regresar a la LF Endesa. Sería un punto y final increíble.

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