Resulta complicado imaginarse al Universitario Ferrol sin Leopoldo Ibáñez y a Leopoldo Ibáñez sin el Universitario Ferrol, pero después de 23 años de entrelazar sus vidas ha llegado el momento de poner distancia. El que fue fundador, “alma mater” y presidente de la entidad durante los últimos ocho años ha decidido dar un paso atrás y desvincularse de un club en el que lo ha sido todo. Un paso muy meditado, que llevaba tiempo advirtiendo, pero que la incertidumbre que rodea la actual situación en todos los órdenes de la vida ha precipitado.

 

¿Por qué tomo la decisión de no continuar en el Uni Ferrol?
Después de 23 años, creo que va siendo hora de hacerse a un lado y dejar el club en piloto automático y bien encarrilado en manos de la gente que me ha acompañado en los últimos años. La situación actual es difícil en el deporte, en los trabajos, en la vida de todo el mundo... Lo hablé con mi familia y, ahora mismo, es lo mejor.

¿En qué situación llega el club a este cambio de ciclo?
Creo que queda en una buena situación. Desde el punto de vista económico solo tiene deudas financieras con los bancos, por el anticipo de las subvenciones, y algunas conmigo y mi familia. Las primeras son de bajo riesgo y están avaladas por esas subvenciones, que habrá que justificar debidamente; y la segundas, habrá que compensarlas poco a poco, pero sin que eso ponga en riesgo la viabilidad del club. Ahora mismo hay liquidez para asumir los gastos hasta diciembre, lo que ya es más que el año pasado. A partir de ahí hay que cerrar gestiones para sustituir un patrocinio que reemplace a Clesa, que con su marcha nos ha dejado muy tocados. Pero eso está bien encaminado en varias direcciones. Se trata básicamente de seguir la misma hoja de ruta que en los últimos años. La nueva directiva tendrá que trabajar mucho, porque este siempre ha sido un club de pico y pala, sin un patrocinador fuerte detrás, en el que todo lo que se ha conseguido es con mucho trabajo para completar un presupuesto que permita a Ferrol tener un club en la elite del baloncesto y a 200 niños y niñas detrás, haciendo deporte, y siendo un referente.

Y, deportivamente, ¿cómo deja el club?
El tema del Covid-19 nos está complicando el principio de temporada, para que las jugadoras lleguen a tiempo, pero está todo encarrilado. Se ha hecho un equipo fuerte, de garantías, que es una continuidad del que había el año pasado, para estar arriba luchando por el ascenso. Ahora depende del trabajo de Lino López y de las jugadoras.

A mediado de este mes el club celebrará una asamblea extraordinaria de socios para abordar la renovación de la directiva, ¿cómo se plantea esta sucesión?
Creo que es un proceso natural. Me gustaría que toda la junta siguiese y el presidente saliese de ahí. Hay gente muy capacitada para liderar el club, pero creo que lo importante es que sea una persona sensata, no un “hooligan”. Yo me comprometí con ellos a que, durante un año les ayudaría en todo lo que pudiese –trabajo físico, administrativo, informático, negociaciones con patrocinadores, justificación de subvenciones...–, pero de una forma externa. No quiero formar parte de la directiva ni influir en sus decisiones.

¿Le preocupa este proceso de transición?
Sí, evidentemente me preocupa, pero hay que dar un paso adelante. Uno tiene una responsabilidad, pero solo hasta el momento en que decide marcharse. A partir de ahí ya no dependerá de mí. Pero sí que tengo esa preocupación, porque quiero que el club siga adelante, quiero ver al equipo en División de Honor la próxima temporada...

Después de una campaña tan difícil y atípica como la pasada, ¿se marcha con la espinita clavada de no dejar al equipo en Liga Femenina 1?
Claro. Lo del año pasado fue horroroso. Después del esfuerzo presupuestario tan grande que se hizo, que al final no se pudiese jugar la fase de ascenso fue un revés muy importante a nivel económico y deportivo. Así que claro, me voy con esa “pena”. Creo que el momento más gratificante de mi vida relacionado con el Uni fue el primer ascenso a Liga Femenina 1, en la temporada 2005, en Sóller. Jugar años después los play-off por el título fue importante, porque dimos otro salto de calidad, pero ese ascenso, en un momento en el que el club solo tenía ocho años de historia, fue la leche para su crecimiento.

Si el primer ascenso a Liga Femenina 1 fue el mejor momento, ¿cuál ha sido el peor?
Los malos momentos te duran una semana. Después te olvidas de ellos. Pero creo lo más difícil fue tener que despedir a dos entrenadores: Jacinto Carvajal y Carles Martínez. Con Jacinto no fue tan grave, porque éramos un equipo de Liga Femenina 2, normalito, y, al final, la cosa salió bien, porque le dimos la alternativa a Lino López, que era un hombre de la casa, y supo aprovecharla. Pero lo de Carles Martínez fue terrible. Fue una apuesta arriesgada y después de cuatro entrenamientos ya se vio que la cosa no iba, pero nuestro margen para cambiar algo era cero. Fue muy duro meterle el “muerto” después a Sandra Prieto. Despedir a Carles fue un momento muy difícil. A nivel deportivo se hizo mucho daño con la mala construcción del equipo y lo peor es que perdimos la categoría y todavía lo estamos pagando ahora. A veces no valoramos que el trabajo de los entrenadores no es solo en el día a día, sino que empieza mucho antes de la temporada. Tener un entrenador que con el dinero que tienes sea capaz de construir un equipo coherente es la leche.

En lo personal, ¿cómo afronta esta retirada?
Yo en mi vida ya he tenido varias jubilaciones y las he llevado bien. Fui maestro 39 años. Siempre pensé que moriría con las botas puestas y, al final, me marché y lo llevé bien. Dediqué mitad de mi vida profesional, 22 años, a la política, en el Patronato y como concejal de Deportes, y también lo superé. Ahora me dedicaré a enseñarle a mi nieto a tirar y a botar con la izquierda, iré a ver más deportes que el baloncesto y trataré de ayudar al que me lo pida. Ahora estoy colaborando con un club de chicas de Ferrol, que están en una situación complicada, para salir adelante... Al final, mi familia tiene asumido que me meteré en algún “lío”, pero que sea a media jornada y con menor responsabilidad.

¿Qué legado le gustaría haber dejado en el mundo del baloncesto y del deporte local?
No quiero dejar legados, solo que el Uni ascienda. He hecho las cosas lo mejor que he podido para que queden ahí. Pero cuando haces algo no debes esperar reconocimiento, porque este nunca va a satisfacer las expectativas. Lo mejor es no esperar nada. Para mí es más gratificante los amigos que he dejado y poder compartir una cerveza con alguien con el que has compartido tantas cosas.

diariodeferrol.com
foto: Jorge Meis