Después de romperse el ligamento cruzado y los dos meniscos de la rodilla derecha, la base del CN Helios regresa este curso a las pistas repleta de felicidad. “Solo pienso en disfrutar”, anuncia.

 

El calvario de Marina García comenzó hace dos años, en diciembre de 2020. A los 19 años, aquella niña que con solo 5 años ya anotaba canastas en el patio del colegio Doctor Azúa, cuna de importantes jugadores aragoneses como Rodrigo San Miguel, se acababa de destrozar la rodilla derecha. Su equipo, el CN Helios, perdió el partido de Liga Femenina 2 ante el Stadium Casablanca, pero lo verdaderamente doloroso no era el marcador, sino el diagnóstico médico que conoció pocos días más tarde: rotura del ligamento cruzado y los dos meniscos. Nadie mejor que la protagonista de esta historia para relatar, paso a paso, el duro y oscuro camino que ha recorrido estos dos años hasta alcanzar su gran objetivo: volver a sonreír sobre una pista de baloncesto.

“Era el principio de la temporada, llevaríamos cuatro o cinco partidos. Antes tuve un pequeño susto, pero nada que ver con lo que vendría después”, arranca la base aragonesa, que tuvo su primera visita al quirófano en febrero de 2021. “Tuve una recuperación complicada de la operación: tenía dolores, pero nadie sabía decirme los motivos. Me hice varias resonancias sin encontrar la razón”, explica.

Ahí comenzó un serial infinito de infiltraciones, visitas a fisioterapeutas, traumatólogos… hasta que adoptó la difícil decisión de volver a operarse en septiembre de ese mismo año. “Vieron que el menisco seguía afectado y me quitaron un trozo. Ahí parecía que encontraba un poco la luz, porque había un problema y creíamos haber encontrado la solución, pero la realidad era que el dolor seguía ahí. La sensación era que me había operado para nada”, relata Marina.

La realidad hoy es que esa inexplicable molestia sí se ha “minimizado” para poder volver a jugar a baloncesto, a pesar de que no ha desaparecido por completo. “Tengo un dolor crónico en la rodilla que está ahí y nadie sabe porqué. A nivel de estabilidad no tengo problemas, pero la molestia me acompaña tanto en mi vida normal como en el deporte”, afirma.

“No sé qué te pasa y no puedo hacer nada más”

Durante estos dos años de miedos, dudas, incertidumbres e infinidad de preguntas sin respuesta, Marina asegura que vivió multitud de “altibajos” emocionales. “He escuchado de todo. Desde que no iba a volver a jugar a baloncesto hasta decirme: ‘No sé qué te pasa y no puedo hacer nada más por ti’. Esto sí lo he escuchado varias veces”, recuerda con resignación.

En las primeras visitas a los especialistas, su optimismo era pleno. El paso del tiempo y la falta de certezas agudizaron el sentimiento de tristeza. “Al final ya iba sin ninguna expectativa, asumiendo que no tenía solución. Si la había, esa alegría que me llevaba”, evoca.

Ahora Marina solo mira al presente. Miembro del equipo de Primera Nacional femenino del CN Helios, esta temporada ha retomado progresivamente su pasión. “La vuelta a los entrenamientos fue poco a poco, tanto mi entrenador como mis compañeras me han ayudado en todo. Tengo un grupo humano muy bueno y hemos estado en contacto en todo momento. Al no jugar, era diferente, pero ahora la conexión es total”, asegura.

Después de dos años en el dique seco, la directora de juego aragonesa tiene un claro objetivo: recuperar el tiempo perdido. “Solo pienso en disfrutar, quiero sentirme bien sobre la pista y aprovechar todo lo que me he perdido hasta ahora. Si me tiene que pasar algo, ya me pasará”, sentencia con una sonrisa. Una expresión de felicidad muy difícil de borrar de su rostro.

J. O. L.
foto: Toni Galán
heraldo.es