El Mariscos Antón Cortegada tiene esta temporada apellido campeón de la NBA. Al Horford es el hermano de Maira, jugadora que este año defiende los intereses del equipo vilagarciano. Tras un arranque convulso, la brasileña-dominicana está plenamente enfocada en alcanzar su mejor versión.

 

Maira Fernanda Horford de Andrade aterrizó en Vilagarcía con un apellido que destila glamour baloncestístico. Hermana del reciente campeón de la NBA Al Horford e hija de Tito Horford, leyenda del baloncesto dominicano, la interior se ha convertido desde septiembre en una de las caras nuevas del Mariscos Antón Cortegada. Su desembarco, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo.

Su fichaje quedó atrapado durante semanas en un laberinto burocrático que aún hoy recuerda con resignación. «Empecé un poco tarde porque la visa no había salido en Brasil. Luego llegué y me perdí los tres primeros partidos, poco después estuve enferma con la barriga mala… La verdad es que fue un comienzo que no esperaba», explica. Un arranque a contrapié para una jugadora que llegaba con ganas de demostrar desde el primer día. «Pero ahora ya estamos enfocadas en la plantilla», recalca, decidida a pasar página.

Todavía lejos de su techo, Horford admite que está en pleno proceso de construcción de su mejor versión. El tono físico es una de las claves de su juego, y ella lo sabe: necesita piernas y energía para desplegar su potencia cerca del aro. «Poco a poco voy hacia arriba», resume. En las primeras jornadas, incluso algunos golpes en pista le obligaron a contemporizar más de lo que le hubiera gustado, pero todo forma parte del mismo camino de adaptación.

Los números explican bien ese proceso: seis partidos, 4,5 puntos y 4,7 rebotes en algo más de 17 minutos por encuentro. Cifras sólidas para una recién llegada, pero que a ella le saben a poco. Se define como una jugadora muy exigente consigo misma, que siempre quiere aportar más en todas las facetas. No se conforma con sumar, quiere marcar diferencias.

Esa autoexigencia conecta directamente con otro de los aspectos que la propia Maira se señala en rojo: la fortaleza mental. «A veces pierdo demasiada concentración frustrándome por algún error cometido. Manu, nuestro entrenador, siempre nos dice que pensemos en la siguiente acción y sé que tengo que mejorar en eso», reconoce con sinceridad. El discurso encaja con la filosofía del equipo: equivocarse forma parte del juego, pero quedarse anclada en el fallo es un lujo que una plantilla ambiciosa no se puede permitir.

En el baloncesto que propone Manu Santos, la ala-pívot se siente cada vez más cómoda. «Me encanta el ritmo, el equipo y cómo entrena Manu Santos», asegura. El Mariscos Antón Cortegada ocupa actualmente la cuarta plaza con un balance de 7 victorias en 10 jornadas, pero la jugadora dominicana está convencida de que el grupo tiene margen para apuntar más alto: «Creo que podemos estar más arriba en la clasificación».

Esa ambición no le impide ser crítica con el juego del equipo. Al contrario: para Maira, el crecimiento pasa por elevar el listón en las dos mitades de la pista. «Podemos mejorar en las dos partes de la cancha. Tenemos muy buenos conceptos, pero necesitamos estar muy enfocadas para poder dar nuestro mejor nivel», analiza. Y en ese camino también quedan cicatrices deportivas, como la derrota en el derbi ante el Arxil en Pontevedra. «La verdad es que todo salió mal. Empezamos mal y nunca encontramos la manera de jugar como sabemos hacerlo. Nadie se esperaba que pasase lo que pasó», admite aún con cierto resquemor.

La trayectoria de Horford antes de llegar a Vilagarcía ayuda a entender su madurez. Con experiencia en Liga Femenina 2 en las filas del Barakaldo y del Plasencia, la interior regresó a las competiciones españolas después de su paso por las ligas brasileñas. Desde esa perspectiva, valora el salto competitivo del torneo: «La liga crece cada año. Los equipos catalanes son un salto de categoría importante», apunta, consciente de que cada temporada el margen de error se estrecha

Utilizada principalmente en la posición de «4», Maira tiene muy claro a quién mira cuando se trata de aprender cómo dominar desde las posiciones interiores. Y no tiene que ir muy lejos para encontrar el espejo adecuado. Su referencia es su propio hermano, Al Horford, campeón de la NBA con los Boston Celtics. «Es una referencia para mí, está en la mejor liga del mundo. Juega muy bien y para el equipo. En eso es un poco como yo. Lo importante es el equipo. Y mi hermano es así también», explica con orgullo fraternal.

Mientras tanto, Maira se centra en su día a día en Vilagarcía, una ciudad en la que asegura sentirse ya como en casa. «Me gusta la ciudad, no he salido mucho, pero me gusta todo lo que veo», cuenta. Entre entrenamientos, partidos y la vida de vestuario, la rutina le ha ido encajando a la perfección. Sabe que la afición todavía no ha visto su mejor versión. Ella misma lo repite como una promesa.

Su hermano Al es su referente en la cancha
El talento viene de familia. Tito Horford, su padre, fue pionero dominicano en la NBA y otra figura esencial en su historia personal y deportiva. A él espera poder traerlo a Vilagarcía en los próximos meses. «Que venga mi hermano Al es más difícil, pero ya estoy hablando con mi padre para que venga a visitarme», confiesa entre risas. La imagen de Tito en el Sara Gómez, viendo a su hija con la camiseta del Mariscos Antón Cortegada, sería un guiño perfecto a esa saga que conecta la NBA con Vilagarcía

Diego Doval
foto: Iñaki Abella