Laia Palau (Barcelona, 1979) se ha transformado en un referente social sin haber dejado de ser una extraordinaria jugadora de baloncesto. La base se mantiene como un faro de sus equipos, pero también lleva la bandera de la igualdad desde el púlpito que le ofrecen los éxitos de la selección femenina, que pasa por su edad de oro con siete medallas consecutivas en los últimos campeonatos. La capitana fue la protagonista de una charla en el MARCA Sport Weekend.

 

Laia afronta una de sus temporadas más intensas y, debido al COVID-19, seguro que la más extraña. "Viendo lo que pasa en otros países, estoy agradecida por estar haciendo lo que nos gusta. Los planes a largo plazo ahora no se pueden concebir. Tenemos menos control sobre nuestra vida. Es una oportunidad para aprender a adaptarnos y cambiar", opina.

El próximo verano, la selección tiene agendada el Eurobasket, que se decidirá en Valencia, y los Juegos Olímpicos. "Primero, el Uni Girona. Y cuando acabe eso, me pongo con la selección si estoy bien", dice la jugadora, que no tiene contrato para la próxima temporada:"Hace mucho que no firmo más de un año. Si no estoy contenta, me quiero ir. Y si el club no está contento, no quiero que se me queden. No es un contrato con el club es conmigo misma".
Volver al podio en alguno de los dos torneos es un reto colosal. "El oro en el último Europeo ya fue muy mágico. Ahora tendremos la presión de defenderlo en casa. Y sobre los Juegos, no sé si serán viables", duda Laia, que es consciente de que "algún año no podremos hacer lo que hemos estado haciendo. Me parece increíble lo de los últimos años, pero nuestro equipo no es infinito y todo esto lo valoraremos cuando vengan vacas flacas".

Tras pasar por clubes de Polonia, República Checa, Francia, Australia y, por supuesto, España, la capitana tiene claro que la selección es "el equipo. Es volver a tus orígenes, tu idioma, tu lenguaje del baloncesto... Es un hogar, como volver a casa y ponerte las zapatillas". Por eso las experiencias se disfrutan tanto y las medallas quedan en un segundo plano: "Las tengo repartidas por las casa de mi vida. Sé dónde están, pero no las tengo a la vista. Las medallas simbolizan una cosa del momento, pero son un objeto. Lo importante es lo que se queda dentro, las emociones", dice quien ganó 12.

Su prolongada carrera le ha llevado a los 298 partidos internacionales y a otear sus cuartos Juegos, "una zanahoria que tengo delante para seguir", bromea a sus 41 años. "Para llegar aquí hay, primero, que poder hacerlo. Físicamente estoy disponible y me siento bien. Y segundo, te tiene que gustar lo que haces y me sigue gustando", explica Laia, que pone de ejemplo a otra gran veterana, Sue Bird, ganadora del anillo de la WNBAcon 40 años:"Hace poco, decía: '¿A un médico le preguntas a los 60 si sigue trabajando?'. Si estás en condiciones y este es tu trabajo, lo sigues haciendo".

¿Y cuando esto acabe? "Voy teniendo conversaciones. Opciones tendré dentro del baloncesto, pero mi pregunta es si quiero quedarme. Me gusta, pero hay otros momentos que pienso en los fines de semana, los viajes, los entrenamientos, el mismo estilo de vida. Cuando no me quiera sentir jugadora, imagino que me querré sentir otra cosa. Estaría bien saber si puedo dedicarme a algo diferente, ser otra Laia", afirma.

Inquietudes le sobran:escribir, leer, perderse en la naturaleza con su furgoneta... "Tengo curiosidad por muchas cosas. Por ejemplo, necesito el equilibrio con la naturaleza. Estamos desconectados de la Tierra. Está bien que la cuidemos, que encima todo lo que nos da es gratis: el mar, el sol... Hace bien para el alma",cuenta Laia, que se siente valorada más allá de las pistas:"Siento que tengo un punto de responsabilidad porque es un momento importante para las mujeres y quiero reivindicarlo".

Entre sus reivindicaciones, la igualdad entre hombres y mujeres en el deporte. "Más que conseguir éxitos, se está intentando transformar la sociedad y esto vale más que cualquier medalla", considera Palau, que aplaude el gesto de la FEB de igualar las primas de la selección masculina y la femenina. "Como empresa no te puedes permitir una diferencia de sueldos entre los dos sexos".

Su debilidad es Encarna Hernández, conocida como 'La niña del gancho', una exjugadora de 103 años a la que siempre que puede visita en su casa de Barcelona. "A su edad, está agradecida por las pequeñas cosas. Últimamente, como ella, yo peleo por acabar el día e irme a dormir tranquila pensando que me he portado bien". Laia Palau, siempre un ejemplo.

Nacho Duque
marca.com