Vivir un entorno cándido, más propio de los orígenes que de la élite del deporte, es lo que llevó a Anna Cruz a volver a España después de seis años en el extranjero o renunciar a la Selección Española en un año en el que esperan Juegos Olímpicos y Eurobasket. La alero de Barcelona, ganadora de la WNBA y la Euroliga, ahora piensa en disfrutar. “Con 23 años tiras con todo, pero después de todo lo vivido, priorizo sentirme bien”, cuenta a Newtral.es.

 

A Anna Cruz (Barcelona, 1986) no hace falta exigirle, porque ya lleva la presión incorporada. Nunca mira sus estadísticas y prefiere valorar su juego por la sensación en la cancha, porque si lo hiciera, reconoce, solo miraría la parte negativa. “Me presiono hasta en el patio del colegio”. Una autoexigencia sustancial en la consecución del anillo al ganar la WNBA con Minnesota Lynx, siendo la segunda española en lograrlo después de Amaya Valdemoro.

 

Segunda española con un anillo WNBA

Anna agotó su etapa en la liga española y se marchó a Rusia. Competir con el Nadezhda Oremburgo por la Euroliga no parecía suficiente reto, y comenzó a compaginar el invierno ruso con la grandilocuencia de la liga americana durante el verano. La aventura comenzó con bajas expectativas, reconociéndose a sí misma como la europea que debía pasar mucho tiempo en el banquillo y mantener un perfil bajo. La realidad fue muy diferente.

Recién aterrizada en Nueva York, Anna veía cómo sus compañeras recogían su ropa de las taquillas día tras día, en una especie de casting donde reinaban el silencio y la tensión. En el primer partido, solo podían quedar doce de las dieciséis preseleccionadas. “El contexto era espectacular con disciplina, scouting, instalaciones… Con el tiempo le das valor, te das cuenta de que solo estar entre esas elegidas ya es muy difícil. Imagínate jugar y ganar”.

Un año después, en Minnesota, pasó de ser la séptima en rotación a jugadora titular. “No dormía mucho e iba con miedo a los entrenos, porque no quería ni perder un balón. Un día llamé a mis padres y les dije que de allí salía con el anillo o directamente a un psiquiátrico. Estás tan volcada que se convierte en una obsesión y cada entrenamiento era sufrimiento. No paraba de tener pesadillas”.

Su subconsciente le decía que jamás lograría este triunfo, pero cada partido las cosas le salían bien. “La entrenadora me apretó mucho pero cuando ganábamos, me reconocía el trabajo delante de las compañeras. Sabía que no era Maya Moore y no podía meter treinta puntos, aunque había asumido una responsabilidad que no estaba prevista para mí. Llegué allí sin hacer ruido, y de repente tuve mucha presión extra”.

Cuando logró el anillo, sintió que el karma le estaba devolviendo el esfuerzo. “Fue el momento cumbre de mi carrera porque siempre me había quedado a las puertas de títulos con mis clubes, y pensé que me estaba dando esa recompensa”. Tres días después de batir a Indiana en la final, Anna ya había pasado por España para abrazar a sus padres y se encontraba en Rusia para afrontar una nueva temporada.

Un año después, llegó la plata en los Juegos Olímpicos de Río y Anna sumó 26 meses sin parar. “No podía renunciar a oportunidades, a esa edad tienes que decir que sí a todo y ganar un nuevo anillo era una motivación suficiente”. La rodilla no aguantó, y tuvo que dejar de empalmar temporadas. “Es muy importante saber cuándo el cuerpo y la mente no dan más de más y necesitas parar. Yo siempre he buscado una vía de escape, otra cosa en la que pensar”.

 

Una Selección Española histórica

España llegó al Eurobasket 2011 con la experiencia previa de lograr la primera medalla en un Mundial, un bronce, y cinco jugadoras que acababan de lograr la Euroliga con el Perfumerías Avenida esa temporada. Silvia Domínguez, Alba Torrens, Marta Xargay, Anna Montañana, Sancho Lytte… figuras de un conjunto que pasó rápidamente de la gloria a la decepción, cuando no pasaron de cuartos de final en Polonia.

“El éxito posterior de la Selección vino por la gestión de ese fracaso. Ese Europeo nos destrozó, y nos dimos cuenta de que no éramos mejores que nadie y que teníamos que trabajar y luchar cada partido. No éramos súper estrellas como Estados Unidos, ninguna tenía un talento sobrenatural, lo que nos daba la lucha por las medallas era el trabajo diario y la confianza en el grupo”, dice. A partir de esa fecha, se colgaron siete medallas consecutivas.

Nada más comenzar 2021, a escasos meses de los Juegos Olímpicos de Tokio y de Eurobasket en Valencia, Anna Cruz sorprendía con su retirada de la Selección en una carta pública, donde manifestaba cansancio.

La decisión fue difícil por los retos que tenía por delante, pero sentía que no era el proceso que quería vivir ahora. “Llevo un tiempo en el que no estoy cómoda y no disfruto. Mi mejor baloncesto se da cuando estoy bien y cuando me siento con confianza y valorada. La decisión me cuesta mucho, pero pienso en el día a día y no me compensa sentirme mal y vivir el proceso con malestar y ansiedad. Para vivirlo así, prefiero no hacerlo”.

La trayectoria de esta generación está repleta de éxitos, y sin embargo tienen mucho más que pensar en el futuro. “Siempre le digo a mi hermano Sergi que si él hubiera sido el bueno, ya estaríamos todos retirados, pero ha tenido que ser el paquete de la familia”, bromea, recordando cómo ambos, mellizos, peleaban por el balón debajo de casa hasta que eran castigados.

 

“Me sorprende que me reconozcan niñas”

La trayectoria, el palmarés y la madurez emocional que tiene con 34 años llevan a Anna a tomar decisiones que le acercan a sus orígenes. “Me fui al extranjero porque me apetecía un cambio en la vida y volví a España porque estaba cansada de estar fuera”. Busca sus inicios, y recuerda su primera etapa profesional en Burgos, con 18 años, cuando acudía a la universidad la media hora que le permitía el entrenamiento. “Un día la profesora me llamó la atención, porque asistía a su clase de 09:00 a 09:30 y desaparecía”.

Su prioridad es seguir ligada al baloncesto de la manera más natural, y nunca se imagina en el deporte de élite como entrenadora o en otra faceta. Su sitio está donde se disfrute sin objetivos, por lo que automáticamente se visualiza como referente. “Mi prioridad ahora es dar mi mejor versión dentro y fuera de la pista. Después, me llenaría trabajar en la base, entrenando a niñas y captando talento. Cada vez hay más niñas que nos siguen, aunque me sigue sorprendiendo que me paren niñas y se quieran hacer una foto conmigo”.

 

Anna Cruz:

Ha jugado en UB Barça (2002-2005), Arranz Jopisa Burgos (2005-2008), Olesa-Espanyol (2008-2009), Rivas Ecópolis (2009-2013), Nadezhda Oremburgo, New York Liberty, Minnesota Lynx (2013-2016), Dynamo Kursk (2016-2017), Fenerbahçe (2017-2018), Kutxabank Araski AES (2018-2019) y Casademont Zaragoza (2020-2021).

Ha logrado: Copa de la Reina (2011 y 2013), WNBA (2015) y Euroliga (2016/2017).

Ha sido internacional con España en 158 partidos, logrando 1110 puntos (7 de media), 476 rebotes (3) y 310 asistencias (2).

Con la Selección Española ha ganado: 2009: Bronce Europeo | 2010: Bronce Mundial | 2013: Oro Europeo | 2014: Plata Mundial | 2015: Bronce Europeo | 2016: Plata Juegos Olímpicos Río | 2017: Oro Europeo | 2018: Bronce Mundial | 2019: Oro Europeo

 

Manen Hidalgo
newtral.es
foto: LOKOS X EL BALONCESTO FEMENINO