Marta Canella no podía dejar de llorar. Sus manos se cubrían la cara, con la mirada teñida en negro oscuridad. Una angustia inagotable. Una enorme tristeza. España acababa de perder con Japón (18-20) tras desperdiciar cinco puntos de ventaja y se quedaba sin opciones de estar en el primer torneo olímpico de baloncesto 3x3.


Todo tras una gran semana en el Preolímpico de la ciudad austriaca de Graz. Piedra a piedra, la jugadora baionesa y sus compañeras -Aitana Cuevas, Vega Gimeno y Sandra Ygueravide- fueron cimentando el edificio olímpico. Superaron la primera fase con una sola derrota -ante Suiza- y se metieron en la fase eliminatoria en busca de los tres billetes que se repartían para Tokio. La mecánica era simple. Superar un partido de cuartos de final y acceder a unas semifinales que dieron pie a una final atípica. Como los ganadores ya se garantizaban su presencia en los Juegos, no necesitaron jugar entre sí. Por ello, el partido definitivo era el de los perdedores. El tercer y cuarto puesto de toda la vida. El que le tocó jugar a España.

Y el que le tocó perder. Y con una crueldad casi extrema. Porque la selección española llegó a dominar a Japón por cinco puntos. Gana el que tiene más puntos si el cronómetro alcanza los 10 minutos o el que llega antes a 21. Canella y sus compañeras apostaron por la primera versión. Pero les salió peor que mal. Porque España ganaba de cinco puntos a falta de dos minutos. Tiempo que emplearon las niponas para reducir la ventaja y empatar para llevar el partido al tiempo extra. Justo antes de la última canasta japonesa, Cuevas anotó una bandeja que fue anulada por rebasar el límite de la posesión en apenas unas décimas de segundo. Se mascaba la tragedia. En la prórroga, ganaba el primero que metiera dos puntos y la selección buscó lograrlos de golpe con un tiro de tres, que en esta modalidad vale dos. Falló. Japón no lo hizo y las camisetas blancas de Canella y sus compañeras se convirtieron en un dique para la angustia que afloraba. Se consumaba el desastre.

Pero antes de llegar hasta ese nefasto final, el equipo español hubo de dar dos pasos. El primero, contra Australia en los cuartos de final (14-12). La baionesa aportó un punto en este encuentro.

El conjunto español ya estaba en semifinales. Tenía, pues, un 75% de posibilidades de estar en los juegos. También un 25% de no estar. Pequeño pero posible. Y tan posible. Porque el equipo de la miñorana no pudo con Estados Unidos en semifinales. Las americanas demostraron su superioridad y ganaron con un contundente 21-13 que garantizaba su presencia en los Juegos. Por el otro lado, Francia se deshacía de Japón. El tercer y cuarto puesto convertido en final estaba servido. Después también se sirvió el cóctel sobre la mesa ante la rocambolesca situación de que el anfitrión tuviese que pelear por una plaza en sus propios Juegos Olímpicos. Una contradicción con daños colaterales para España.

De esta manera, Estados Unidos, Francia y Japón se clasificaron en mujeres. Polonia, Holanda y Letonia fueron los mejores en hombres. El resto de las plazas, por ránking y una más para equipos sin presencia en el 5x5.

Borja Refojos
atlantico.net