Laia Palau fue la encargada de escribir el prólogo del libro ‘La revolución que nos enamoró’, el primer libro editado y publicado por Gigantes, sobre los 20 años de éxitos de la selección. Recuperamos íntegro su texto tras el anuncio de su retirada de la selección. Puedes adquirir aquí el libro

 

Sería justo y honesto remontarnos hasta, como mínimo, la invención de la rueda o la redonda, pero me han encargado sólo un prólogo y no una enciclopedia entera. Porque para entender dónde estamos hoy, hay que entender la historia. Yo puedo hablaros en primera persona de los últimos veinte años de esta Selección, pero sería imperdonable olvidar el camino recorrido. Hablamos de baloncesto femenino, sí.

Hablamos de penurias e incertidumbres como en cualquier comienzo de nada. Hablamos de chicas, jóvenes, mujeres correteando detrás de una pelota de cuero y avanzando más de lo que se creían. Y poco a poco, como todo en la vida, mejorar y crecer, y querer más. Más avances técnicos, más avances físicos, más cuidado en los procesos de formación, más educación y conciencia… O sea, bienvenidas a la evolución.

Me sería imposible hablar de todas y cada una de ellas con las que he compartido este proceso. Pero todas, imprescindibles. Las que estuvieron y las que entrenaron hasta el último momento. Las que soñaban con ello y las que animaban; las que metían y las que no tanto. Todas somos esa cadena.

Yo desembarco en 2001 pero no entro en la lista final para jugar ese Europeo, el primer bronce de los muchísimos que ganaría la Selección en posteriores citas continentales. No es hasta 2002 que me meto en el equipo y siempre diré que tuve mucha “suerte”: tres compañeras se lesionan justo antes del Mundial y se me da una oportunidad. Nos vamos a China en el año del polémico body, ¡menudo debut!

El siguiente verano es especial (¡como si no lo fueran todos!) pero es cierto que tenemos que jugar un Europeo clasificatorio para unos Juegos. Ganamos un bronce in extremis que nos clasifica para Atenas’04.

Juegos Olímpicos son palabras mayores. No olvidaré nunca ese primer desfile en la ceremonia de apertura. NUNCA.

El equipo empieza a competir con las hermanas mayores: las rusas, rubias y altas como criaturas de cuento; las checas todopoderosas en esos años; los equipos del Este que parecía que les daban de comer diferente que a nosotras… Se suceden muchos EuroBaskets donde el bronce se nos antoja nuestro color. Pero siempre digo que la Selección llegaba siempre al máximo de su capacidad.

Jugamos la primera final de un Europeo en Chieti. Perdemos. Pero parece que podemos aspirar a más.

Subcampeonas de Europa, volvemos a participar en unos Juegos. Pekín’08 nos consolida como equipo de casi arriba. Despliegue de medios asiático que nos deja un sabor de boca a diploma olímpico.

Llega nuestra primera medalla en un Mundial. Bronce, para no variar de metal, pero ya con sabor a grandeza. Después, la hecatombe del 2011 que nos deja fuera de Londres’12. Y la reconstrucción valiente que nos lleva al primer oro de esa generación de la que tengo la suerte de poder formar parte.

Releo lo que escribo y me dejo cosas (millares) y pienso que aún tengo que recordar todo lo que viene a partir de 2013: los oros continentales consecutivos e inesperados de los últimos veranos (2017 y 2019), la primera final Mundial (2014), la plata olímpica maravillosa (2016), el Mundial en casa (2018)… todo esto que hace de la Selección un equipo del que se pueda escribir un libro. Pero esto ya lo conocemos. Yo quiero que sepáis que detrás de las portadas y los flashes, las noticias y las imágenes brillantes, hay un equipo. Hay unas mujeres que pelean y que sufren, que se sienten privilegiadas, que quieren mejorar y quieren competir siempre, que se ríen y también lloran, que conviven con el dolor y la soledad a veces. Pero seguimos haciendo camino. Andamos hacia adelante. Y lo hacemos juntas. Ésta es nuestra revolución.

LAIA PALAU
Prólogo del libro "La revolución que nos enamoró"