El vigués reconoce que es duro ser seleccionador femenino de baloncesto y entrenador del Ekaterimburgo al mismo tiempo

 

—¿Cómo es la nueva vida del seleccionador español y entrenador de uno de los mejores clubes del mundo de baloncesto femenino?

—Dura en lo que se refiere al trabajo en sí, porque son muchas cosas. Estamos en plena temporada, que para nosotros en Ekaterimburgo es muy dura, porque estamos con la liga rusa, los partidos de Euroliga y los viajes y, al mismo tiempo, y cuando cogí la selección, había que preparar una convocatoria difícil con jugadoras importantes lesionadas y con el cambio generacional. Las cosas salieron bien, las jugadoras estuvieron de maravilla, muy concentradas desde el principio y el día a día fue muy placentero. Entrenar al equipo nacional de tu país no se puede comparar con otros trabajos.

—¿Por qué acepta ser seleccionador femenino español?

—Lo primero, no entraba en mis planes, porque cuando renové en Ekaterimburgo, en febrero pasado, no tenía en mente hacer dos trabajos porque el de Rusia es muy exigente, de mucha presión y de mucho lío por decirlo coloquialmente. Hacer las dos cosas, siendo la selección española la segunda del mundo en el ránking FIBA, supone un trabajo de máxima exigencia y, además, en un momento en donde jugadoras importantísimas en el equipo ya no están. De todas maneras creo que no se puede elegir; cuando los trenes pasan, hay que cogerlos. Creo que soy muy afortunado, aunque sea muy duro, de poder hacer las dos cosas.

—¿Qué se encontró en la selección?

—Me encontré con jugadoras con mucha predisposición a trabajar, todo el mundo muy consciente de que entramos en una nueva era. El quinteto titular campeón del Europeo anterior al de Valencia ya no está, entonces no es solo cambiar el equipo, sino cambiarlo todo. Incluso Astou Ndour, que es la quinta de ese equipo, no pudo venir porque estaba lesionada. Me encontré con jugadoras muy conscientes del cambio, de que había muy poco tiempo para trabajar, y creo que fuimos inteligentes en mantener cosas que ya tenía el equipo para hacerles más fácil a las jugadoras el cambio.

—¿Qué supone para usted ser el seleccionador?

—Para todos los entrenadores españoles es un orgullo. Ya sé que lo repito mucho pero, lo digo una vez más, soy muy afortunado de tener la posibilidad de entrenar al equipo de mi país y representarlo en las grandes citas. creo que es lo máximo para cualquier entrenador. Para mí, significa mucho, sé que estoy en un club top en el mundo y que entreno en estos últimos años a jugadoras de máximo nivel y esto no tiene nada que ver. La trascendencia que tiene la selección la notas desde el primer mes.

—¿Puso alguna objeción el Ekaterimburgo?

—Lo primero que hice fue hablar con ellos y solicitar permiso, porque mi contrato era 100 % a tiempo completo y quería su autorización antes de seguir adelante con las negociaciones. No solo me la dieron, sino que me animaron a hacerlo, que estaban orgullosos de que su entrenador estuviera en una de las mejores seleccione del mundo.

—¿Cómo se organiza para atender los dos frentes?

—Es mucho trabajo, debo decir que no calculé bien la trascendencia. Es verdad que las ventanas de partidos son en noviembre, febrero y el verano, pero el trabajo es diario. Ahora mismo, además de seguir y trabajar en la liga rusa y la Euroliga, diariamente sigo la liga española y las jugadoras españolas que juegan en equipos del extranjero. Tenemos jugadoras importantes en la liga francesa, en la checa, en Italia... Este trabajo de seguimiento, no solo a las que ahora están en la selección, sino ese grupo de 25 o 30 jugadoras, es mucho trabajo. Es cierto que tengo mucha ayuda, pero antes tenía más tiempo libre del que tengo ahora.

—Y todo teniendo en cuenta la exigencia que significa entrenar a un coloso como el Ekaterimburgo.

—Aquí estamos para ganar todo lo posible. La plantilla está al nivel de la exigencia y de esa presión de ganar partidos. No vamos a la guerra sin armas, pero es vedad que la presión es máxima y este año vuelve a ser difícil.

Miguel Méndez se encontró a su llegada con cuatro jugadoras gallegas en la órbita de la selección, aunque tres de ellas están lesionadas (Raquel Carrera, María Araújo y Tamara Abalde).

—¿Cómo ve a las gallegas en la órbita de la selección?

—Raquel (Carrera) y María (Araújo) están lesionadas. María, saliendo del túnel de la lesión, y Raquel ha pasado por quirófano por los problemas de menisco y le queda una recuperación por delante. Tamara (Abalde) no ha empezado todavía a jugar por esa lesión de hombro y (Paula) Ginzo está jugando muy bien, trabajando de manera excelente en Gernika, es una jugadora que seguimos, que ha estado con nosotras en el verano y forma parte de ese grupo de 24 jugadoras a seguir.

—¿Raquel Carrera será el nuevo fenómeno del baloncesto español?

—Lo que está haciendo Raquel es ir cumpliendo los pasos. Con las jugadoras jóvenes, hay que ser cautos y tener tranquilidad. A los 20 años, es una realidad, pero no podemos exigirle regularidad y más cosas de las que puede dar a esta edad. Empezamos a mirarla con la lupa de jugadora sénior. Antes, cuando tenía 17 o 18 años, todo el mundo hablaba muy bien de sus aciertos y pasaba un poco por encima de sus errores, y ahora mismo ya se le juzga con otra perspectiva. Está cumpliendo los pasos. Creo que ha hecho muy bien lo que es su carrera. Estuvo muy tranquila en el Celta mientras crecía, se ha ido a un club que ha apostado por ella con un contrato largo, el primer año estuvo cedida en un equipo en donde podía disputar minutos, la volvieron a traer a Valencia en el momento que tenía espacio y hueco. Es una chica con la justa medida de ambición y de humildad y creo que lo está haciendo muy bien, pero hay que tomarse todo con calma.

 

X.R. Castro
lavozdegalicia.es