Canadá limitará, al menos de forma metáforica, con España, ejerciendo el papel de frontera que defina si el equipo de Lucas Mondelo accede a la lucha por las medallas. Después de un sufrimiento tan inesperado como justo para llegar al decisivo cruce, repesca ante Senegal incluida, las españolas afrontan un emparejamiento al que llegar era una obligación, pero que las medirá con una de los equipos que mejor imagen ha dado en esta Copa el Mundo.

Sin embargo, esta España es diferente. No ha desarrollado, ni por asomo, el mejor juego del Mundial. Alguna de sus jugadoras referentes, como Alba Torrens o Silvia Domínguez, han llegado lejos de su mejor momento debido a los problemas físicos arrastrados durante la preparación y el banquillo no se ha mostrado todo lo resolutivo que sería de esperar, limitando la rotación efectiva del seleccionador a 8-9 jugadoras. Pero el carácter, como suele decirse, es innegociable. A base de esa entrega, personificada en jugadoras como Laura Nicholls, Laia Palau o Cristina Ouviña, España se sobrepuso a una pésima primera parte ante Puerto Rico para hacerse con el triunfo, se quedó a las puertas de la remontada ante Bélgica y sacó adelante el compromiso de octavos ante una Senegal que generó más problemas de lo previsto.

Mondelo apuntó que "el problema del equipo está siendo de reconocimiento; con los problemas que ha habido las jugadorsa no están teniendo la posibilidad de expresarse como ellas saben, y eso agobia y genera ansiedad. Hemos conseguido parar eso y ahora hay que dar un paso más", que pasaría por "entrar en el partido bien. Mantenernos, estar en el partido y que el equipo se sienta cómodo en la pista". En caso de un mal inicio, el seleccionador considera que "la confianza de Canadá aumentará progresivamente y nosotras empezaremos a tener dudas", concluyendo que "si el equipo gana estará siendo él mismo otra vez y pesará menos todo, y cuando pesa menos todo es más fácil volar".

Mirar hacia hipotéticos partidos ante Australia o Estados Unidos sería, aparte de una temeridad, una pretención tan baladí como inadecuada. Canadá llegaba al Mundial con la vitola de tapada, dando continuidad a la medalla de oro en la Americup el pasado año y, sobre todo, logrando por primera vez en muchos años desembarcar en un torneo con todas sus estrellas disponibles.

Las del país de la hoja de arce finalizaron primeras su grupo, superando con autoridad a Corea y Grecia y derrotando en el partido que definía el liderato a Francia, una de las selecciones más potentes del panorama mundial. En torno a una jugadora total como la alero de las New York Liberty de la WNBA Kia Nurse (segunda máxima anotadora del Mundial, sólo por detrás de Liz Cambage), que está promediando 19,7 puntos por encuentro con unos porcentajes brutales (55% en tiros de dos y 50% en triples), se articula un equipo intenso, fuerte y con una gran capacidad defensiva y reboteadora. Las interiores Natalie Achonwa y Nayo Raincock-Ekunwe conforman un dúo descomunal, tanto en puntos como en rebotes, en la pintura, con Miah-Marie Langlois dirigiendo con criterio la orquesta de la seleccionadora Lisa Thomaidis.

El público del Santiago Martín, como ya sucediera en el partido de octavos, volverá a ejercer un papel fundamental como sostén de una selección que buscará mantener vivo el sueño de tocar medalla en su Mundial.

Nacho Feliciano
foto: A. Gutiérrez
laopinion.es