España jugará esta noche la semifinal del Mundial ante Australia (21.00, Teledeporte) después de fundir a Canadá (53-68) en otro partido para la historia, coronado con un último cuarto de pasión y voracidad en el que las anfitrionas solo concedieron una canasta a su rival. La determinación de Queralt Casas y la efectividad de Astou Ndour impulsaron a un equipo camaleónico que cambió de piel para recuperar su esencia. “Nos hemos reencontrado con nuestra identidad de las grandes citas”, certificó la capitana Laia Palau.

La ausencia de Sancho Lyttle y los problemas físicos de jugadoras claves como Alba Torrens y Silvia Domínguez durante la fase de preparación modificaron el cuerpo y los quintetos del equipo español, pero no su alma y su carácter. Queralt Casas y Cristina Ouviña, que no estaban en la selección desde 2013, regresaron al grupo para este campeonato y emergieron en el día clave, el que marca la frontera de las medallas. En aquel 2013 comenzó la memorable secuencia de cinco podios consecutivos para un equipo de leyenda que hoy disputará las semifinales de un gran torneo por sexta vez consecutiva. “Estamos en el sitio adecuado, en el momento justo”, anunció Palau en la víspera. La mejor España apareció en el mejor momento. “Nos va la marcha. Hemos vuelto a ser las moscas cojoneras de siempre en defensa y hemos hecho uno de nuestros mejores partidos de cuartos de esta secuencia”, completó la capitana.

Canadá quedó convertida en un guiñapo en un último cuarto que resumió el carácter de la selección española. Con una defensa monumental, las jugadoras de Mondelo abrumaron a su rival y firmaron un parcial de 3-21 para ganarse el derecho de pelear por más gloria. “Nurse va a soñar con Queralt”, contó Mondelo para elogiar la defensa de Casas, una de las emigrantes del equipo, decisiva con 13 puntos, tres asistencias, tres robos y un puñado de pérdidas provocadas y tiros punteados.

Comenzó España con un triple de Torrens y un rebote poderoso de Nicholls pero, antes de poder marcar territorio, las de Mondelo perdieron el paso. Con un 1 de 10 en tiros de campo (solo mitigado por otro triple de Palau) y la sensación de agobio ante la secuencia anotadora de Canadá, las anfitrionas se marcharon entre escalofríos al tiempo muerto (14-6, m. 7). La reconstrucción surtió efecto de inmediato.

La segunda unidad sacó a España del diván con intensidad y carácter. Ouviña, Casas y Gil dieron varias vueltas de tuerca a la defensa y desataron el ataque de la selección para trasladar la presión al bando canadiense. Colley (10 puntos en el primer cuarto) se quedó seca ante el empuje de las rojas, que estiraron el parcial hasta un contundente 4-17 (18-23, m. 14).

Canadá llegaba sólida e invicta a la cita después de salvar la primera fase con holgura ante Grecia (81-50), Corea (82-63) y Francia (71-60). En su expediente, la condición de tercer equipo más anotador, solo por detrás de EE UU y Australia, y un protagonismo coral repartido entre Achonwa, Langlois, Raincock-Ekunwe y Nurse. Con esos argumentos lograron contener la embestida española y recomponer la figura. El partido llegó al descanso con la perspectiva de una noche larga y claustrofóbica en La Laguna.

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