No hay verano sin medalla, no hay torneo sin gloria para esta selección irrepetible. España coronó la Copa del Mundo de Tenerife con un bronce que alarga una era. Es la sexta presea consecutiva en grandes torneos, la tercera medalla mundial de su historia, todas consecutivas. La edad dorada del baloncesto femenino español no tiene fin.

La selección se tomó cumplida revancha de la pujante Bélgica en un partido en el que se sobrepuso al susto inicial, que dominó pese a la enormidad de Meesseman y al resurgir belga del último acto. Con Xargay, Torrens y Ndour como puntas de lanza, las chicas de Lucas Mondelo demostraron su competitividad sin fin. [Narración y estadísticas: 67-60]

España volvió a llegar tarde. Le ha ocurrido en todos los partidos del campeonato, menos el inaugural contra Japón. Un lastre que no siempre pudo levantar con su revolución. Todo lo contrario que Bélgica, que es de potentes despertares, casi siempre de más a menos. Y, sin embargo, nada tiene que ver esta España con la del martes, aunque no haya transcurrido ni una semana. El mazazo belga fue, también, una forma de espabilar. El 5-15 de salida esta vez no le hirió: en un abrir y cerrar de ojos respondió con un parcial (12-0) que era una declaración de intenciones.

El rebote ofensivo era oro puro. Tanto tiene que ver con el hambre. También resultó fundamental la aparición ofensiva de Marta Xargay, en su mejor noche del torneo, que se unía a la soltura de Astou Ndour. La selección se encontraba cómoda en la batalla en la que había convertido el duelo. Era esta vez Bélgica la incómoda, sin encontrar con facilidad a Meesseman, que es su filón en la pintura. Pero la tarde, al descanso era aún un melón sin abrir (32-27).
Al más alto nivel

"Un pasito mejor cada día", les pide Mondelo. Y así ha ocurrido en la Copa del Mundo, en la que España ha terminado en su nivel más alto. No le dio, por muy poco, para acabar con la Australia de Liz Cambage en semifinales, pero sí para vengarse de Bélgica. La distancia fue creciendo paulatinamente. A mitad del tercer acto (46-36), ya amenazaba con romper el choque. Sólo Meesseman por respuesta belga, sin noticias de Kim Mestdagh, Allemand o Vanloo, que han firmado una soberbio torneo.

Sólo hacía falta que Torrens se uniera a la fiesta. No han sido sus mejores días en la selección, referente absoluto de los últimos tiempos. Le lastraron los problemas físicos a la balear, que ni un paso atrás se concedió.

El bronce iba a tener sus dosis de intriga. Bélgica apeló al orgullo, bravía pese a que nunca había pisado en su historia semejantes alturas. Inauguró el acto definitivo con un parcial de 0-11 que provocaba escalofríos. Ahora las reservas de energía y épica también tenían mucho que decir. Ambos púgiles estaban al límite. Dos canastas de Nicholls, ambas desde cuatro metros, fueron un tesoro es semejante precipicio (64-58). Y el triple de Xargay a falta de 38 segundos, en una bella jugada llena de paciencia y precisión, fue la puntilla, el éxtasis del Santiago Martín, la merecida alegría de un equipo para el que no existen los imposibles.

Lucas Sáez-Bravo
elmundo.es