El Mundial de Tenerife quedará para la enciclopedia del baloncesto femenino español como una obra de orfebrería bañada en bronce. Las anfitrionas derrotaron a Bélgica en otro ejercicio de pasión (67-60) y alcanzaron la sexta medalla consecutiva de un grupo de leyenda, la 13ª en los 55 años de historia de la selección.

De nuevo penalizadas por el desacierto en el tiro, las pérdidas de balón y los desajustes defensivos, las jugadoras españolas firmaron otro comienzo a contrapié ante una Bélgica firme y dinámica. Ni la inclusión de Queralt Casas en el quinteto inicial, ni la posterior aparición de Ouviña y Cruz lograron atajar la brillante dirección de Allemand y el martillo de Meesseman (5-15, m. 7). Pero, como ante Canadá y Australia, España se agrandó ante la dificultad para construir un contundente propósito de enmienda sin caer en la depresión.

Redoblando la abnegación defensiva y seleccionando mejor los ataques, las anfitrionas firmaron un parcial de 10-0 antes del cierre del primer cuarto, con cuatro puntos de Torrens y sendos triples de Cruz y Ndour (15-15, m. 10). Atrapadas en el torbellino español, las belgas se pasaron cuatro minutos sin anotar mientras Ndour enderezaba el rumbo de su equipo ante una rotación más liviana de Bélgica. Regresaron Linskens y Meesseman para recuperar el terreno perdido en la pintura, pero Carpreaux no encontró el tiento de Allemand y, con el refuerzo de Silvia Domínguez —sin minutos en cuartos y semifinales—, España se hizo con los tiempos del partido (28-21, m. 17).

Intentó Allemand recuperar el libro de instrucciones, pero con el dominio reboteador de Nicholls (6 capturas al descanso; cinco en el segundo cuarto), los puntos de Xargay, la voracidad defensiva y el control del balón (solo una pérdida en el segundo acto), España llegó al descanso por delante en el marcador y en las sensaciones (32-27, m. 20). En ese tramo, Bélgica solo anotó cinco canastas y tan solo pudo lanzar una vez desde el triple.

Con el apoyo de la Reina doña Letizia, mezclada entre la afición en uno de los fondos del pabellón Santiago Martín junto al ministro de Cultura y Deporte, José Guirao, España salió dispuesta a romper el partido tras el entreacto. Con la hiperactividad de Ndour y Xargay, las campeonas de Europa estiraron la renta hasta los 10 de ventaja (46-36, m. 26) mientras Meesseman intentaba multiplicarse sin éxito. La intendencia belga quedó atajada por intensa rotación española.

Ouviña regresó a la pista con un triple monumental, Palau equilibró las cuotas de serenidad en la dirección y, mezclando pausa y vértigo, España se lanzó a agarrar el bronce (55-43, m. 30). Bélgica seguía atenazada en ataque, sin anotar desde el 6,75 y acumulando errores ante las manos rápidas de las españolas a las que solo les faltaba rematar la obra.

Sin embargo, apareció el vértigo en las anfitrionas. Lastradas por el desgaste intensivo y atenazadas por la ansiedad, las españolas concedieron un parcial de 0-11 que interrumpió Gil con una canasta crucial, justo cuando se acababa el oxígeno y la renta.

Torrens reclamó galones con su segundo triple y Palau recuperó un balón estratégico tras una pérdida en ataque. A Bélgica se le acababa el tiempo, pero España no controlaba los nervios. Meesseman agudizó el drama y apretó el marcador (60-58, a 2m 50s del final). Y ahí se agigantó Nicholls con dos lanzamientos laterales que liberaron a las españolas. Un robo de Palau a Meesseman y un triple de Xargay terminaron de desatar la apoteósis en La Laguna. El tesoro de la isla era una medalla de bronce que vale su peso en oro. La sexta consecutiva de un equipo de leyenda.

Faustino Sáez
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