España va camino de construir una relación indestructible con el podio. Un idilio continuo y ya casi eterno con las medallas. Y la de ayer fue una muestra más de este particular amor. Por sexta vez consecutiva la selección hispana logra una presea en una cita internacional, ya sean Juegos Olímpicos, Europeos o, como en esta ocasión, un Mundial. Un bronce que sabe casi a oro, tanto porque Estados Unidos partía ya casi fuera de concurso, como por haber rozado la final con la yema de los dedos, e incluso tras haber superado todas las vicisitudes, en forma de lesiones, generadas en la preparación mundialista.

Para darle más valor a esta tercera plaza planetaria, y ya olvidado el esfuerzo extra que supuso pasar por los octavos, España supo reponerse ayer de otro mal inicio, su peor seña de identidad en esta Copa del Mundo. Un arranque (5-15) que le obligó de nuevo a ir contracorriente y ofrecer su mejor versión para revertir una delicada situación. Ya luego las de Mondelo mordieron en cada acción defensiva (12 robos), hicieron mucho daño en el rebote ofensivo (11 al descanso) y tuvieron su mejor día del torneo desde el 6,75 (8/17). Pero sobre todo mostraron una enorme capacidad de sufrimiento cada vez que Bélgica amagó con meterse en partido. Esa facilidad para darlo todo hasta el último aliento fue, precisamente, el salvoconducto para alargar su idilio con el podio.

Fiel al estilo que ha pregonado en esta Copa el Mundo, España arrancó a medio gas y dubitativa. Con problemas para limitar la movilidad de Meesseman ni frenar las penetraciones de Allemand (0-6). Xargay rompió la sequía con un triple, pero fue solo un acierto esporádico, ya que ni con el tiempo de Mondelo la selección fue capaz de adaptarse a un arbitraje permisivo con las belgas en la zona, ni leer que era imposible mandar balones por arriba ante los largos brazos de Meesseman y Linskens. Con cinco pérdidas cometidas ya en seis minutos, varios errores en las marcas atrás, y con Bélgica moviendo el balón con libertad (seis asistencias) a las rojigualdas les volvía tocar remar? otra vez (5-15).

En un rol diferente al de encuentros anteriores, Alba Torrens ejerció de revulsivo saliendo desde el banco. Dos canastas de la alero dieron aire a España, que comenzó a correr más rápido hacia atrás y a defender con más mordiente. Sendos triples de Cruz (al filo de los 24) y de Ndour (tras una buena defensa) confirmaron la recuperación del combinado hispano, que incluso alargó su acelerón a los inicios del segundo acto (12-0 y 17-15 global).

Bélgica pareció reaccionar (19-21), pero las de Mondelo volvieron a apretar los dientes atrás y recurrir a la insistencia delante, toda vez que cada penetración era un ejercicio de sacrificio, a veces a la primera, pero la mayoría de ocasiones a la segunda y incluso a la tercera. Y es que España logró hasta ocho rechaces ofensivos en este segundo cuarto (11 al descanso frente a los 10 capturados en su aro). Eso le permitió paliar su pobre 8/27 en tiros de dos y de paso alargar su renta hasta los siete puntos (28-21 y 30-23).

Tras llegar cinco arriba la descanso España mantuvo la inercia en el arranque del tercer periodo, mordiendo atrás y disponiendo de segundas opciones (40-31), y si bien Bélgica amagó con volver apretar la contienda (40-36), las de Mondelo encadenaron unas cuantas buenas acciones (dos libres de Ndour, un robo y canasta de Palau, y un rebote defensivo culminado por Xargay) y llevaron su renta hasta la decena (46-36). Las flamencas volvieron a reaccionar (46-40), pero entre un triple de Ouviña, la aportación de Torrens (desde el libre y con un triple) y que la selección supo embarrar el partido atrás, la ventaja alcanzó los 12 (55-43).

El bronce, por resultado y sensaciones, parecía cercano, pero el inicio del cuarto periodo fue un calco de lo ocurrido contra Australia. España se colapsó delante y en su aro no fue capaz de contener ni a Kim Mestdagh ni a Meesseman. Malos tiros, pérdidas, sin noticias del rebote ofensivo y aparición de los nervios, como los de Ndour, objeto de una innecesaria técnica. Argumentos en los que se basó un 0-11 (55-54) que rompió Gil tras cinco minutos de sequía (57-54).

Superado el momento traumático, Torrens hizo creer de nuevo en la medalla con un triple nada más volver a pista (60-54), y aunque Bélgica comenzó a hacer daño en el rebote ofensivo, y Meesseman a anotar todo lo que le llegó a las manos (16 puntos en 17 minutos tras el descanso) para el 60-58 (37'). Ahí, Gil volvió a aportar su granito de arena con el tercer rebote ofensivo español tras el descanso, aunque fue Nicholls la que, con dos canastas seguidas desde cuatro metros, puso en bandeja la medalla. Una presea que terminó de certificar Palau con un robo y una asistencia que Xargay convertiría en el triple (67-60) del delirio absoluto de la grada y también del equipo español, que tras la decepción de semis acaba a lo grande otro campeonato internacional.

Carlos García
laopinion.es